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Época II - Año XIV
Edición Nº 4126
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  Contraportada 24/11/2011
¿Deberá Rajoy rodearse de tecnócratas como en Italia?
Pascual Tamburri (Elsemanaldigital.com)
 
L A crisis económica italiana enlaza con la institucional. ¿Es bueno que los poderes fuertes y multinacionales decidan más que los votos de la gente? ¿Resistirá Rajoy algo así?

La retirada de Silvio Berlusconi de la presidencia del Gobierno italiano se ha sumado, en el plazo de muy pocas semanas, a la lista de cambios políticos en el espacio mediterráneo. Es cierto que en Italia no ha habido la violencia pública de Túnez, de Egipto o de Libia, pero el cambio ha sido igualmente drástico, inesperado y "políticamente correcto" (desde el punto de vista occidentalista), y ha carecido igualmente de apoyo democrático, al menos directo y popular.

Sin embargo, y aunque supone un cambio político profundo, el Partido Popular de Mariano Rajoy accede al poder con el apoyo de las urnas. El poder de Rajoy nace de una mayoría popular y de un ejercicio libérrimo de la soberanía nacional. Es verdad, como dice Alfonso Merlos, que ante semejante crisis, "Rajoy ni va a poder con todo ni va a poder solo", y necesitará el apoyo de todos los patriotas de España. Tras el fracaso de los profesionales mediocres de un lado, resultaría escasamente atractivo llamar a los del otro. Lo peor, por supuesto, son los personajes que ni pueden presumir de la calidad de un profesional político ni son verdaderos técnicos. Enredadores y trepas de la política que presumen cosas en las que la brillantez no les caracteriza. ¡Hay tantos!

Cuando la izquierda… prefiere menos democracia

Así pues, ¿qué pide la izquierda? Tanto en Italia de un modo como en los países árabes de otro, aplauden la entrega del poder a equipos como el de Mario Monti, que según el doctor Javier Tajadura es "uno de los mejores gobiernos que ha tenido en toda su historia" (Diario de Navarra, 20 de noviembre de 2011). Un embajador en Exteriores, un gobernador en Interior, un economista del Estado en Economía, un rector en Educación, otro en Cultura, un abogado del Estado en Justicia, un almirante en Defensa, dos funcionarios de alto nivel en Agricultura y Medio Ambiente. Y ningún político profesional en ninguna parte.

Aparentemente, lo que se ha hecho en Italia satisface las aspiraciones más tradicionales… de la derecha más clásica: técnicos altamente cualificados al frente del Estado, y los políticos elegidos se apartan, se callan o se someten. Al fin y al cabo, es lo que pedía al comienzo de su Dictadura don Miguel Primo de Rivera, apelando el 13 de septiembre de 1923 a "cuantos amando la Patria no ven para ella otra salvación que liberarla de los profesionales de la política, de los hombres que por una razón u otra nos ofrecen el cuadro de desdichas e inmoralidades que empezaron el año 98 y amenazan a España con un próximo fin trágico y deshonroso".

¿Técnicos frente a políticos?

Tras el 20 N circula también por España, al menos por la España progre, la tentación montiana: exigir de Rajoy un "Gobierno de concentración", un consenso con el PSOE en las políticas e incluso en la selección de ministros y gobernantes aceptables para todos, y en especial no caracterizados por sus principios conservadores y sí por su sumisión a las órdenes de Bruselas, de Nueva York, de Frankfurt, y como diría alguno, de los grandes poderes mundiales, financieros, bancarios o por cualquier concepto marcados por la escuadra y el compás.

Es verdad que los españoles están hartos, muy hartos, de los políticos profesionales y de sus políticas mediocres, corruptas y demás. Eso nos han dado Zapatero y el PSOE. Pero ojo, seamos justos: si a Zapatero, en nombre de su mayoría democrática relativa, se le dejó aplicar sus políticas, y si con él las críticas a los malos políticos se descalificaban como antidemocráticas, no se puede exigir a Rajoy, que además tiene mayoría absoluta (y razón, pero eso sería motivo de otra conversación), que renuncie a gobernar libremente.

Es escasamente democrático que desde los mismos foros que se aplaudió la libertad vocinglera de Zapatero se aplauda también la imposición de un Gobierno sólo formalmente democrático en Italia y se pretenda además la exportación de tal modelo a España… para que el centroderecha no Gobierne con sus personas y su programa. Si es verdad que los políticos profesionales de la izquierda han resultado un desastre, otros de sus políticos no han sido desastrosos por incompetentes, sino porque las políticas de la izquierda eran espantosas en sí mismas. Apelar a los técnicos sería una solución, pero otra verdaderamente democrática sería dejar a Rajoy que gobernase con sus personas y con sus políticas, exigiéndole eso sí que elija los nombres y los pasos pensando con patriotismo y no con el sectarismo que la izquierda –la que apoyó a Zapatero y hoy recela de él- ya nos ha enseñado. Lo que sobra, venga de donde venga, son ineptos, trepas y gentuza.

Por qué no importar la tecnocracia

¿Es mala la tecnocracia? Yo no dudo de la brillantez de Corrado Passera, Elsa Fornero, el profesor Gnudi, Francesco Profumo, Piero Giarda, Lorenzo Ornaghi, Paola Severino, el almirante Giampaolo Di Paola, Anna Maria Cancellieri, el embajador Giulio Terzi di Sant´Agata, Mario Catania, Corrado Clini, Renato Balduzzi o el mismo Mario Monti. Sin duda son técnicamente mucho más capaces que cualquier equipo que hayan reunido aquí José Luis Rodríguez Zapatero o Felipe González. Pero no han sido elegidos por el pueblo, y sólo a la fuerza por las Cámaras; y no han sido elegidos sólo por su capacidad, aunque la tengan, sino por su servicio político a quienes hoy no tienen la mayoría popular, los Rosy Bindi, Lamberto Dini, Romano Prodi, Massimo D´Alema y Giuliano Amato, con la bendición desde la presidencia de la República del excomunista Giorgio Napolitano, y de todos los poderes fuertes ademocráticos, más de los extranjeros que de los italianos.

¿Es la tecnocracia la única alternativa a la ruina? Es sólo una de ellas, pero no la mejor, y desde luego no la más democrática, suponiendo que tenga algo de democrático. Es curioso que coincidan en el gusto por la tecnocracia –la misma del franquismo tardío- la izquierda de las ideas y la derecha de la finanza. Mariano Rajoy representa otra España, y su victoria implica, como dice Luis Miguez, un cambio de época. Tiene derecho, y quizá deber, de gobernar sin límites que no surgen de la misma nación.
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