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ODRÍA escribir del posado de las ministras en la revista “Vogue” con el único y malintencionado interés de meter el dedo en el ojo a quienes les ha molestado comprobar que las ministras que no son de derechas, ni son feas ni tienen bigote. Pero es que me dan igual los argumentos a favor y en contra. Prefiero a las ministras posando en “Vogue” que al ex ministro Cascos fotografiado en “¡Qué me dices!” poniéndole los cuernos a su mujer por enésima vez (atenta, María de la Hoz, que no eres la primera ni serás la última. La cabra tira al monte y Cascos también).
Pero bueno, a lo que iba; que como me da igual, prefiero hablar de otras mujeres. Cambio de tercio.
En 1997, un programa de Antena 3 llamado “Lo que necesitas es amor”, en su afán por unir parejas rotas por algún motivo (les traía al pairo que el motivo fuera o no grave) y en su deseo de arañar audiencia fuera como fuese, sentó junto a Jesús Puente a un señor de carita redonda y gesto bondadoso que pedía a su mujer que le perdonara porque “sólo le había dado cuatro guantazos”. Estaba arrepentido, decía él. Y continuaba diciendo el angelito: “Para evitar disgustos, e incluso crímenes, que por el crimen yo he llegado a amargarme por completo, lo único que quiero es que vuelvas, por favor. Un beso, cariño”.
La mujer se llamaba, aún se llama, Isabel y respondió ante las cámaras a su petición con esta frase: “La primera vez que me pegó tenía un mes de embarazo y un mes de casada. Él me lo quería quitar a base de golpes, diciendo que antes de tener una bruja en su casa prefería verme muerta”. Isabel, afortunadamente, se libró de una muerte segura. La que no se ha librado es la segunda mujer del tipejo. Ya está muerta. Él también, porque se cortó la yugular. Por mí, como si le dejan pudriéndose al sol de Cádiz.
En el pueblo gaditano de Villamartín, donde ocurrieron los hechos, testigos presenciales han relatado que hay tensión. En uno de los bares se comentaba pocas horas después del asesinato de la mujer que “algo habría hecho”. No tengo comentario alguno a esto.
Los responsables del programa “Lo que necesitas es amor” y de Antena 3 no repararon en sentar en el plató a un tipo que reconocía haber maltratado a su mujer; un tipo que incluso mencionaba el crimen entre su planes. La audiencia es la audiencia.
Antena 3 tenía una especial querencia a reunir en plató a maltratadas con maltratadores, porque esto tiene mucha “chicha”.
Sería fácil pensar que cuando esto ocurrió, en 1997, nos faltaba a todos la suficiente concienciación en el tema del maltrato y no sabíamos ver las dimensiones que en realidad tenía el monstruo. Pero no, porque hay referencias de hace sólo año y pico. Otro programa de la misma cadena con presentadora innombrable, tuvo la genial idea de llevar a plató a una mujer canaria aburrida de recibir palos, porque su marido, que acababa de salir de la cárcel por agresor y por haber abusado de sus hijos, había dicho ante las cámaras en la puerta de la prisión que lo primero que iba a hacer era matarla.
Las autoridades canarias tuvieron que esconder a la mujer y a los chavales y ponerlos bajo protección. El tema se conoció en toda España. Pese a ello, el programa la localizó y logró convencerla para que, de incógnito, volara a Madrid para contar su historia. La mayoría de la redacción se emocionó: “¡Menudo temazo!”, “¡Cojonudo!” “¡Qué historión!”, “¡Vamos a arrasar!”... Una mínima parte calló, mientras otra insignificante representación vomitaba.
Una genio descerebrada tuvo de repente la siguiente idea: “¿Y si localizamos al marido para que entre en plató sin que ella lo sepa y nos dé su versión?”. Alguien interrumpió su vómito para decir: “¡Pero cómo vamos a meter en un plató a los dos si el juez ha dictado una orden de alejamiento!”. La misma genio descerebrada, que mandaba mucho, respondió: “Nuestra obligación con la audiencia es contar las mejores historias”. La premura de la tele salvó a aquella mujer, quizás, de una muerte en directo, porque no hubo tiempo material para localizarlo, meterlo en un avión y que hiciera su aparición sorpresa en el programa. Se intentó entonces que entrara por teléfono, pero, finalmente, no pudieron encontrarlo.
Ya llevamos 41 mujeres asesinadas y seguramente terminaremos el año con más de sesenta o setenta. U ochenta, o noventa... no lo sé, porque hay demasiados asesinos sueltos. Como dato sirvan estos dos: el día 13 de agosto, en cuatro horas y sólo en la provincia de Alicante, fueron detenidos cinco hombres por las palizas a sus mujeres. En Huelva, durante el mes de julio, hubo 52 detenciones.
Y como alguno se estará haciendo a estas alturas la pregunta de “¿Y hombres? ¿Cuántos muertos hombres hay que nadie se ocupa de ellos?”, desde aquí les digo que ahí tienen el foro para ponerse en evidencia ustedes solitos.
Lamento comunicar a quienes se han tomado esto como una competición que los únicos hombres muertos (de los que tengo noticias en los últimos siete meses) directamente relacionados con la violencia doméstica son los que se han cortado el cuello o se han pegado un tiro después de matar a su mujer.
Me atrevo a recomendarles sin pudor que dediquen sus esfuerzos a criticar a las ministras en “Vogue”. Les mantendrá más entretenidos.
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