Firmas Invitadas - Edición Nº 2
Semana del 16/03/2002
MI IDAHO PRIVADO
Marta Rivera de la Cruz
Y
O no conozco Idaho. Tengo sólo una vaga idea de la ubicación del estado, unas cuantas referencias seguramente erróneas sobre su geografía, y media docena de datos sin orden ni concierto que me ayudan a imaginar un lugar perdido para mí en un punto remoto de los Estados Unidos. Ahora, el senado de Idaho acaba de reconocer oficialmente el derecho a la autodeterminación del pueblo vasco, y yo me pregunto si los votantes de la moción presentada y promovida por el ubicuo Pete Cenarrusa (secretario de Estado de Idaho y descendiente de emigrantes vascos) tienen alguna idea sobre en qué consiste eso de la autodeterminación. Es más, me pregunto si saben exactamente qué es el pueblo vasco. Más aún, si serían capaces de localizar en un mapa el mismo pueblo que, moción por delante, pretenden liberar de un supuesto yugo.
Ustedes piensen lo que quieran, pero como me conozco el percal (el percal americano, claro) me da la sensación de que el señor Cenarrusa ha metido a los suyos, honrados ciudadanos de Idaho, un gol por la escuadra.
Cenarrusa es un tipo de culebrón venezolano o de telefilme para después de comer. Cenarrusa es básicamente un cursi que dice "mi corazón está dividido entre Euskadi y el País Vasco", y se queda tan ancho. Cenarrusa tiene el cuajo de asegurar que Eta nació para defender la lengua y la cultura vasca, pero las cosas se complicaron y así estamos como estamos. Cenarrusa dice que no se puede tratar a Eta y a Al Qaeda de la misma forma "porque no es una amenaza para el pueblo norteamericano”.
Lo malo de Cenarrusa no es que sea tonto. Es que, encima, implica en sus majaderías a los honrados ciudadanos de Idaho, esos que no saben dónde está Euskadi. Lo malo es, me temo, que Cenarrusa tampoco lo sabe.