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ZNAR no es más autoritario ahora que hace nueve años. Sin embargo, Aznar y su equipo de asesores están resultando ser más profesionales de lo que la mayoría pensábamos. Su estrategia de cara al público (hay que reconocer que ha sabido contemplar a los votantes como clientes en vez de como ciudadanos) se ha ido configurando perfectamente con el paso de los años.
Don José María ha dado innumerables muestras de que sabe hacer extraños gestos en momentos delicados para su carrera política, sobre todo cuando ésta se ve amenazada por la realidad de la calle. Basta recordar cómo se hizo el más ferviente admirador de Rafael Alberti en sus últimos años.
Aznar, pues, ha dado suficientes muestras de que la imagen que se da es importantísima para mantenerse en el poder, y desde esa ilusión, por tanto, desarrollar su imaginación.
Por esto, Don José María lleva una temporada pareciendo ser más de derechas que antes. No es más autoritario que hace nueve años. No es menos dialogante con los sindicatos que cuando logró el último acuerdo de pensiones. Simplemente ha medido la situación social y ha decidido que ante los vientos que corren por Europa, el más de derechas es él.
Aznar y su mujer (los que conocen bien el cotarro saben de la importancia de la Botella en todo este tinglado) no van a permitirse el más mínimo desliz, después de convencer hasta al propio Opus de que en el centro estaba la permanencia en el poder.
Nadie va a hacer peligrar su ¿marcha?, después de que las escuadras le llevaran en 1996 a un nuevo amanecer.
En su visión de la política clientelar del voto, Aznar y su equipo de asesores han sido conscientes del poder de la imagen en una sociedad totalmente dependiente de los medios de comunicación. Desde que la extrema derecha está asustando a los europeos, Don José María está dando sobradas muestras de que aquí no hace falta resucitar a Girón, porque para eso está él. Envía mensajes claros y contundentes como las estadísticas que relacionan delincuencia e inmigración, el decretazo sobre el desempleo o la antiespañolidad de los que han convocado y apoyan una huelga general justo antes de que nos visiten todos los líderes europeos para ver qué bonita está Sevilla en verano.
Don José María consigue sus objetivos otra vez y por goleada. Ha paralizado cualquier pretensión de que alguien le mueva su ¿retirada? gloriosa y pretenda que vuelvan banderas victoriosas al paso alegre de la paz. Aznar, con sus últimas salidas de tono, ha dejado convencidos a los otros de que no hace falta un Le Pen o un Fortuyn en España. Para eso también puede estar él.
La imagen de España está siendo ejemplar en el resto del mundo. Sobre todo después de que en millones de televisores hayan visto cómo terminaron las celebraciones de la novena del Real Madrid o cómo siguen volando coches por los aires. Pero estos son temas banales y consuetudinarios que no deben merecer ya la consideración de los contadores de votos.
Ahora toca ser más facha. Simplemente.