E
L terremoto ha pasado y algunos comenzamos a recoger los escombros que nos han quedado dentro. Algunas grietas permanecerán para toda la vida, pero también han desaparecido habitaciones inútiles. El seísmo ha abierto ventanas más grandes y ha limpiado el hollín de la chimenea. El sótano oscuro en el que las bombillas con sus filamentos agotados daban un aspecto tenebroso, ahora tiene un enorme boquete justo debajo del jardín que hay que aprovechar para que entre la luz del sol. Me ha pillado el movimiento telúrico en plena renovación de la fachada. Voy a aprovechar para cambiar el color pardusco que me dejaron los anteriores inquilinos.
Los vecinos de al lado no se lo quieren creer. Andan buscando un agente inmobiliario para vender lo más rápidamente su casa. Los que lindan con mi patio han optado por comenzar a fabricar un búnker con una gran caja fuerte para esconder su futuro.
Yo he decidido quedarme en mi casa, en mi barrio. Con los míos y con los nuevos habitantes que he conocido esta última semana. Si padecemos algún otro terremoto quiero que me pille con la puerta abierta. Así podré ayudar algo más.