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STE artículo fue publicado el día 10 de mayo pasado en el diario “Ideal” de Almería, en la columna semanal que ocupo.
Conocía perfectamente la enfermedad que aquejaba a mi padre y quise reconocer públicamente mi amor por él.
El pasado martes la muerte decidió dejar de jugar con todos nosotros y Pepe Pozo falleció. Gracias a un médico excelente y muy humano, su desaparición se ha producido con la misma dignidad que demostró toda su vida.
Al final del artículo aclaro algunos conceptos para los que no conocen Almería.
Gracias por leerlo y un abrazo a todos. Es mi duelo particular que quiero compartir con el infinito espacio de este invento de Internet que tanto asombraba también a mi padre.
MI padre está muy enfadado últimamente porque no sale a la calle. Está el hombre en pleno chequeo médico y dolorido con la espalda. Me dijo el otro día que un médico le había dicho que tenía que darse cuenta de que ya es mayor, y que otro le recomendó salir y tomarse tres chatos en el Puga o en el Quinto toro. El caso es que llevo unas semanas que, cada vez que lo llamo a la Ciudad Jardín se pone al teléfono fijo, cuando hasta hace unas pocas semanas no lo pillaba ni en el móvil. Me fastidia que haga caso al más conservador de los dos especialistas. Sobre todo, porque me ha demostrado desde zagal que hay que mirar hacia delante, pase lo que pase.
Este Pepe Pozo de mis amores, que se ha recorrido la Península entera físicamente y que conoce el resto del mundo al mejor estilo Julio Verne, me ha enseñado con esa actitud suya tan independiente que la libertad es el primer valor verdadero del ser humano. Cuando les di el disgusto de su vida, a él y a mi madre, la sombrica en la que yo descansaba, de que no quería ejercer el tradicional oficio familiar de letrado no dijo ni pío. María, mi madre, sin embargo, no paró de piar su tremendo enfado porque había elegido vivir de escribir. Un oficio con el que «te vas a morir de hambre», me decía aquella gran mujer. Pero se tuvo que aguantar, porque en eso salí a Pepe. Libre y consciente de querer equivocarme solo. Y se tuvo que aguantar, porque el marido y el padre había dicho con un gesto aquello de que tú tira para adelante que yo te apoyo.
Fue el único oyente que me llamaba, cambiando la voz para que no me diera cuenta, a la Radiocadena del 'membrillo', aquel programa que hacíamos por las noches. Fue el que le prometió a Antonio Maresca que me iba a convencer de abandonar los vaqueros rotos y la bolsa guarra colgada del hombro para ir a la Diputación con aquel invento del 'Caimán'. Era el que me orientaba para localizar fuentes fiables cuando tenía que escribir informaciones complicadas en 'La Voz'. Era el que nos hacía sangrías, cuando hartos de periódicos y de radios, nos íbamos a la casa de San José a seguir soñando con la información veraz. Hasta se atrevió a venirse a trabajar a un despacho que pagamos a medias en la Plaza de San Pedro cuando intenté ser más libre profesionalmente de lo que me iban a permitir. Cuando me fui a Sevilla, me contó el eterno chiste de la Giralda que nunca ha terminado de contar porque se cae de la risa. Y cuando me fui para Málaga, me habló de la calle Larios y Puerto Banús. A Murcia vino a verme hasta con un lumbago porque unos amigos habían organizado una matanza casi en su honor. A Valencia no le di tiempo que llegara, igual que a otros lugares por donde he corrido. Ahora, en Madrid, no dejo de asombrarme cómo me puede seguir enseñando desde el sillón de su casa calles, monumentos, tascas y demás particularidades de una ciudad para que me sienta a gusto y sea feliz. Creo que Pepe Pozo tiene la mayor parte de la culpa de que siga enamorado de este oficio de periodista; por seguir diciéndome con mucha discreción que hay que ser honesto en la vida para poder contar la verdad de las cosas que pasan. Por eso quiero reconocer que me ha enseñado a ser libre. Una de las cosas más importantes que me han pasado en la vida. Gracias, Padre. Y vete al 'Quinto toro'.
NOTAS:
Quinto Toro: Bar muy conocido de Almería donde mi padre me enseñó a beber manzanilla. El Puga es otro bar donde hacen las mejores gambas con gabardina. Los dos son de los más tradicionales de Almería.
Ciudad Jardín: Barrio de Almería en el que tenemos la casa familiar.
Membrillo: Programa nocturno de radio que dirigí entre 1983 y 1984.
Antonio Maresca: Presidente de la Diputación de Almería en los primeros años ochenta.
Caimán: Revista mensual que dirigí en Almería durante cuatro o cinco años.