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UCHOS de los que escribimos y leemos estas páginas, estamos en deuda con un excelente compañero y amigo de todos los que obran de buena fe y van con el corazón a flor de piel, como decía la antigua canción. Me refiero a MIGUEL MARTINEZ, mi querido compañero y mejor amigo del que me siento orgulloso y muy satisfecho de tenerlo entre mis prioridades amistosas. He tenido el placer de conocerlo personalmente, junto a su joven, guapa y simpática mujer, en una de las mesas del Café de Gijón, donde habíamos quedado citados, aprovechando su paso por Madrid de regreso a su Cataluña natal en uno de sus frecuentes y fascinantes viajes. Testigo excepcional y amigo común de este encuentro nuestro querido director y veterano compañero José Luis Navas.
Fue un momento inolvidable en estos años de rutinaria ociosidad carentes de experiencias. Hacía tiempo que no visitaba el local donde he pasado tantas tardes y noches buscando al personaje o sacando la noticia para el diario “Pueblo” y las publicaciones donde entonces intervenía. ¡Juventud divino tesoro que te vas para no volver…!. Él, lo recuerdo bien, se hallaba emocionado y satisfecho con nuestra entrevista y con el sitio elegido para la misma. No hay que olvidar que el Gijón, a pesar del paso de los años y el cambio de clientela, continúa siendo una especie de santuario de nuestro arte y cultura a todos los niveles. Allí acuden los que inician su aventura profesional sin más bagaje que una mochila más cargada de ilusiones y sueños que de necesarias realidades y los que ya consagrados y mimados por la vida, desean volver al escenario de sus difíciles principios y primeros pinitos vocacionales.
Su mujer, un encanto de criatura, dicho esto con los máximos respetos y debida compostura, asistía a la reunión y participaba en nuestras conversaciones y anécdotas, dando la evidente impresión de hallarse cómoda presidiendo la tertulia. Un matrimonio perfecto, bien avenido y modélico en todos los aspectos. Algo que no se puede disimular o camuflar. Me recordaba mucho al que comparto con mi mujer desde hace 48 años, en nuestros años jóvenes, cuando la vida parecía un camino bien asfaltado y fácilmente deslizable, y nos lanzábamos a recorrer países y rincones buscando la novedad donde dar rienda suelta a nuestro amor y un bonito y desconocido marco a nuestro mutuo enamoramiento. ¡Qué bonito es sentirse enamorado, compenetrado, enquistado en esa mujer que nos acompaña en lo bueno, nos consuela y alienta en lo malo y nos hace disfrutar con los pequeños, pero necesarios detalles que nos ofrece la vida!. Y Miguel y su mujer son un hermoso exponente de esa dualidad reducida a uno. Ama a esa mujer con todas tus fuerzas, querido amigo, acompáñala en todos sus momentos, los buenos y más especialmente en los malos, y demuéstrale que ella es para ti lo más importante que ha ocurrido en esta vida. Será la mejor siembra y semilla para disfrutar un futuro feliz y lleno de alicientes. Te lo digo por experiencia.
A Miguel no siempre le comprendemos y muchas veces le atacamos, unos lo hacen por ignorancia e inconsciencia, sin ánimos de ofenderle y otros por ese exacerbado radicalismo que anida en el corazón de los que no toleran ideas o comentarios ajenos a sus propias teorías, que creen son las únicas acertadas. Craso error por ambas partes. Yo que me precio de conocer bien a las personas, de algo debo presumir, sé que tenemos ante nosotros a un personaje excepcional, a un amigo de los de verdad y a una pluma siempre al servicio de la verdad, que puede que no sea la de otros, pero que él defiende con honestidad sin ánimos de injuriar u ofender al lector. Es un hombre íntegro en su pensar, reaccionar, hacer y comentar. Esa persona que una vez que se conoce jamás se olvida o pasa a un segundo plano entre nuestras preferencias.
Hablo con la sinceridad que Dios me ha concedido para que hable y escriba, no siempre con buenos resultados o beneficiosos criterios para mí. Pero en eso, en la fe y en confiar en la bondad del prójimo, he querido siempre parecerme a mi padre, mi eterna referencia y mayor orgullo y con ese defecto o virtud moriré cuando El que todo lo puede decida llamarme a su presencia. Y estaba en deuda con este excelente compañero tan vapuleado sin razón por los intransigentes de turno, al que su pureza de intención, su afán de no molestar u ofender y su certeza de que obra en todo momento con la razón que asiste a los seres privilegiados que no parecen de este mundo, no han logrado hacerlo desistir, retractarse, ni cambiar de orientación y de rumbo.
Él, catalán de pro, ama a su entrañable tierra catalana. Lo cual le honra y le distingue. Nadie debe renegar de sus ancestros, ni mucho menos atacar o consentir que se ataque a su tierra natal. A los que les parezca esto exagerado y nefasto, será porque ellos son tan mal nacidos que no sienten apego por ese trozo de suelo donde vieron la luz del sol y el soplo de la vida por primera vez. Se empeña y ello es muy loable, en deshacer los desafueros, tergiversaciones y calumnias que circulan por la prensa sobre le realidad de su amada Cataluña, intentando torcidamente acaparar el desprecio entre el resto de los españoles hacia una comunidad donde el que la visita para trabajo o placer encuentra los corazones de sus habitantes disponibles sin disimuladas hipocresías y las puertas abiertas de par en par para los que han ido de buena fe. Soy testigo de ello y tengo certeras experiencias familiares. No quiero renunciar tampoco al origen catalán de mi apellido y a esos ancestros que partiendo de su cuna tarraconense emigraron a Andalucía para formar una nueva rama que ya es árbol frondoso y centenario. Tengo el privilegio de que un pueblo de esta provincia lleve mi apellido, para mayor gloria y satisfacción.
Sé que Miguel es hombre recio y acostumbrado a los avatares de la vida. Forjado a base de ese continuo martillar del yunque de las dificultades y esfuerzos que van modelando nuestras vidas. Y sé que, por mucho que lo intenten, siempre saldrá ileso y no perderá la sonrisa de su cara y la bondad de su corazón. Ésa es su virtud y su fortaleza.
No sé si alguna vez, habré podido ofenderlo con mis comentarios o artículos, pero puedo asegurar y hasta jurar que no iba mi intención en ese camino. Sabe que soy un incondicional suyo y a los muchos beneficios que debo a estas páginas desde que inicié mi colaboración en las mismas, uno de los mayores es haberlo encontrado y saberme su amigo, por encima del debido compañerismo.