O
LVIDA, galán “hortero”,
el gusto por la negrura
que viertes, en tu escritura,
voraz por ganar dinero.
De la chalina al sombrero
encubres tu arquitectura
y pierdes la compostura
con vino malo de hornero.
No empujes al compañero,
vuelto hacia la textura
en aras de esa locura,
tocando –“cheli”-- el pandero.
Pues, si Pucela tu esmero
vio salir de la espesura
y, en Madrid, le diste altura
a la puta y al chapero:
“apache” del Trocadero,
deja tu pose de cura,
tu ronca voz de herradura
y el verbo barriobajero.
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