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  Firmas Invitadas - Edición Nº 114
Semana del 07/05/2004
Atando cabos (4)


Matías J. Ros
I NTRIGADO pero no sorprendido, leo en la prensa digital y de papel, que un hombre de confianza de Rafael Vera dirigía la UCO, unidad de la Guardia Civil a la que informaba uno de los confidentes del 11-M.
Rafá Zhueir - confidente de la Guardia Civil - desveló en una carta manuscrita dirigida al Rey y a Rodríguez Zapatero que llevaba casi tres años trabajando para la unidad mandada actualmente por el coronel Félix Hernando, quien estuvo hace años a las órdenes de Rafael Vera, en su etapa de Secretario de Estado para la Seguridad. Este mando de la Guardia Civil, está imputado por malversación de fondos en uno de los sumarios del GAL.
El marroquí Rafá Zhueir, conocido como Rafael en sórdidos ambientes delictivos, era confidente de un capitán de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, pues al contrario del libro de García Márquez, acá, los coroneles sí tienen quienes les escriban. Que era colaborador de la Guardia Civil fue lo primero que dijo el propio Zhueir cuando fue detenido el pasado 20 de marzo en Madrid, acusado de ser el enlace entre los proveedores de la Goma 2 y el grupo de terroristas islámicos liderado por Jamal Zougam.

Hernando, en su momento, habría viajado hasta Ginebra para entregar a las mujeres de Amedo y Domínguez maletines con 50 millones de pesetas y así comprar su silencio, además de remunerarles por los servicios prestados. Este coronel ascendió a máximo responsable de la UCO en el año 2000, con Jaime Mayor Oreja de ministro del Interior. Fue jefe de esta unidad durante los tres años en que Zhueir era confidente y ha sido condecorado con la medalla de Plata de la Orden de Mérito del Plan Nacional Sobre Drogas. Ya en 1.999, siendo entonces teniente coronel, fue propuesto para recibir la Cruz del Mérito de la Guardia Civil. Mayor Oreja vetó la concesión de esta condecoración al saber que estaba implicado en un sumario del GAL.

Rafá Zhueir envió una carta manuscrita de cuatro folios al Rey y a Zapatero, y en ella defiende su inocencia ya que se considera un español más. Dice que su novia es española y afirma que en los trenes de los atentados podrían haber viajado su madre y su hermana de cuatro años, pues lo tomaban con frecuencia para ir al mercado del Pozo del Tío Raimundo. Referido a su condición de confidente de la Guardia Civil, dice que ha estado con España siempre que me ha necesitado, pues la considera el país que le ha dado todo. Reconoce que conocía al ex minero José Emilio Suárez Trashorras, acusado de proporcionar los explosivos. Éste último ha resultado ser, según lo publicado, también confidente, pero del Cuerpo Nacional de Policía.

Comenzó Zhueir a colaborar con la UCO en diciembre de 2001 y una de las informaciones que dio permitió desarticular una banda de traficantes de armas y drogas. Fue detenido junto con los demás implicados con el fin de protegerle de la venganza de los demás si sospechaban que era un infiltrado. No llegó, esta vez, a ingresar en prisión aunque sí lo hicieron el resto de detenidos.
Esta fue la primera desarticulación que facilitó a la Guardia Civil, poco después de que fuera captado como confidente por miembros de la UCO, durante su estancia en la prisión de Villabona, en Asturias.

Había ingresado en esta cárcel en septiembre de de 2001 en relación con un robo realizado por el método del “alunizaje”. Cuatro meses y medio después Rafá abandonó la mazmorra, convertido en flamante confidente de la Guardia Civil. Estando a la sombra conoció a Antonio Toro Castro, cuñado del ex minero José Emilio Suárez Trashorras, que proporcionó los explosivos a los autores materiales de la masacre.

Zouheir, trabajaba de portero de discotecas, traficaba con drogas e hizo de intermediario entre Jamal Ahmidan, el Chino, que conocía del tráfico de hachís, y Suárez Trashorras. Rafael estuvo, presente en la reunión celebrada a mediados de febrero en un McDonalds cercano al Hospital 12 de Octubre. Allí se pactó el intercambio de los 200 kilos de explosivo por droga.
Asegura que su participación en el 11-M se limitó a mero intermediario en la compra del explosivo al ex minero y de varias armas a traficantes búlgaros. Pero cuando fue detenido se le ocupó un Volkswagen Golf en el que se trasladó la “Goma 2” desde Asturias hasta la casucha de Morata de Tajuña en donde se prepararon las mochilas explosivas. Por supuesto que insiste en repetir que no sabía nada de los atentados.

De todos los encarcelados por la masacre de Madrid, Zhueir y José Emilio Suárez Trashorras, eran confidentes. El primero, como hemos dicho, de la Guardia Civil y el segundo, de la Policía Nacional. Pero lo más apestoso de todo esto es que el huido Azizi, uno de los máximos responsables del 11-M, estaba protegidísimo por el CNI que frustró -por procedimientos ad hoc- su detención en noviembre de 2.001 pues estaba relacionado con el 11-S. Tuvo tiempo en casa, incluso de afeitarse la barba para salir después por una ventana, logrando escapar.

Como los confidentes encarcelados en relación con el 11-M deben saber mucho más de lo que han relatado a la policía, jueces y prensa, no sería una temeridad pensar que pudieran fallecer en la cárcel por causas tan naturales como aparecer ahorcados con los pulmones llenos de cianuro, resbalar en la ducha, o enfermar de cáncer. De lo que estoy casi convencido es de que del huido Azizi no sabremos nunca nada. Seguro que se lo ha tragado la tierra. Nunca mejor dicho.
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