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ERRY Schiavo, de 39 años, permanece en coma desde hace trece. Al margen del drama humano y de la polémica surgida a raíz de que un tribunal dictaminara a favor de la petición de su esposo de retirar los medios que mantienen artificialmente con vida vegetativa a Terry, llama la atención la doble moral de quienes aplican la pena de muerte al tiempo que se muestran especialmente misericordiosos con los condenados a vivir.
Jeb Busch, gobernador del Estado de Florida (EE.UU.) tiene, mediante una ley de urgencia aprobada por la cámara baja, con mayoría republicana, la potestad de decidir y ordenar que se mantenga con vida de forma artificial a personas condenadas a vivir sin saber que existen, en estado vegetativo. Jeb Busch tiene también el poder para decidir si un condenado a la pena capital será asesinado legalmente o le concede conservar la vida, aunque sea para pasarla en el corredor de la muerte.
En lo que va de año se ha ejecutado a más de medio centenar de personas en el Estado de Florida, entre ellas menores de edad y discapacitados mentales. La mayoría de los ejecutados eran, curiosamente, de raza negra, latinos y/o pobres. Muchos murieron proclamando su inocencia tras la defensa de un abogado de oficio. Ya se sabe que los honorarios de quienes tienen el oficio de abogado son directamente proporcionales al número de éxitos, traducidos en la puesta en libertad de sus defendidos.
El gobernador de Florida hoy debe sentirse como un dios, dueño de la vida y de la muerte de muchos ciudadanos. Me pregunto si la soberbia humana tendrá un límite. Hay quienes se admiran de la potestad de los césares romanos, cuyo movimiento de pulgar determinaba quién, a pesar de saludarle, moriría o seguiría sobreviviendo. No parece haber mucha diferencia entre aquéllos césares y los actuales. Unos se creían dioses y otros, endiosados, creen estar investidos por su dios para aplicar justicia infinita.