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Época II - Año XIV
Edición Nº 4127
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  Firmas Invitadas - Edición Nº 122
Semana del 02/07/2004
Jaume Santandreu y su premio gay


Joan Pla
E N dos ocasiones distintas, concretamente el 14 de marzo y el 4 de abril del 2003, publiqué aquí dos artículos largos acerca de Jaume Santandreu Sureda, que es el cura de los marginados en Mallorca, todo un campeón de la pobreza real que nos recomienda Cristo en el Evangelio. Recordará el buen lector que titulé esos dos artículos de la siguiente manera: el de marzo, “Honor a 60.000 euros” y el de abril, “Portocolom de mis pecados”. En este último trataba de aquel joven párroco que tuvo que abandonar su iglesia, porque un muchacho del correccional que trabajaba poniendo tejas en la iglesia de Portocolom, que es el puerto de mi pueblo natal, acusó al pobre Paco, el párroco que le había dado trabajo, jornal, comida, ropa y techo, de ser maricón y de habérsele declarado amorosamente. El obispo cortó por lo sano y, antes de investigar el caso y de percatarse del tinglado que tenía montado el rapaz con su familia para sacarle los cuartos al reverendo o a la Santa Madre Iglesia, mandó al cura a hacer penitencia, lejos de Mallorca, y escribió una carta solemne y compungida, pidiéndole perdón al muchacho. Paco acabó en una clínica psiquiátrica y el mozalbete, menor de edad, siguió haciendo de las suyas.

Viene a cuento esta evocación, porque Santandreu, que también es cura, pero no el de Portocolom, sino el que vive marginado con los marginados, acaba de ganar el Premio de Narrativa Gay Terenci Moix con una novela que se titula “Catedral amb armaris”, en catalán, y “Armarios en la catedral”, en castellano. La novela es un testimonio absolutamente verdadero de su condición de homosexual, de su nacionalismo catalanista, de su militancia en ERC y de su amistad personal con Carod-Rovira. Además, Santandreu es mi biógrafo y ha publicado, en el año 2000, un libro que se titula “Joan Pla i García. Vist per a sentència”. Es un libro espléndido. Suelo recomendarlo a mis amigos y conocidos, porque se trata de un autorretrato perfecto de Santandreu. Mi vida es lo que menos interesa del libro. La suya es fantástica. Él es gay, yo no.

En un debate sobre la lengua catalana, le decía yo a Santandreu, en catalán, lo que aquí repito y traduzco textualmente al castellano
“Entrañable amigo: Observa la influencia de los astros y verás que, según mis lunáticos impulsos, que son lo más cuerdo y racional de mi existencia, caigo sobre ti, igual que un cristo ideal, con la implacable fuerza del amor. Si te escribiese en castellano, me entenderías plenamente en catalán. No habría problema. Las lenguas de fuego de Pentecostés iluminan el ámbito celeste de nuestro diálogo y mi madre, en su eterna silla de maestra, entiende en castellano la profunda oración funeral que le predicas en catalán de Manacor y de la tierra. Te amo, hermano mío.”
Alguien creyó, al oír mi discurso amoroso, que Santandreu y yo teníamos un lío.
Otro día, mientras reconstruíamos el pasado, me atreví a decirle:
“Ibas para payaso, cuando estudiabas gramática y aritmética en La Salle y un fraile candongo te sentaba en sus rodillas. Eran tiempos en que soñabas polluelos derramados junto a cascarones quebrados. Tus hermanas y tu padre, con sus caballos de carreras, eran todas las mujeres de tu casa y, al destripar tu caballito de cartón, te encontraste con un ángel que no tenía el sexo definido. Ibas también para payaso, cuando yo te conocí, pronto hará seiscientas lunas. Estudiabas Sagrada Teología en el Colegio Mayor de Nuestra Señora de la Sapiencia, plaza de San Jerónimo, 3, donde había balcones obreros y madamas de casa que fornifollaban con sus furtivos amantes, hasta en invierno, con las ventanas abiertas. Ibas para payaso, en el gran circo de los prebostes ensotanados, el señor obispo, el vicario general, el visitador de La Sapiencia, aquel paisano de la bella Munar, que negó la entrada de Alenyar, porque era judío de segundo apellido”
Han pasado los años. Ya pisamos la vejentud con paso cauto y despacioso, pero aun me atrevo a platicarle en voz baja, casi al oído, como antaño:
“Acabaste en santo, amigo mío, porque el circo no quebró, sino todo lo contrario. El gran circo de los pontífices, aferrado irreversiblemente al poder político de su caudillo salvador, no supo - o no quiso - asignarte una labor propia de tu sexo, que siempre fue un sexo humano y definido. Te metiste a misionero en el tercer mundo de los Andes peruanos y buscabas al hombre. El bellísimo Aranguren, tan feo de cara, nos hablaba entonces de la moda ontológica, de la crisis económica y de la crisis espiritual, del talante – Zapatero todavía mamaba cuando Aranguren nos hablaba del talante -neopositivista y de las dos caras del marxismo.
No piaba por aquellos años tu amigo Carod- Rovira, con sus discursos de independencia. De la cultura de consumo que nos llovía a mares en los cuatro puntos cardinales, elegiste el consumo de los productos más vilipendiados y, así, cambiaste tu brillante oficio de predicador solemne y de laureado poeta por el ministerio sublime del que pela patatas en la cocina de un hotel o del que vende helados con un carrito en la playa del Arenal. Ibas lanzado y ya no te paraba ni Dios. Los grandes maestros del circo se rasgaron las sotanas, que ya estaban colgadas en los armarios de caoba de sus grandes mansiones. Alguno de ellos, bien lo sabes tú, quiso ser tu amigo y habló muy bien de ti. Otros, prefirieron escandalizarse. De esta manera, cuando ibas a pedir trabajo de jardinero, para ti y para tus carrilanos, alcohólicos, toxicómanos, follones y malandrines de pura casta, las monjitas ricas del jardín de las delicias, tan espirituales, te ofrecían, en contrapartida, el cargo de capellán y la dirección espiritual de sus atribulados corazones felices. Como digo, ibas ya lanzado hacia la santidad y te apartaste definitivamente de todo aquello.”
Y ahora, ¿qué ? Ahora, cuando ya puedes presumir de haber sido fraile antes que cocinero y de que fuiste fraile antes que santo, te embarcas en la política y nos dices que la independencia catalana es una de tus grandes metas, por la cual luchas y lucharás.
Ahora y aquí, apareces tú, con tu zurrón de sagradas escrituras y de sacrosantas acciones de amor y solidaridad, y apareces con el puño en alto, como "la Pasionaria", para que yo te dibuje, cabeza arriba, cabeza abajo, en la isla de mis angelotes.
- Y ahora, ¿qué ? - te pregunto.
- Ahora, payasos...- me contestas.
Dios te guarde, querido mío
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