E
STOY más y mejor informado de las iniciales de las personas que ejercen y pagan la prostitución de lujo en España que del futuro de mi país. No he conseguido centrar todavía las ofertas electorales de unos y de otros. Salvo algunos titulares en periódicos o en tertulias radiofónicas que me hacen sospechar que Rajoy es más blando de lo que imaginaban sus socios y que Zapatero parece que quiere perder ahora para ganar mejor dentro de cuatro años, el verdadero debate político no lo percibo bien.
Si no fuera por que luego me tachan mis amigos de tener una desbordante imaginación, pensaría que como la boda del príncipe letiz no puede usarse para obviar las elecciones, había que sacar urgentemente algo del armario. Y que mejor para el colectivo adormilado que hablar de putas.
Asisto todos los días a debates encendidos sobre la prostitución de presentadoras y famosas de papel de estraza. La demagogia está llevando incluso a crear supuestos tertulianos héroes que gritan a los cuatro vientos que también hay que conocer los nombres de los que pagan, porque realmente interesa muy poco esto como debate. Interesa como método efectivo de despiste.
Realmente no conozco una solución efectiva para acabar con la prostitución, salvo que todos los hombres y mujeres del mundo quisieran terminar con ella. Sinceramente, no considero un problema la existencia de la prostitución si aparejada a su ejercicio no hubiera una serie de consecuencias que dañan a las mujeres que la ejercen, o que permite el aumento de una serie de mafias muy peligrosas para la dignidad y la libertad humanas. Pero este no es el debate. El asunto es conocer quiénes son. Por puro morbo y encargo.
Otra prostitución: esta semana he conocido que un prestigioso periodista especializado en información económica de un relevante periódico español ha sido enviado de corresponsal a una autonomía uniprovincial. El destino de este compañero ha sido determinado por el atrevimiento de haber publicado un libro contando las interioridades de unos grandes almacenes muy conocidos en España. Los responsables de esos grandes almacenes intentaron por todos los medios evitar la publicación del libro. No consiguieron su propósito porque una pequeña editorial se atrevió e imprimió el librito de marras. La reacción de los responsables de los grandes almacenes no se hizo esperar: compraron la pequeña editorial y retiraron el libro de la circulación.
No he leído ni escuchado esta historia en ningún debate, tertulia, ni reunión periodística al uso, porque la prostitución mental ha calado hondo ya en esta sociedad mercantilista que considera que todo se compra porque todo se vende.
Más prostitución: ¿Alguien se acuerda de Tamayo y Sáez? Es un buen ejemplo para comprobar que hay mucha más prostitución entre políticos y periodistas que en los hoteles de lujo donde mujeres ambiciosas y arribistas, con poca inteligencia aunque con muchas ganas de reconocimiento social o monetaria, se dejan sobar por hombres que han ocupado todo su tiempo con la avaricia y ahora se les va la vida sin saber lo que es acariciar el amor.
¿Es menos puta una periodista que no escribe la verdad?, ¿Es menos chapero un jefe de prensa que compra editoriales para impedir publicar libros?, ¿Son menos rameras y putos los políticos que son incapaces de crear una verdadera sociedad de la información que explique con honestidad lo que ocurre? ¿Es menos puta un político que no quiere dar la cara y debatir el futuro de los ciudadanos de España?