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Época II - Año XIV
Edición Nº 4189
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  Contraportada 25/09/2012
El adiós de Aguirre impulsa a Cospedal en la fotografía del Poder
Antonio Martín Beaumont (Elsemanaldigital.com)
 
C UANDO Esperanza Aguirre la telefoneó para ponerle al corriente de su adiós, quizá María Dolores de Cospedal echó la vista atrás a aquel 2008 de la "dulce derrota" del PP. Aquellos meses cuando la ahora dimisionaria presidenta de la Comunidad de Madrid llegó a entornar el famoso "no me resigno", para luego dar un paso atrás y no ir a por todas en la lucha por una candidatura alternativa a Mariano Rajoy en el Congreso Nacional de Valencia. Cuatro años más tarde, pudo poner a prueba al hoy presidente del Gobierno, esta vez en su exigencia de una revisión del modelo de financiación autonómica (a la postre, para muchos, supuso la puntilla para su marcha). Pero no lo hizo.

La marcha de Aguirre convertirá esta misma semana a su fiel escudero, Ignacio González, en el nuevo inquilino de la Casa de Correos en la Puerta de Sol. Lo cierto es que González ha demostrado ser más aguirrista que la propia Esperanza. Eso dicen quienes le conocen más de cerca. No por nada ha acumulado tanto mando en plaza como su "jefa" ha querido que acumule y ha demostrado ser un leal apoyo. Ahora bien, está todavía por ver si González acapara todo el poder de Aguirre. El PP de Madrid es vital para el proyecto de Rajoy y su cabeza visible debe reunir el mayor consenso en torno a su figura para hacerse con el control de una de las organizaciones territoriales más fuertes. La última palabra la tiene la secretaria general.

María Dolores de Cospedal sabe que Mariano Rajoy sólo quiere la estabilidad de las siglas para evitar una imagen de división en una de las plazas más importantes. Cospedal ha mantenido días atrás un buen número de contactos con dirigentes madrileños para evaluar la solidez del terreno que pisa. La prioridad, remachan desde la sede de Génova, es garantizar la paz interna de la marca. Por eso mismo, María Dolores de Cospedal descarta ahora mismo abrir el melón sucesorio de Esperanza Aguirre en el partido por medio de un congreso, tal y como reclamó Ana Botella. El plan pasa por un recambio a través de la Junta Directiva Regional, cuando Aguirre decida decir adiós a su cargo en el partido, lo cual finalmente colocaría a Ignacio González como el incontestable nuevo jefe de filas. Sus apoyos cantan.

Ese es uno de los escasos datos ciertos con los que los cargos populares deben contar a la hora de hacer sus previsiones de cara al futuro inmediato. Existe por añadidura una clave interna a no despreciar. Fue Cospedal la que dio el visto bueno al regreso de González al Comité Ejecutivo Nacional en el Congreso de Sevilla. Y, precisamente, aquel gesto podría revertir en beneficio de la secretaria general en una futurible pugna por la sucesión del propio Rajoy. ¿Acaso tendría Ignacio González dudas en respaldar a María Dolores de Cospedal frente a unas hipotéticas aspiraciones de Alberto Ruiz-Gallardón, cuyos compañeros por cierto no le dan credibilidad cuando sostiene que su carrera terminará como ministro de Justicia?

En la recámara se mantiene Alberto Núñez Feijoo. En función de los resultados que obtenga el gallego en las autonómicas del 21 de Octubre, habrá que prepararse para verle subir de nuevo como la espuma en las previsiones de los dirigentes del partido. De ahí que Cospedal, por mucho afecto que tenga a Aguirre, sea lo suficientemente hábil como para ver en González una ventaja antes que un inconveniente, igual que supo transformar en oportunidad la salida de Javier Arenas de la presidencia del partido en Andalucía al apoyar a Juan Ignacio Zoido. Hasta el valenciano Alberto Fabra le estará eternamente agradecido por apoyarle ante la marcha de Francisco Camps y, más recientemente, manifestarle su sostén hace dos semanas en la inauguración del curso de los populares de la región. La presencia de Cospedal en la cena supuso recuperar la normalidad de las relaciones entre ambas direcciones.

Bajo la batuta de María Dolores de Cospedal, qué duda cabe, el proceso de renovación en las cúpulas territoriales del PP ha resultado incuestionable. Apenas quedan Juan Vicente Herrera en Castilla y León, Pedro Sanz en La Rioja o Luis Ramón Valcárcel a espera de recambio. Al margen de su capacidad política de la que nadie duda, ella goza de una gran ventaja: Mariano Rajoy ha delegado totalmente en la número dos los mandos del partido. Rajoy se apoya en Cospedal.

En un escenario sucesorio, la alternativa de Cospedal no daría pie siquiera a la duda. Ya supo aprovechar la salida hacia el Gobierno de un gran número de altos cargos --Soraya Sáenz de Santamaría, Ana Mato, Cristóbal Montoro, Ana Pastor, Miguel Arias Cañete, el propio Ruiz-Gallardón…-- para ascender en el aparato a gente de su total confianza. Entre ellos, hay políticos que estuvieron a punto de quedarse fuera de las listas para las pasadas elecciones generales pero al final lograron un escaño gracias a la secretaria general. El Partido Popular es hoy el resultante de un equipo a imagen y semejanza de María Dolores de Cospedal.

La secretaria general ha tejido la red de un liderazgo sólido y, a ojos de muchos, más próximo al recambio que al cambio del PP. A partir de ahí, la estrategia de Cospedal se resume en trabajar sin desfallecer y, sobre todo, partirse la cara por el presidente del Gobierno con toques a rebato, agitación de voluntades y llamadas a la necesidad de concentrar esfuerzos. Casi nada.
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