Suscribete al resumen de prensa Recomienda la página a un amigo
Época II - Año XIV
Edición Nº 4189
Vistazoalaprensa.com
Agregar a favoritos
Página de inicio

Imprimir
Diario digital en español: Prensa, confidenciales, artículos recomendados, firmas invitadas y mucho más...
 
 lunes, 22 de septiembre de 2014 ESPAÑA
Sumario
Cartas al Director
Prensa
Artículos
Firmas invitadas
Contraportada
Encuesta
Foro
Medios
Postales
Libro de visitas
Buscanoticias
Enlázanos
Servicios
Buscador
Tiempo
Loterías
Euroconversor
Once
Callejero
Carreteras
Pags. Blancas
Ocio
Reflexiones
Humor
TV online
Cine
Teatro
Salud
Radio online
Consciencia
Informática
Montañismo
Encuesta
¿Va Rajoy por el buen camino?
 
  No
  No sé
  Haz click para votar
   
  Contraportada 27/09/2012
El fracaso liberal
Eduardo Arroyo (Elsemanaldigital.com)
 
L A reunión Mas-Rajoy ha encendido las alarmas en lo que a la autenticidad y viabilidad de la nación española se refiere. He leído cosas al respecto en lugares distantes y distintos

Por desgracia, tras unos cuantos artículos recogidos de aquí y acullá, uno tiene la percepción de estar como leyendo siempre lo mismo. Finalmente, he caído en que muchos tenemos una visión radicalmente diferente de lo que se juega aquí. ¿Qué quiero decir? Pues que, no los catalanes, sino Artur Mas y sus acólitos, un partido "nacionalista" al estilo del PNV o Bildu por un lado, y por otro lado la concepción que de España tiene el régimen constitucional son quienes concurren aquí al debate. En lo que a mí respecta, ambas perspectivas no solo han fracasado sino que están en la raíz de los problemas y de las convulsiones sociales con las que cada vez convivimos más a menudo.

Esto ya lo dijimos la semana pasada: CiU, ERC u ICV han sido parte activa de la decadencia abierta de la sociedad catalana en asuntos sobre los que casi nadie habla, como la inmigración masiva, el invierno demográfico, la destrucción de los derechos laborales más elementales, la progresiva materialización del sentido de la vida, el nihilismo de la juventud y sus consecuencias, etc. Nada que añadir, salvo que si a catalanes ilustres como Valentí Almirall, Josep Torras i Bages, Enric Prat de la Riba o el ninguneado –quizás por ser el cerebro más portentoso del XIX español- Jaume Balmes, se les mostrara en qué se ha convertido Cataluña a fecha de hoy todos se morirían ipso facto de pura vergüenza. Pese a ello, los mismos partidos que, con su hacer político, han impulsado en Cataluña una situación que en nada difiere de la crisis de Occidente en general, apelan por otro lado a la preservación de unas señas de identidad que –pásmense- finalmente parecen reducirse a dinero contante y sonante, aunque se encierre en la fórmula más retórica de "pacto fiscal".

Pero lo preocupante es lo del otro lado, y esto constituye el asunto central de este artículo: el fracaso de aquellos que ahora se quejan de que la misma nación Española se ponga en duda; es decir, el fracaso liberal. Porque ha sido precisamente una concepción liberal la que ha impulsado el concepto de "nación" como el de una mera suma de asociados por una cuestión de intereses. Para ellos, mi connacional es el que comparte conmigo unos "valores" reflejados en la constitución española; de ahí el ya conocido "patriotismo constitucional". Esta idea, en el fondo vacía, sin conexión alguna con la realidad humana desde que el mundo da vueltas, ha sido impulsada en los principales foros ideológicos por reputados "expertos" que se han llenado la boca denostando las "identidades" en clave de "tribu".

El resultado es que al final, gente como Fernando Savater, Aleix Vidal Quadras o los gurús de FAES, por citar solo algunos ejemplos, han hecho a su gusto una España constitucional de ciudadanos, basada en el pacto de intereses contrapuestos. Cualquier otra cosa les hubiera parecido una monstruosidad "identitaria", capaz de conducirnos a los abismos de mil genocidios. Esta creencia es, naturalmente, una petición de principio. Pero además es que el problema de las construcciones en base a intereses es que éstos pueden dejar de serlo, de manera que si las cosas van efectivamente mal, esos mismos otrora interesados ahora pueden dejar de serlo. Esa es la estrategia de Mas y sus colegas: con unos cuantos datos aderezados a la conveniencia del partido, es lógico que en una sociedad contractual la solidaridad esté a un paso de ser "expolio", como lo sería que cualquiera de nosotros diera la mitad de su sueldo, de manera obligatoria, a un asilo de huérfanos.

Hay otro inconveniente añadido: este tipo de perspectivas no tienen el menor atractivo frente a la pulsión identitaria natural del ser humano. Frente a lo que explicaban los citados gurus de más arriba, no tiene por qué ser forzosamente malo que los seres humanos se sientan ubicados en unas señas de identidad de tipo religioso, cultural, histórico, étnico, etc. Lo contrario es un grave error que ha llevado a la nación española desde un progresivo vaciamiento, a una momificación que ha sustituido nuestra alma por un burdo armazón legalista.

Es cierto que los nacionalistas periféricos se hallan presos de la contradicción de defender una identidad imaginaria con las armas, esencialmente anti-identitarias, que proporciona el pensamiento globalizador. CiU o Bildu son dos ejemplos de ello.

Sin embargo la defensa de la nación española se ha realizado en base a una sustitución de nuestra identidad colectiva multisecular, por la mera adhesión a los "valores constitucionales". Esto no equivale más que a una verdadera desnacionalización y eso es por lo que los nacionalistas periféricos son tan fuertes: al menos ellos reivindican, aunque de manera aberrante y contradictoria, la existencia de unas señas de identidad propias. Como este tipo de actitudes cuadra con la adhesión a la ley, al menos por ahora, los "constitucionalistas" les han dejado hacer durante más de tres décadas. Para ellos no hay verdades o mentiras sino actitudes legales o no y por eso era natural que no hicieran absolutamente nada.

Y es que, desde hace muchos años, los liberales no han entendido que la vida humana no se hace en torno a pactos de egoísmos contrapuestos sino en torno a comunidades que nacen tanto de la aspiración común a un estadio superior como de la renuncia. Del mismo modo que una mujer no pacta con su marido para formar una familia, sino que ambos integran una comunidad superior a cada uno de sus componentes, la nación es una comunidad gestada a través de siglos de historia, que integra a sus componentes diversos. Esto no puede cambiarse con la simple adhesión legal o nominal a ciertos valores de tipo cosmopolita, por mucho que interesen a la estrategia del capital globalizador. Pero la comunidad requiere recordar permanentemente lo que somos, es decir, nuestra identidad.

Resumiendo, lo que estamos presenciando estos días, ese avance teóricamente imparable de la descomposición de España, es la consecuencia de la desnacionalización, durante los últimos treinta años, de nuestro país, en el altar del mercado, un lugar donde solo cuentan los ingresos y los pagos, el "bienestar" y la renta per cápita. Por eso, en el fondo Mas habla de independencia en catalán y Rajoy apela al ordenamiento constitucional en castellano y ya está. Pero esencialmente no hablan un lenguaje tan distinto. Así que ni Mas sacará a Cataluña de ninguna crisis ni Rajoy salvará a España de nada que no espere a cualquiera de las demás naciones occidentales, todas ellas aquejadas de los mismos males. Es hora de decirle a España entera lo que somos, lo que fuimos y a lo que podemos aspirar, que no es, naturalmente, solo un lugar que promete jugosos beneficios a los "inversores".

Más bien, somos un país nacido hace más de mil años, con espíritu de conquista, de audacia y de sumisión ante Dios. España, proa de la Cristiandad, no puede acabar, desde luego, asesinada a manos de unos mercachifles y, por ello, retomar la pasión por lo que fuimos-somos es quizás lo único que pueda a estas alturas despertar los ecos capaces de hacer reverdecer el tronco común de la civilización occidental.
approval payday loan