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L 6 de mayo de 1980, Ramón Cases, jornalero de veinticuatro años, natural de Orihuela y vecino de Alquerías (Murcia) denunció a la Guardia Civil del puesto de Beniel la desaparición de su esposa Ángeles Belmonte, de su misma edad, acusándola además de abandono de familia.
La noche anterior se había presentado en casa de sus suegros para recabar la presencia de su esposa que se había ido de casa, dejándole a él abandonado así como a su hija de quince meses. La suponía en paradero desconocido.
Los padres de Ángeles nunca creyeron que su hija se fuera de casa abandonando a la pequeña. Desde el primer momento sospecharon que le había sucedido algo grave. El matrimonio no funcionaba bien y discutían con mucha frecuencia. Inquietos por la desaparición, comunicaron sus sospechas a la Benemérita, que realizó algunas pesquisas sin resultado.
Ocho meses después, en ausencia de Ramón, los padres de Ángeles que estaban sumidos en la incertidumbre, decidieron ir al domicilio de ambos. Encontraron una ventana entreabierta. Con la ayuda de una caña de pescar extrajeron una sábana y la cubierta del almohadón de una cama de matrimonio, en los que aparecieron restos de sangre. Pusieron los hechos en conocimiento de la Guardia Civil.
Con mandamiento judicial, la Guardia Civil practicó un registro en la casa. Encontraron restos de sangre en la habitación y el comedor. Ramón, a pesar de que fue citado a presenciar el registro, no se presentó. Aquella misma noche, alguien provocó un incendio en la habitación, haciendo desaparecer algunas pruebas.
En vista de lo sucedido y no habiendo aparecido por el pueblo de Alquerías, se procedió a su búsqueda y posterior detención, con el fin de interrogarle.
Dijo que el día de autos, cuando llegó a casa, su esposa e hija no estaban allí, por lo que se presentó en el domicilio de sus suegros pidiéndoles la presencia de Ángeles. Una vez en casa tuvieron una fuerte discusión, en cuyo transcurso Ángeles insultó a su marido. No pudo evitar abofetearla fuertemente. Cayó al suelo y se golpeó la cabeza con un mueble. La recogió del suelo y la acostó en la cama. Mientras, se preparaba la comida. Al volver al cuarto, se dio cuenta de que su mujer estaba muerta.
Se asustó por lo que había pasado. Pensó que sus explicaciones no serían creídas. Colocó el cadáver de Ángeles en una bolsa grande de plástico y lo trasladó en su coche hacia el río Segura, arrojándolo a las aguas, concretamente desde el puente existente en la carretera comarcal de Santomera a Alquerías. Dijo que el saco de plástico que contenía los restos de su mujer no llevaba piedra alguna que lo lastrara. El Juzgado ordenó el ingreso en prisión de Ramón.
Se dragó el río desde el lugar que había indicado, sin que apareciera el cadáver. Como había algunas contradicciones en la declaración de Ramón se registró la zona minera del Cerro de las Águilas, próximo al domicilio de la desaparecida, que era perfectamente conocido por él. Allí existían numerosas galerías mineras abandonadas y pozos.
Tras varios días, el 16 de octubre de 1981, en un pozo minero de aquel paraje, fueron encontradas unas ropas en las que se halló un cráneo humano con largos cabellos, un reloj, una cadena con una cruz y un zapato.
En presencia del juez y del forense fueron identificados por los padres los restos humanos y efectos personales como pertenecientes a su hija. Le fue abierto a Ramón sumario por parricidio, y quedó por fin esclarecido el “abandono de familia” y/o “desaparición” de la desgraciada Ángeles tras ocho meses de pesquisas y gestiones. La muerte, según afirmaron sus familiares, se veía venir. Muchas veces Ramón había amenazado con matarla. En cierta ocasión, estando embarazada, con un tenedor de gran tamaño amenazó con “matarla a ella y a lo que llevaba dentro”.
Ángeles se casó muy joven con Ramón. Era la mayor de diez hermanos de una humilde familia. En el pueblo de Alquerías todos suponían que había abandonado a su marido. Pero no fue así. Por desgracia para ella.
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