N
IXON, a la sazón, Presidente de los Estados Unidos, lo había declarado el día 3 de Agosto de 1970, seis días antes de que se cumpliera el primer aniversario de la muerte de Sharon Tate, mientras juzgaban a sus asesinos: “Manson es culpable”. Y así lo publicó “Pueblo”, mandando en portada. Por debajo del gran titular, una foto a cuatro columnas que daba fe de lo que se anunciaba a continuación: “Polanski, en mi casa” y, como pie, el siguiente texto: “Mientras en Los Ángeles se celebra el juicio contra Manson y los tres miembros de su tribu, acusados de la matanza de la casa de Sharon Tate, Roman Polanski, marido de la bella actriz asesinada, ha pasado unos días en Marbella. Nuestro redactor José Luis Navas, marginando su condición profesional, consiguió llevar a su casa a uno de los personajes más cotizados por los periodistas de todo el mundo. Allí, discretamente observado por la cámara de nuestra compañera Juana Biarnés, el director del cine-terror habló sin cortapisas”.
Juana Biarnés - hoy propietaria y grandiosa cocinera del mejor restaurante de las Islas Baleares “Cana Joana”, uno de los más prestigiosos de España que, como todo el mundo sabe, está en la maravillosa Ibiza, (carretera de San José.- Tfno.: 971 800158.- www.canajoana.com) - ha disfrutado muchas veces viendo a Roman Polanski gozar de su inigualable cocina pero, en las primeras visitas del director de cine a su casa, no se atrevió a recordarle la peripecia. Me contó Juanita, hace poco, que la tercera vez que el cineasta se deleitó con su arte culinario (huevos reales; bacalao con espinacas, pasas y piñones; y mousse de yoghourt con coulis de frambuesa, todo ello regado con un rioja joven de Laguardia) no aguantó más, se acercó a la mesa y le relató aquello. “Polanski lloraba de risa, recordándolo”, me dijo.
Hace unos días se ha cumplido el trigésimoquinto aniversario de la masacre en la que murió Sharon Tate, el amor de Roman Polanski, embarazada de ocho meses y medio. Esta semana no me resisto a ofrecer a los lectores de “vistazoalaprensa.com” lo que publiqué, exactamente un año después de la tragedia, mientras en Los Ángeles se juzgaba a los asesinos, hace ahora treinta y cuatro años, en el diario Pueblo. (4-8-1970):
“ROMÁN POLANSKI: Juana Biarnés, mi compañera, y yo lo sentimos mucho. Comprendemos que el engaño no está bien pero… el periodismo es así… A veces hay que recurrir a estas maquinaciones para conseguir la información. Sabemos que usted está abrumado por los reporteros, pero usted es noticia, una fabulosa noticia. Sharon Tate, su joven esposa, murió en una masacre increíble el año pasado en Los Ángeles. Hoy se está celebrando el juicio en aquella ciudad que un día fue invadida por “hippies”. Manson, Lynda Kasabian… están batiéndose para demostrar su inocencia. Paul Ftzgerald está buscando argumentos para probar inocencias… Y usted, Roman Polanski, está en Marbella, porque ha venido acompañando al “play-boy” más importante del mundo, a Mr. Hefner. Usted, Roman Polanski, ha venido a mi casa de “El Chaparral” convencido de que Juana Biarnés y yo no nos dedicábamos a estos menesteres, en los que en ciertas ocasiones hay que usar recursos que algunos consideran imperdonables. Usted, mi amigo, Roman Polanski, sabrá perdonarnos. Seguro.
Todo empezó en el hall del Marbella Hilton. Juana y yo esperábamos la hora de acercarnos a Polanski en solicitud de la entrevista mil veces negada.
-¿Hay algún sitio donde hacer esquí náutico? Preguntó el director de cine, el autor de “Repulsión”, de “La semilla del diablo”, de “El baile de los vampiros”.
Lanzó la pregunta al director del hotel. Mi compañera y yo comprendimos que si le ofrecíamos una motora y un par de tablas, una playa solitaria, lejos de los fotógrafos, Polanski aceptaría.
-¿Quiere usted venir a mi casa? Allí, muy cerca, vive una familia francesa que tiene una motora y unos esquís. En la playa hay poca gente. Nadie le reconocerá.
-Pero ¿quiénes son ustedes?
-Estamos aquí de vacaciones. Vivimos en Madrid… Somos muy aficionados al cine y sería un honor para nosotros recibirle en nuestra casa…
-¿Mañana?
-Mañana, a las once y media vendremos a buscarle.
Hoy Roman Polanski, el viudo de Sharon Tate, el superfamoso director de cine, perseguido por la Prensa de todo el mundo porque en Los Ángeles se está celebrando el juicio contra los asesinos de su mujer, ha estado con nosotros durante más de cuatro horas. Se ha puesto el traje de baño en mi habitación y allí ha dejado la ropa mientras esquiaba y tomaba varias copas en compañía nuestra, de mis padres, de la familia francesa que le prestó la embarcación, de su amiga Soky, una inglesa que conoció la noche anterior en una “boite” de Marbella, y de su amigo Taron, un americano, universitario, que viaja también en el avión negro de mister Hafner.
Cuando le recogí en el hotel salió con un periódico inglés, en la mano. Iba leyendo las últimas noticias del juicio de Los Ángeles
-¡A esto no hay derecho! Fue su saludo.
-Resulta que ahora dicen que la policía ha encontrado películas pornográficas en mi casa.
Roman Polanski habla un francés perfecto. Llevábamos diez minutos entendiéndonos en inglés hasta que recordé que mi interlocutor ha vivido cuatro años en París.
-¿Y, esto, le puede ocasionar complicaciones?
-No creo que a mí me compliquen en el asunto. Pero las cosas se están poniendo feas y no me gusta el camino que va tomando el “affaire”. Sí… estoy preocupado.
Tiene un aire distraído. Parece pensar en muchas cosas a la vez. Lleva en su cuello una medalla de oro que, mientras esquiaba, colgó del mío. En el reverso, un San Cristóbal y una inscripción: “San Cristóbal protégenos”. La inscripción está escrita en inglés. En el anverso hay una estrella de seis puntas, la de David, y otra leyenda: “Sharon, love” (Sharon, amor”).
-¿Es un regalo?
-Sí, me la regaló ella…
Polanski miró al suelo de la motora como entristecido: Se puso una tabla y se lanzó al agua. Le costó elevarse sobre el mar pero, al fin, lo consiguió.
-Es un gran esquiador – me comentó el dueño de la embarcación, mi vecino de “El Chaparral”, un coronel francés, piloto de “mirages”.
El divo se cansó pronto. Una hora de esquí náutico fue suficiente.
-Me mareo. Estoy muy mareado, vamos a la playa.
Le presenté a mis padres. Le presenté a Claude, la hija del coronel y a su amiga. Le presenté a Juana Biarnés y a más gente. Juana le había hecho ya varias fotos con teleobjetivo y había dejado una cámara encima de una mesa para poder trabajar sin espantar al personaje, como si hiciera fotos familiares…
Mi gente estaba aleccionada. Ellos eran los que tenían que preguntar durante las tres horas que nos quedaban de reunión. Yo no podía levantar sospechas.
-Debe de ser muy molesto que le persigan a uno los periodistas, ¿verdad, señor Polanski?- preguntó mi buen amigo el coronel francés.
-Muy molesto: Usted no lo sabe bien. Mire, la otra noche fui a una fiesta del señor Banús, en Andalucía la Nueva, y tuve que marcharme a la media hora porque no me dejaban en paz. Aquí, en España, no he hablado con ningún periodista. Estoy harto de esa gente. Lo único que buscan es morbo.
Yo procuré hacer pocas preguntas. No quería descubrirme. Polanski empezó a tutearme.
-¿A qué te dedicas en esta vida?
No dudé en mentir: “Yo soy médico, como mi padre. Pero, ya te he dicho, me gusta el cine… Estoy encantado de tenerte aquí., con nosotros. ¿Tienes proyectos inmediatos?”
-Estoy pensando en una película que voy a comenzar a rodar. Esta tarde me voy a Londres.
Interviene Claude, mi encantadora amiga francesa: “¿De qué tratará la película?”
-Quiero hacer cine realista. Será algo de ambiente medieval. Yo creo que estoy cansado del cine que he hecho hasta ahora. Quiero renovarme.
-Pero “Rosemary’s baby”- en España se llamó “La semilla del diablo” – y “Repulsión” son dos películas que han tenido mucho éxito, ¿no es cierto?