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ESULTA que tenemos otro pedazo de tierra que la mayoría de los españoles no sabíamos que existía. Ahora conocemos que cerca de Ceuta, pero más de Tánger, hay un kilómetro de peña deshabitado que en los mapas más precisos se llama Perejil.
Ya conocerán ustedes, por escritos más informados que éste, las características geográficas y políticas del “asunto perejil”, (si Tintín anduviera recorriendo esos mundos seguro que aquí salía una buena historia para Milú y el capitán Hadock) por lo que no me voy a entretener en la guerra de comunicados y alarmas que han creado los doce soldado marroquíes, que recuerda a los guardias que entraron el 23-F, que no sabían ni dónde iban a pasar la noche.
Sí me quiero parar en algunas dudas que me ha dejado la ejemplar acción militar de las fuerzas leales a Mohamed VI.
¿Qúe le dijo el capitán de la patrullera española al de la marroquí el jueves por la noche? El director general de la Guardia Civil, Santiago López Valdivielso lo ha confirmado: “Hubo contacto verbal”, aunque nos hemos quedado con las ganas de más.
También me gustaría saber por qué el coordinador de IU, Gaspar Llamazares, se ha empeñado tanto en demostrar que él sabe que todo ha sido un problema de márketing organizado por el rey alahuita para celebrar su boda.
Tampoco nos iría mal que alguien nos explicará esas tibias y equilibrísticas declaraciones de la Unión Europea tras conocer la excursión de los militares magrebíes: “La Comisión Europea calificó de altamente lamentable el incidente en el islote Perejil y dijo que representa una violación del territorio español, al tiempo que precisó que de momento es un asunto bilateral entre España y Marruecos”, decía en los teletipos desde Bruselas. Oiga usted, ¡o existe Europa con todos sus islotes o no nos vendan más burras!
Y también me pregunto: ¿Si doce militares albaneses decidieran un buen día plantar su bandera en algún peñasco cercano a Córcega, qué pasaría con Berlusconi, los corsos y la Unión Europea? Seguramente, “Il Cavallieri” hasta le hubiera sacado rendimiento televisivo al desembarco albanés.
Además, sería bueno conocer cómo nuestros servicios de inteligencia han sido capaces de dejar que se produzca tan espectacular y lamentable desembarco. Si creemos a López Valdivielso, ese islote está perfectamente vigilado, ya que la Guardia Civil sabe que allí se desarrollan otros tipos de acciones, menos militares y más onerosas, como la que ha puesto en pie de guerra a personajes tan responsables como Pedro Pacheco y Mustafá Aberchan (¿se acuerdan?).
Es verdad, por otra parte, que el propio responsable máximo de la Guardia Civil ha reconocido que el islote no lo habita nadie, ni siquiera un represaliado, ni un farero, como era costumbre en otros tiempos en estos trozos de la España semihundida.
No quiero dejar pasar la ocasión para añadir a todos estos interrogantes un par de casualidades que se han producido en el espacio temporal y geográfico que nos ocupa.
Un poco más al oeste de Perejil, los llanitos de Gibraltar han levantado sus voces porque el ministro británico de Asuntos Exteriores, Jack Straw, el mismo día y en la Cámara de los Comunes, admitió la disposición del Reino Unido para compartir la soberanía de la colonia con España. El Gobierno de Gibraltar dijo a través de una nota oficial que Straw es el primer ministro británico en conceder “abiertamente” el principio de soberanía sobre el Peñón a España, y añadió que, además, se refirió al istmo como “territorio disputado” cuando la disposición británica siempre fue de soberanía sobre el mismo. Esta casualidad es todavía más curiosa, sobre todo si echamos la vista atrás muy pocos días y recordamos el pesimismo del Gobierno (el anterior y el actual) de Aznar sobre las largas conversaciones mantenidas entre Piqué y Straw.
¿Será que los hombres de Mohamed VI han decidido que si los españoles van a compartir soberanía en Gibraltar, los marroquíes pueden pretender lo mismo en Ceuta y Melilla y han decidido empezar por lo que tenían más cerca y más fácil de ocupar? De hecho Marruecos también ha calificado como territorio en disputa el ya famoso kilómetro de Perejil.
La otra casualidad es más rocambolesca, pero no por ello menos interesante.
El mismo día que ocurría todo lo arriba relatado quedaba visto para sentencia en la Audiencia Provincial de Almería (ciudad a tiro de piedra de Marruecos) el juicio contra el marroquí Cherki H., acusado de asesinar en El Ejido a los agricultores José Luis Ruiz Funes y Tomás Bonilla el 22 de enero de 2000, suceso que, junto al crimen de la joven Encarnación López, desencadenó los graves disturbios de la localidad en febrero de ese año.
Y como la memoria y la documentación nos acompañan con los años, también recuerdo, aunque no se llegó a publicar nunca, que la Policía española seguía por aquellas fechas a grupos de incontrolados (aunque perfectamente controlados) que llegaban desde el norte de África para provocar altercados aprovechando la sensibilización con la inmigración que entonces había. Y que nuestros servicios de información llegaron a informar de que aquellos sucesos podían estar perfectamente organizados dentro de una estrategia de desestabilización de la población. También hay que recordar que por aquellas fechas del 2000 todos éramos menos de todo que ahora. Incluso menos desconfiados.
En fin, seguramente serán casualidades de la vida y del espacio geográfico que compartimos, pero lo que nadie me quita de la cabeza es que no nos están contando todo lo que saben aquí y allí. Como siempre.
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