E
l PSOE, partido de mayoría muy relativa en el Congreso y de neta minoría en el Senado que preside, está ante varias decisiones estratégicas que marcarán la legislatura. En las próximas semanas, y en todo caso antes del verano y de las elecciones europeas, los españoles va a saber qué tipo de Gobierno van a tener, y cómo ese Gobierno va a afirmar su esencia.
José Luis Rodríguez Zapatero podría, siguiendo las exigencias de sus socios en el Congreso basar su quehacer en un verdadero giro en política internacional, pasando quizá al tercermundismo y a las causas perdidas. Pero no va a hacerlo, porque ni él mismo lo desea, ni en todo caso se lo permitirían Javier Solana y Felipe González. Miguel Ángel Moratinos, como en su época Fernando Morán, podría prestarse a eso y a más, pero lo más que puede esperarse es un occidentalismo descafeinado y una devoción obsesiva a lo que se decida en el Quai d´Orsay. Con la salida de Irak terminaron los experimentos, y desde ahora París manda.
Zapatero podría, por otro lado, cambiar radicalmente de política económica y social, tanto en las cosas mejorables de la herencia del PP como en las muchas que sí han funcionado. Y aunque él pueda sentir esa tentación –gasto, derroche, corruptelas bajo la etiqueta ambigua de una política social– Pedro Solbes va a mandar más que Gaspar Llamazares. Así que, por ahí, mucha propaganda y pocas alegrías.
¿Cómo va entonces a contentar a sus aliados Zapatero? Ya se va viendo que cediendo todo lo posible y lo imposible en los otros dos grandes campos de la propaganda socialista anterior al 11 M. En política autonómica ya vemos el rumbo que lleva, aunque no sepamos hasta dónde podrá llegar. Y queda, además, la "política sexual".
Política sexual, es decir, un abigarrado conjunto, orquestado desde la propaganda, de medias verdades y de publicidad.
Política sexual para llamarse “de izquierdas”, incluyendo el matrimonio de personas del mismo sexo, la adopción de niños por parejas homosexuales, las cuotas sexuales a todos los niveles; política sexual, incluyendo la manipulación genética, la fecundación masiva de embriones para satisfacer primordialmente caprichos y para contentar a la propaganda –no a los científicos–, el genocidio de embriones y la ampliación del aborto. ¿Política sexual para poderse llamar “progresista”?
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