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N la plaza de Aldeaquemada hay dos bares abiertos frente a frente. A la izquierda está la Iglesia y a la derecha el Ayuntamiento. O al revés, que allí da igual. Unos cuantos zagales ríen en las escaleras de la casa de los seiscientos ciudadanos jienenses. Otro grupo cuenta historias en los soportales de la casa de los curas. A media noche suenan las doce campanadas en el Consistorio y comienza la retirada entre las callejuelas silenciosas.
Me da la impresión de que en este pueblo andaluz, y un poco manchego, las nuevas generaciones son más sensatas. Es sábado y no hay rastro de botellón.