L
A victoria inesperada del PSOE en las elecciones del 14 de Marzo justifica la aprensión ante el porvenir. No sólo por el historial de este partido, de problemática convicción democrática, poca eficacia en economía y tendencia invencible a la corrupción, sino también por la personalidad de su líder y próximo presidente de Gobierno.
Durante toda la campaña ha exhibido volubilidad de ideas con la consiguiente incoherencia de su discurso, que obligan a pensar que para él las ideas no tienen mayor valor que su simple utilidad funcional para la captación de voluntades en cada momento y lugar de su labor de promoción política. No es extraño que cualquier observador imparcial se sienta movido a pensar que las directrices de su futura gobernación no van a ser firmes y constantes, puesto que tampoco parece tener convicciones fuertes y duraderas. Posee buena presencia física y facultades dialécticas, pero detrás no hay un carácter sólido. El hecho, anecdótico si se quiere, de que desde el inicio de su carrera política se esforzase en imitar en gestos y voz a su ídolo Felipe González dice algo al respecto.
Recibe un país en inmejorable situación económica. ¿Sabrá mantener una gestión adecuada que dé confianza a los inversores de forma que la expansión económica continúe al ritmo actual? Existen indicios de que esto va a ser difícil.
También la situación de la lucha contra el terrorismo es mejor que lo haya sido hasta la fecha. Y esto es así, a pesar del monstruoso atentado del 11 de Marzo. ¿Mantendrá Zapatero la misma línea de firmeza política y eficacia policial que tanto éxito le han procurado al gobierno de Aznar? No es seguro. Su carácter es el apropiado para ceder ante las sugestiones de una posible paz mediante el diálogo. Ya está recibiendo mensajes indirectos en ese sentido. Es natural, puesto que en una guerra, cualquier indicio de debilidad en una parte es ávidamente aprovechado por la otra.
Respecto de los separatismos, lo mismo se puede decir. Es en este tema donde pronto se va a comprobar su temple. No olvidemos que prometió que aceptaría cualquier estatuto que fuese aprobado por el Parlamento catalán. Lo que quiere decir que ha de estar dispuesto a negociar el Plan Ibarreche. Y ya se está proclamando que este Gobierno próximo va a ser el del diálogo. Todas las fuerzas centrífugas reprimidas por el rigor de Aznar, se manifiestan ahora alborozadas. Y es natural que así sea, pues es propio de un progresista como Zapatero ser relativista e igualitarista, y dar el mismo valor a cualquier idea, a cualquier colectivo, a cualquier persona. Un progresista ha de tender a encontrar la misma legitimidad a la idea de la unidad de España que a la idea de la autodeterminación de las autonomías.
El triunfo de los socialistas se ha debido a la conjunción de una campaña extremadamente torpe y sosa por parte de los populares, un diabólico y monstruoso atentado, y el aprovechamiento del mismo por los socialistas con tremenda saña y sin el menor rastro de escrúpulos y respeto a la verdad. Esto último es la marca de fábrica de este partido, y podemos pensar (yo así lo pienso) que los modales caballerescos de Zapatero no son sino una cobertura diseñada por los asesores de imagen. Recordemos su inescrupuloso proceder con el asunto del “Prestige”, con la huelga general, con la guerra de Irak, poniéndose al frente de toda manifestación, al tiempo que cientos de sedes del Partido Popular eran asaltadas salvajemente, como ahora también ha ocurrido; y su viaje a Marruecos sin avisar al Gobierno, tratando de mediar por su cuenta y para su provecho con motivo de la crisis con este país.
Tengamos también presente que ha decidido anular la reforma en Educación establecida por el Partido Popular, reforma totalmente necesaria dados los pobrísimos resultados del Plan tantos años vigente, pero contestada por la mayoría de los estudiantes, a los cuales no duda en halagar. También ha prometido el aborto libre y gratuito, el matrimonio con todos los derechos para los homosexuales, la creación de embriones para extraer células madre, etc. Es decir, sus planes son devastadores para una sociedad que pretenda regirse por unos mínimos de lo que tradicionalmente se ha considerado como moralidad.
¿Existe alguna duda de que las perspectivas son sombrías?
Tanto es así que Gabriel Albiac, en el diario “El Mundo”, con motivo de los resultados de estas elecciones, declara que “España ha decidido suicidarse”. Es una forma de expresarlo.
Pero es mejor no espantarse antes de tiempo y esperar acontecimientos.