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  Firmas Invitadas - Edición Nº 119
Semana del 11/06/2004
Carta de un soldado de Flandes
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Óscar Molina
Del Alférez Molina y Rubyo.
Tercio de Don Alonso de Zúñiga.
Posta Militar de Flandes.

Al Padre Abad Antonio Montero y Villaplana.
Convento de la Encarnación.
Villa y Corte de Madrid.



Neuport, a nueve de Junio del Mil Seiscientos y Cuarenta y Uno.


Estimado y Reverendísimo Padre:

Espero que al recibo de la presente esté Vuesa Merced sano y entero, y que aquella condición de humores que túvole en trance de calenturas, haya transitado sin mayor postración. Débole disculpas por no haberle epistolado en los últimos tiempos, mas sepa Vuacé que la cosa no ha sido por desidia, pereza o indiligencia, sino más bien por un lance que túvome en la horizontal durante un par de semanas. Me refiero a mi primera herida de guerra, tomada en una desas escaramuzas que por aquí son el pan nuestro de cada día. Aquellos herejes se batieron como verdaderos soldados y vendieron caras sus asaduras, que bien sabe Vuesa Merced que arrojo e hideputez no tienen por qué hacer malas migas. Lo mío en concreto vino cuando trabeme en corto con uno dellos, grande y pelirrojo como todos los hijos destas tierras, y que, cuando ya lo tenía listo de papeles como a guarro para morcillas, sacó un pistolón del cinto con el que acertome en el vientre. Yo cuando palpé la sangre bajo el coleto, pensé que aquello era sota de bastos fija; mas la herida, aunque fea, no fue tan grave como para que me untaran la cara con óleos.

De cualquier forma, Padre, no me desazona tanto mi llaga, como las nuevas de las que Vuesa Merced me da cuenta en su última carta, si bien algunas no nos son ajenas y estamos en su conocimiento, pues aunque esto está lejos, no deja de ser España lo que aquí nos es menester ensanchar a golpe de arcabuz.

Hemos sabido de la caída en desgracia del valido Aznárez, Marqués de Quintanilla de Onésimo, y del fulgurante ascenso de Rodríguez, Conde- Duque de Astorga, al puesto de favorito de Su Majestad. También hemos conocido cuánto movió el agua a ese molino aquel vil asesinato de casi doscientos madrileños, y de qué forma se uso como pica para intrigas palaciegas por los partidarios del de Astorga. Qué quiere Vuacé que le diga Padre, artimañas de rufianes, mas no me sorprenden en quienes parece no hallaron hartura en arramblar con el Tesoro a manos llenas, y no hace tanto. Se dice por aquí también que en esto de echarle la culpa a Aznárez de tan cobarde crimen por su alianza con el Papado, tuvieron mucho que ver el nuevo Ministro Turco, Rub-Al-Khaba, y su inseparable manejero de información ventajista, el Archiduque de Santillana. Ya lo sabe Vuesa Merced mejor que yo, que el Señor se encarga de criarlos y en juntarse bien se apañan ellos solos.

También nos han llegado nuevas de que lo primero que hizo Rodríguez, fue traerse los Tercios que andaban por Mesopotamia, más que otra cosa por desplantar al Papado, y hacerle la rosca a Richelieu, ése que tanto nos quiere. Y yo tengo para mí que tan corta muestra de arrogancia no empuja más que al abismo de perder al que era, entonces, el mejor aliado que nunca habíamos tenido. Porque no dirá Vuesa Merced que el francés nos guardaba ausencia, que no me lo trago, y de fijo irá ahora corriendo en pos de una breve del Papa como un estudiante tras un cuartillo de Valdepeñas.

Y de bien poco va a servir el que Rodríguez ofreciera a sus Ministros para dar cruzada a la yeguada de Su Majestad Luis XIII de Francia. Si Padre, de buena tinta hemos alcanzado a saber que se requiere con harta frecuencia de nuestros mismísimos Cancilleres su brazo y saber, mas no para montar sino para portar al hombro, como si de enorme culebrina se tratara, aquello que tan grande tienen los caballos como lo quisiéramos los humanos. Y me va a perdonar la propiedad en el lenguaje, pero ha de resultar grotesco y ajenoverngonzoso ver cargar a tan curtidos y veteranos hombres de diplomacia, con semejantes cipotes, y ayudar con mano torpe y poco diestra a que se consume lo que la Naturaleza a veces no tiene entre sus aciertos. Tal parecerá que hayan cambiado su estampa de Rey de Espadas por la misma carta pero de otro palo. Y no sé yo si la deshonra será poca al lado del esfuerzo, pues para que se haga cabal idea y dado que Vuacé es lego en caballerías, le diré que los miembros desos equinos en estado de relajación asemejan en forma y tamaño a una liebre muerta, pero puestos en sazón, harían buen relleno para una salva de artillería. Así y todo, hemos de darnos de patadas en el trasero de pura alegría, pues más parece, por la sonrisa de Rodríguez, que ensanchando la boca y mostrando los dientes todo lo arregla, que el gusto sea nuestro. Todo para que el rey de Francia torne esa sonrisa en carcajada cuando el nuestro abandone Versalles.

Semejante ridículo Padre nos va dejar compuestos, solos y sin novia, para vocear a modo la nota por el Mundo. Y encima dando un cuarto al pregonero, pues no se nos ocurre más que ponerle al artífice del desaguisado una medalla; que jamás se condecoró al encargado de dirigir una hueste a la que se ordena enseñar el trasero, mas que en España. Y más bien creo que aquellos soldados vuelven por lo de Calderón, eso que decía que “Aquí la más principal, hazaña es obedecer” que por propias ganas. Total, que hacemos la higa a la guerra contra el moro, el mismo que nos mató a dos cientos, afrentamos con política escasa a quien nos puede echar un capote, y luego nos colgamos la Laureada de San Fernando. Al final va a tener razón nuestro Quevedo en aquello de:

“Y es más fácil, oh España,
En muchos modos,
Que lo que a todos les quitaste sola,
Te puedan a ti sola quitar todos.”

No me llama la atención, por el contrario, y cambiando el tercio, la notoriedad que me relata Vuacé han alcanzado algunos comediantes y titiriteros en la Corte. Por más que sean malos y amigos de trucos viejos y gastados que ya no entretienen ni al perro del mendigo de San Ginés, se manejan diestros en el “¿Qué hay de lo mío?”, y como no dan puntada sin hilo, estarán haciendo cola en el afilador, para hincar el diente en los ducados que se han ganado, y así seguir sufragando sus ranchos, porque almuerzo cuartelero son aunque nos los vendan como manjares.

Presumen de inmediación al vulgo, pero no es más que pose, y más bien se me pinta que lo que mueve a estos a tan singular abajofirmancia no es sólo su querencia por todo lo sonante que tenga cara y cruz, sino la creencia de que en alguna jornada participarán en los bailes y saraos de Palacio. Que ya sabe Vuesa Merced que hollar los Reales Sitios adoptando el continente hidalgo, y poder contarlo al día siguiente, atiborra la vanidad que todo español deste tremendo siglo, hasta el de integridad más escasa y más plebeyo umbral, lleva dentro.

Más me preocupa, Paternidad, lo que cuenta sobre los deseos de algunos de trocear España. Y me sorprende, pues paro mucho con compañeros de armas que anduvieron el año pasado sofocando la Rebelión de los Segadores en Cataluña, y aseguran questos gritaban de continuo “Viva la Religión Católica y el Rey de España, abajo el mal Gobierno”. Es decir, que más que contra el Rey, voceaban contra sus Corregidores regionales, y ahora más parece que se rebelaron contra Su Majestad, tal y como lo cuenta el Gobernador Pérez Cara-Robará, que mucho me barrunto anda fantaseando la historia para arrimar el ascua a su sardina púrpura, la que habrá de cubrirle si se consuma este Sindios. Y por otra parte lo del Norte, que ya viene de largo con el jesuita eternamente cabreado, y su delfín, ese tal Esbirreche que tendrá por muy vascongada gracia diez y siete apellidos, pero yo sólo se la hallo en el culo. Yo, y todos mis compadres de allá: Aguirre, Gorostiza, Echevarría o el mismo Capitán Arteaga, que dice que ser vasco es la mejor manera de españolear por el Mundo, pero que anda un pico amostazado con las cosas que le enseñan a su Aitor en la escuela, según las cartas que le manda Begoña. Yo oyendo eso, y a riesgo de que se me amohínen ignorantes,
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Eugenio - ( 29/06/2009 13:53:35 )
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