L
A semana pasada me cebé sin miramientos con la panda de estrellas cutres que pululan por nuestras ondas hertzianas, y aquello, que no pretendía ir más allá del puro desahogo personal, ha provocado que millones y millones de lectores asociados a los clubes de fans de Sardá, Quintana, Lucas y Pradera me pusieran verde, mientras que dos o tres despistados me han hecho llegar nuevos cotilleos que, mal que bien, me dan la razón.
Me cuentan que otra de nuestras estrellas de tres al cuarto viajó hace unas semanas a Sevilla para entrevistar a esa Grande de España que atiende por Cayetana de Alba. Vi en su momento la entrevista, y, en fin, qué decir salvo que no tenía el más mínimo interés, que estaba repleta de alabanzas empalagosas hacia la entrevistada y que no sirvió en absoluto ni para conocer más al personaje ni para tener en mayor consideración profesional a la presentadora.
No le di mayor importancia a la cosa, hasta que (atención al tópico) fuentes dignas de todo crédito me indican que el equipo que viajó a Sevilla en el AVE para tan ducal entrevista lo hizo de la siguiente manera: La “estrellita” y su subdirectora, en primera clase; los técnicos, en tercera.
El detalle puede que no tenga mayor importancia, pero si a ello añadimos que el equipo que trabaja con ella la pone “de-toma-pan-y-moja” y se ríen de que no sabe dar ni las buenas tardes si no está escrito en el guión, pues no me negarán que dice mucho del personaje.
El siguiente cotilleo que me “soplan” roza la estafa, aunque los telespectadores tan anestesiados que tiene España ni siquiera lo habrán sospechado. Recordarán que otra de nuestras estrellas (Inés, Inés, Inesita, Inés) presentaba hasta hace un par de telediarios un programa llamado “Flashback, regreso al pasado”, consistente en que un supuesto hipnotizador hacía regresiones a una serie de invitados que, también supuestamente, acudían al programa de forma voluntaria. Pero ¡sorpresa! ¿Nadie se pregunta por qué el programa desaparece antes de tiempo y de forma misteriosa?
Me cuentan que los sindicatos (desconozco si los de Telemadrid, Canal Nou, Televisión Canaria o Canal Sur) descubrieron que la misma persona que fingía una regresión hipnótica en la que contaba lo feliz que era con su marido, a la misma hora pero en una televisión local, relataba que su esposo la maltrataba de mala manera en el infame espacio de una tal Leticia Sabater. Dicho de otra manera, descubrieron que era una actriz contratada.
Tantos y tantos programas utilizan actores para llenar espacios que requieren testimonios escabrosos (algo así como “yo quiero mucho a mi marido, pero una vez le fui infiel con su hermano y acabamos acostándonos los tres con el del butano”) que ya se les escapa de control los actores que repiten distintos papeles en diferentes cadenas. Los redactores de “testimonios” o de “reality”, que así les llaman en la tele, andan locos intentando encontrar las historias más turbulentas posibles, y aunque alguno honesto hay por ahí, los responsables de muchos programas no tienen el más mínimo escrúpulo a la hora de mentir a los espectadores con invitados falsos si con ello se logra un piquito de audiencia. Que nadie se alarme, que de sobra es conocido que en varios programas de esos donde sientan a la gente en fila a que cuenten sus miserias se pagan unos cuantos euros para narrar historias que tienen tanto de verdad como yo cuerpo de Noemi Campbell.
Aún a riesgo de salirme un poco del tema, no me resisto a contarles un hecho que conocí hará tres años y que me contó una periodista de “testimonios” de Canal Nou. Aún me tiro por el suelo cada vez que lo recuerdo. Ocurrió que hubo que buscar a una serie de invitados que tuvieran algo que agradecer a alguien. La redactora entró entusiasmada en el despacho del director del programa para anunciarle que había convencido a una joven, a quien le habían sido transplantados los dos pulmones, para que asistiera al programa. El director escuchó a la redactora y dijo: “Todo eso está muy bien, pero ¿puede venir el donante para que le dé las gracias en directo?”. Aquella periodista descubrió en ese mismo instante que cuanto más inútil se es en televisión, más alto se llega. Por dos veces hubo que explicarle que cuando alguien dona los dos pulmones, no tiene de dónde sacar el aire para seguir vivo.
Otro cotilleo de última hora que no he podido confirmar: Jesús Hermida, nombrado por enésima vez algo en Antena 3, en esta ocasión Jefe de Antena, ha otorgado a su señora esposa el distinguido cargo de Jefa de Programas. ¿Levantará cabeza esta privada a base de galas y Telemaratones?