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Época II - Año XIV
Edición Nº 4126
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  Contraportada 20/04/2012
EL QUIJOTE SIGUE CABALGANDO, PERO SIN SANCHO
Félix Arbolí
 
A RGENTINA ha expropiado a Repsol, como ya han hecho otros países hispanoamericanos con empresas y bancos españoles. Lo de “Madre Patria” y demás florituras han quedado como vestigios de un pasado absurdo y ramplón, a juicio de muchos. La realidad es que tras una época de dulce y emotiva convivencia entre pueblos y gobiernos con la antigua “metrópolis”, se ha llegado a un distanciamiento y revanchismo actual, como si pretendieran echarnos en cara y vengarse de que fuéramos sus descubridores y colonizadores y les hayamos dejado nuestra sangre, lengua y cultura para entrar en un mundo tan diferente como lleno de inconvenientes. Por lo visto, hay quienes echan de menos sus ancestrales costumbres y ven en nuestra civilización, que ahora es también la suya, el origen de todos sus males. Y puede que no les falte razón. En realidad y como están las cosas, cuando veo en el canal de Historia la vida y costumbres de algunas tribus y pueblos que viven aislados en esas impenetrables selvas y no han aún sido visitados, ni “culturizados”, por el blanco “redentor”, siento envidia de su manera de vivir tan sencilla y feliz, libes del culto al dinero y a los problemas que éste genera.

Reconozco que no me refiero a que éste sea el sentir general de todos los que pueblan esas enormes extensiones, pero advierto que cada vez se hacen más ostensibles estas demostraciones de rencor e indiferencia entre muchos de los que llevan nuestros apellidos, sienten correr por sus venas nuestra sangre, hablan nuestra lengua y rezan al mismo Dios. Es como si la labor de España más allá del Atlántico, fuera un acto exclusivo de rapiña y dominación, al más puro estilo anglosajón. Ni hubo reservas para las indígenas, ni exterminio masivo de los mismos, como puede comprobarse en las actuales y numerosas poblaciones originarias. Cuestión que en la América del Norte no se realizó y las diferentes tribus “indias” que la poblaban han quedado convertidas en meros testimonios a extinguir.

No pretendo decir que allá fueron santos y abnegados paladines. Había que estar muy loco para embarcarse en esas “cáscaras de cocos”, recorrer enormes distancias a través de un mar tenebroso del que se contaban los más espeluznantes relatos y enfrentarse a una tierra desconocida y a toda clase de peligros y belicosos salvajes, para no buscar un beneficio a su arriesgada misión. Puede que esa fuera el objetivo de una mayoría, pero también hubo misioneros e idealistas a los que impulsaron metas más nobles y abnegadas. Y hay que reconocer que fue una empresa épica, dadas sus características. Nuestros conquistadores tuvieron que exponerse a duras travesías, muy penosos recorrido por una tierra inhóspita y llena de incertidumbres y peligros que acechaban en todas partes y a frecuentes actos de cruentos salvajismos y hasta canibalismos. Postura lógica en pueblos que se veían invadidos y acosados por esos intrusos barbudos, de tan raras apariencias al estar subidos sobre esos animales tan altos y desconocidos y portadoras de extraños artilugios que escupían fuego y hacían temblar a la tierra con su potente fragor. Las escenas nos las podemos figurar, debieron ser dantescas y espeluznantes en muchos de sus episodios. Y ante esos actos de arrojo y jugarse la vida en cada recodo, montaña o travesía de río, hay que descubrirse y admirarlos. España descubrió América, pero no fue un regalo, sino meses, años y siglos de constante superación, esfuerzo y valor. Luego, cuando el camino ya estaba abierto y se sabía más o menos lo que se iban a encontrar, llegaron los ingleses, franceses, holandeses y demás “eses” que se establecieron allá y algunos no se han ido todavía y siguen explotando sus riquezas.

España actualmente, pierde hasta lo que invierte legalmente, porque es muy cómodo, dejar que se establezcan filiales bancarias, con el desembolso que ello supone, se constituyan empresas costosas y difíciles de mantener hasta que se hacen rentables y se busquen y encuentren riquezas energéticas, que ellos son incapaces de realizar por sí mismos, para que cuando todas estén en perfecto funcionamiento y rendimiento, expropiarlas por decreto y aquí no ha pasado nada. No quiero generalizar, ya que no todos los países tienen el mismo proceder, ni todos sus habitantes, como nos pasa a nosotros, están de acuerdo con sus gobernantes. En todas las reglas hay excepciones.

Pienso que las riquezas y recursos naturales deben ser en primer lugar para el país que los posee. Pero, en ese caso, no debemos dejar que los de fuera se inmiscuyan en nuestros asuntos y menos que arriesguen su dinero en nuestras cosas. Si lo permitimos, hemos de aceptar las consecuencias y no obligar a los pasajeros a bajar del tren cuando ya está en marcha y a medio camino, después de haberles ofrecido la garantía de un viaje sin problemas. Ahora bien, también tiene mucha culpa nuestros inversores al arriesgar esas ingentes cantidades de dinero en gobernantes y países que no son de fiar. Ya llueve sobre mojado y nadie se atreve a abrir el paraguas y refugiarse en un lugar más seguro.

Si en lugar de tanta inversión foránea la hicieran de fronteras para adentro, otro gallo nos estaría cantando. Resulta que tenemos petróleo en aguas territoriales españolas, a unos sesenta kilómetros de la costa de la ísla canaria de Lanzarote. Según los entendidos podría suponer una producción de cien mil barriles de crudo diarios y el diez por ciento de nuestro consumo total. El gobierno de la comunidad regional, se opone a que se extraiga este petróleo para no dañar al ambiente y perjudicar el turismo. Una excusa nada válida cuando se trata de una riqueza energética tan necesaria y costosa para toda la nación. ¿A qué esperamos para que Repsol u otra empresa con capital español, realice las debidas prospecciones?. Se habla incluso que el presidente regional ha ido a hablar con el rey de Marruecos sobre el asunto. ¿Es que acaso este señor tiene atribuciones para tratar con jefes de Estados extranjeros, como si esas íslas fueran una herencia familiar?. Y el gobierno central callado, mientras se hacen las extracciones en países extraños, que al parecer, no inspiran mucha confianza.

Hemos desmantelados astilleros que antes recibían sustanciosos encargos de otros países, ante la garantía y el buen hacer de nuestros buques y otras embarcaciones. Hemos cerrado y vendido fábricas y marcas de coches que ya tenían prestigio y despertaban confianza en el plano internacional y estamos disminuyendo continuamente nuestros recursos agrícolas y ganaderos, según las órdenes emanadas de la Unión Europea y de ser una potencia industrial nos hemos convertido en un país de segunda categoría en el entramado europeo. Para colmo hasta Marruecos, que no es de la UE, nos hace una ruinosa competencia, autorizada por nuestros “aliados comunitarios”, con sus tomates y otros productos de peor calidad y menor precio. Pero nadie dice nada. Somos el último de la fila o el primero entre los ninguneados. Y nuestros gobernantes y políticos, mutis por el foro. Como máximo, simulando enfrentamientos en el Congreso para justificar ante el pueblo lo mucho que perciben y lo poco que se “mojan”.