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  Firmas Invitadas - Edición Nº 155
Semana del 18/02/2005
Vicente Aleixandre, libertad y amor
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Joan Pla
R ESTABLEZCO, después de muchos años, el contacto con Lucrecia Romera, aquella becaria argentina, licenciada en Letras y grande de la poesía, que vino a España a doctorarse y preparaba, cuando la conocí, una tesis sobre Vicente Aleixandre y que vivía realquilada en el piso madrileño de Petri Hernández Martín, la salmantina que vive ahora en Ginebra, justamente en el apartamento de Rosa Regàs. Mira tú de qué manera acabo de hacer una triple carambola con tres entrañables musas de mi zurrado corazón: Lucrecia, Petri y Rosa. Pero lo que yo quería es hablar de Vicente Aleixandre. Por eso he rebuscado entre mis viejos papeles, para mandársela a Lucrecia, una larga carta que le escribí al poeta sevillano, unas horas después de su muerte, en 1984:

“Bien sabes tú, que estás en los cielos o en el punto capital de todas las nociones y noticias, que mi vida profesional, desde aquel día en que nos conocimos en Miraflores de la Sierra, ha pasado por muchos trances. Juan Chávez, aquel fotógrafo peruano que te hizo las fotos para mi entrevista, optó por la poesía del corazón y ahora le vemos, más viejo ya que el mear, siempre en los tinglados de la revista "Hola", retratando preñadas famosas y sonados adulterios de la "jet set", fiestas y salones de la nobleza en sus ostentaciones, reyes y príncipes alegres, reinas y princesas tristes, como las de Rubén, actores y actrices en su macana espectacular y magnates en el delirio de su irresponsabilidad social, desventurado estímulo de millones de personas sin cultura y con capacidad de ensoñación. El pequeño Juan Chávez, el que predicaba su afección a su paisano César Vallejo y presumía de ser un cruce de tres leches - inca, indígena y español - y que tanto te divertía con su jerga peruana, calificada por mí de "hispanoparlante" y por ti de "disparoparlante", no regresó jamás a Lima y se instaló, como digo, en la revista reina del corazón y allí recibe su salario y, entre otros beneficios, el afecto de la Casa Real, del Gobierno y de otras instituciones y entidades de solemne predicamento popular y altisonante. Mira por donde, un poeta de la fotografía, que iba de becario para las altas técnicas del arte de la imagen, votó sus aventurados huesos de emigrante a la rentable aventura de retratar el "corazón" con que se alimenta la inmensa mayoría de los lectores del mundo entero.

Con el advenimiento de la libertad de expresión, paraíso del que tú nunca fuiste expulsado, porque ya eras poeta mayor cuando llegó la censura con su espada de la victoria, los curritos del verbo tuvimos que optar por alguna de las siguientes vías de desarrollo profesional: O la toma de conciencia social y política, que nos abocaba venturosa y dolorosamente al periodismo de investigación y, en la mayoría de los casos, al desván de las publicaciones, o la dedicación al comentario y a la columna de opinión, por la que algunos alcanzarían tanta notoriedad como adocenamiento progresivo, puesto que, desde el 77 hasta nuestros días, no ha habido innovación alguna en los términos y modos del comentario político y social, proliferando, eso sí, los inflagaitas del momento que, ora a favor, ora en contra, no han sabido analizar más elementos que los del bien y del mal, del azul y del rojo y, en suma, han llegado a aburrir a las ovejas con tanta simplicidad de análisis, al tiempo que medraban los mercachifles y se imponía en los medios de comunicación la supremacía de los ricos sobre los inteligentes, la de los militantes políticos sobre los creativos independientes, la de los leales al poder político y empresarial sobre los leales a su propia libertad y, por último, la entrega incondicional a la propia personalidad profesional e ideologías propias, lo que, en ocasiones, condujo a más de uno a tener que tragarse - o a vomitar estrepitosamente en el destierro - los mayores y más repugnantes sapos que le sirvieron en su propia mesa de trabajo los dirigentes de turno.

(Recordemos aquí, desde el olimpo eterno del más allá en que radica la poesía de la vida, los casos de tantos y tantos ilustres colegas que se pasaron años en los pasillos de RTVE, sin más alternativa que la de cobrar sus sueldos sin hacer nada, porque su estilo y su libertad no cuadraban con los planes políticos de quienes detentaban (bien dicho está el verbo “detentar”) el poder, ocasional y transitoriamente. Recordemos aquí, mil nombres de "vetados" en los medios, al albur de los que se fueron montando en el machito sucesivamente. Recordemos aquí, finalmente, a los colegas que transitaron de la empresa oficial a la empresa privada, sin más pretexto que la ampliación de sus campos de libertad de expresión y sin más razón, también hay que decirlo, que el aumento de sus ingresos económicos. Y recordemos, para cerrar el paréntesis, a los periodistas y pensadores que, para subsistir, tuvieron que trocar su ideal de perfección profesional y de progreso por la sumisión asalariada a determinados gabinetes de comunicación e imagen de determinados prebostes públicos, instituciones, entidades y empresas. Así, cuando preguntas ahora por el paradero de determinados comunicadores célebres, que han desaparecido del mapa, ya no te dicen que se hundieron por ser contrarios al poder político, sino que son "jefes de prensa" o "directores generales" en algún ministerio, etc.)


Hablábamos de la libertad, en tu casa de Miraflores, y yo te había preguntado, sin reticencias: "¿para qué sirve un poeta, para qué sirve un político o, dicho de otra manera, qué haría un poeta si tuviese el poder de los políticos gobernantes y qué haría un gobernante si se le infundiese el poder y la libertad de los poetas ?". Tu contestabas con la profundidad de tus poemas. Decías:"la libertad de los políticos es el cúmulo de largas cadenas que surten de los lutos y la libertad del poeta es un adiós que centellea de póstuma ternura".

Lo que me dijiste acerca de la libertad que anhelábamos todos, en aquellos años de sumisión general al poder omnímodo de un régimen político, es que la libertad no se alcanza con los años ni con el cambio de sistema gubernamental. Entendí y anoté, pero no pude publicarlo entonces, que nunca alcanzaríamos la libertad plena, sin el esfuerzo cotidiano y sin el trabajo personal, e intransferible, de ir a buscar las palabras, porque en la palabra radican todas las esencias de la libertad. Y añadiste que, a tus setenta y tantos años de entonces, cuando todavía no te habían dado el premio Nobel de Literatura, tu libertad consistía en esforzarte cada día en ir a buscar palabras.

De hecho, sólo aquellos que han sido dueños absolutos de la palabra, los poetas, cualquiera que fuese su profesión en la vida, (médicos, albañiles, abogados, contables, buhoneros, arquitectos, comerciantes, ingenieros, periodistas, etc) han gozado de plena libertad, ahora y siempre." No puede haber libertad para quien sabiendo que algo es blanco - tampoco se publicó entonces - nos dice que es negro y se queda tan tranquilo".

La madurez te trajo los frutos de una copiosa cosecha de libertad, maestro. Yo tomé nota y ahora, cuando evoco tu personalidad inolvidable, te agradezco tus palabras y me permito resumirlas en esta carta que ahora te mando a tus señas de eternidad. Fuiste un poeta conceptual en tu juventud. Tus libros "Ámbito" y "Sombra del Paraíso" me acompañaron en mi andadura por un mundo de truhanes. Supe que buscar la pureza absoluta era condenarse, en vida, al fracaso más absoluto. Creí contigo en la miseria humana y en la tolerancia, en la democracia y en la libertad. Proclamé en mi escrito el amor que me inspirabas y algún amigo, cuyo nombre ya conoces desde la eternidad, me preguntó brutalmente: "¿Eres maricón como todos los poetas ?". Esa pregunta sí que estaba permitida entonces. Tu obra escrita, inmortal, nos ayudará a poseer las palabras y la libertad que implican. En ello estamos, maestro…”
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Edición 64 - ‘¡¡¡Joder, qué gorro!!!’, dijo un gallego.
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Edición 59 - Conocer al colega, por si las moscas
Edición 58 - La otra guerra del 25 de mayo
Edición 57 - Chumy y la pregunta inocente
Edición 56 - Portocolom de mis pecados
Edición 55 - Nacionalista... ¿por qué no?
Edición 54 - Anson, Lara y más prebostes de la patria mía
Edición 53 - Honor a 60.000 euros
Edición 52 - El gol de Kubala
Edición 49 - El gallo de ‘Pueblo’ y sus 200 plumas
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Honorio Feito
Hugo Alberto de Pedro (Buenos Aires)
Ignacio San Miguel
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Javier del Valle
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Jesús Ansebar
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José A. Baonza
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José Manuel G. Torga
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