Suscribete al resumen de prensa Recomienda la página a un amigo
Época II - Año XIII
Edición Nº 3901
Vistazoalaprensa.com
Agregar a favoritos
Página de inicio

Imprimir
Diario digital en español: Prensa, confidenciales, artículos recomendados, firmas invitadas y mucho más...
 
 sábado, 25 de mayo de 2013 ESPAÑA
Sumario
Cartas al Director
Prensa
Artículos
Firmas invitadas
Contraportada
Encuesta
Chat
Foro
Compras
Directorio
Medios
Postales
Libro de visitas
Buscanoticias
Enlázanos
Servicios
Buscador
Tiempo
Loterías
Euroconversor
Once
Callejero
Carreteras
Pags. Blancas
Mapa de virus
Ocio
Reflexiones
Humor
TV online
Cine
Teatro
Salud
Radio online
Consciencia
Informática
Montañismo
Encuesta
¿Va Rajoy por el buen camino?
 
  No
  No sé
  Haz click para votar
   
 
 
  Firmas Invitadas - Edición Nº 21
Semana del 27/07/2002
Esta monarquía nuestra


Enrique de Aguinaga
D IGO para empezar, contra corriente y sin rodeos, que no estoy conforme con la idea recurrente de una monarquía de Franco, felizmente frustrada y sustituida, no menos felizmente, por la monarquía democrática. Lo digo, en el proceso de objetivación histórica del franquismo, que apunta trabajosamente. Lo digo, por supuesto, con todo respeto para las personas que manifiestan aquella opinión, a la que enfrento las cuatro proposiciones siguientes, resumen de muchos argumentos y documentos.
1. Franco restaura la Monarquía.- Este es un hecho histórico y evidente. Franco (con todo lo que supone) es históricamente autor de la II Restauración (justamente a los cien años de la Primera). Para algunos (Fernández de la Mora), Franco sólo es esto:

“Franco no tuvo una ideología y el único acto eminentemente franquista a lo largo de su historia como Jefe del Estado fue la aceptación de la Monarquía para su sucesión y la elección de los Borbones como familia dinástica de España”.

Una Restauración sin Franco es históricamente inimaginable. La propia Familia Real admite y declara que la Monarquía volverá con Franco o no volverá. Si icronicamente , se suprimiera lo que ahora se considera nefando golpe de Estado de 1936 , lo más probable sería que hoy estaríamos en cualquier consecuencia de la República; pero no en monarquía.
Sabino Fernández Campo (1999) lo dice con autoridad reconocida:

“Sin la guerra civil española y el triunfo de las fuerzas de Franco, la Monarquía no hubiera tenido demasiadas posibilidades de volver a instalarse en nuestro país, donde sólo quedaban reminiscencias nostálgicas”.

Si, por otra parte, se pretendiera una restitución histórica (como la que se ha hecho con las Brigadas Internacionales) habría que volver al 17 de julio de 1936 y no al reinado de Alfonso XIII, a quien, con sus herederos, Franco redimió de la tremenda condena por alta traición, que la República le impuso el 26 de noviembre de 1931 y que, de no mediar aquella intervención, hoy seguiría pesando sobre los Borbones.

Franco nombra directamente a su sucesor, a título de Rey, y éste se corona con los presupuestos y los requisitos establecidos por la Restauración de Franco. El propio Rey lo reconoce solemnemente en sus discursos y sus declaraciones urbi et orbi:

“Nunca permito que hablen mal de Franco en mi presencia porque uno tiene que aceptar de donde viene. Y fue ese hombre quien me puso en el Trono (traducción literal del inglés, 1993)”.

“En los día que siguieron a la muerte de Franco, el Ejército hubiera podido hacer lo que le diera la gana. Pero obedeció al Rey. Y seamos claros, le obedeció porque yo había sido nombrado por Franco, y en el Ejército las órdenes de Franco, incluso después de muerto, no se discutían”.

2. Con perseverancia y paciencia.- Franco tiene y declara desde el primer momento (en plena guerra) el designio de la Restauración, que es el argumento de todo su reinado (el Estado Español se declara constituido en Reino, en 1947). Lo que ocurre es que esta operación, de marquetería china, la tiene que hacer con tanta perseverancia como paciencia, porque la hace en las condiciones más diversas y más adversas, que tiene que ir toreando (al mismo tiempo que torea toda suerte de tensiones interiores y exteriores), tanto contra el sentimiento de mayorías sociales (que le apoyan), como contra el sentimiento de minorías monárquicas (que le acucian). La necesariamente larga marcha (López Rodó) es una obra maestra de evolución semántica (ahí están las hemerotecas) y de vaselinización política (más hemerotecas) a la que Franco dedica los redondeados cuarenta años.
Todos, desde el Rey (Vilallonga) hasta la última memoria (Licinio de la Fuente) admiten que en la España de la postguerra no había sentimiento monárquico y que Franco rema contra corriente. En definitiva Franco (causa de la causa) acaba metiendo en la barca de la Restauración a Girón, a Tierno, a Tarancón, a la duquesa de Alba, al generalato, a la Banca, a Campmany y a la vecina del 17.

3. Sin predeterminación alguna.- No es cierta la confrontación entre la Monarquía de todos y la Monarquía del 18 de julio. Al final de la larga marcha, Franco sólo nos deja la Monarquía, sin predeterminaciones, sin condiciones.
Muchos recordamos que en 1958, en el proceso semántico, el Estado Nacional adopta la forma política de Monarquía, tradicional, católica y representativa (Principio VII del Movimiento Nacional); pero pocos recuerdan que, previamente a la designación de sucesor, Franco declara a la Prensa que la Ley Orgánica del Estado establece los cauces para la posible alteración de los Principios Fundamentales (en esta misma declaración Franco dice que “no podemos prescindir del mundo capitalista liberal en que vivimos, que condiciona nuestra labor y que, dentro de él, hemos de perseguir los logros sociales más ambiciosos que sean compatibles con la situación general).

Antes, en 1966, hace una declaración pública que va a ser su argumento hasta la muerte:

“Conforme los años pasan, se hace necesario preparar el campo nacional a que discurra y viva por sí mismo. Yo no puedo hacer más que agotar mi vida en vuestro servicio; que sean los españoles y el propio esfuerzo nacional el que se defienda. Las leyes pueden establecer y abrir nuevos cauces, pero la acción tiene que ser eminentemente popular”.

Esta idea (incluyendo expresamente la posibilidad de los partidos políticos) ya está en la gran entrevista de Groussard (Le Figaro, 1958) que deberían releer con especial atención los que suelen opinar sin lectura ni estudio. Así, a partir de 1969, ni en sus declaraciones ni en sus conversaciones con el Príncipe sucesor ni en su testamento, Franco fija condición alguna a la Monarquía que lega.
En aquel orden, en el testamento, lo único que Franco pide es afecto, lealtad y colaboración para el Rey de España, Don Juan Carlos de Borbón ( Un gran periodista antifranquista dice que sería injusto no reconocer a este texto [el testamento] profundidad y emoción ). Y, ya en la agonía, al Príncipe sólo le pide una cosa (es decir, no le pide ninguna otra): que mantenga la unidad de España. Antes, respondiendo a las reiteradas demandas del Príncipe, se niega a darle consejos, según el testimonio literal del propio Rey:

“No es interesante [le dice Franco] porque cuando tengas que hacerlo tú [gobernar], lo tendrás que hacer de una manera completamente diferente a como yo lo he hecho”.

En 1974, su última declaración periodística (su otro testamento, desconocido por Preston, hasta que se lo descubro en carta de 1997) no deja lugar a dudas. Franco concluye con estas palabras:

“Nunca se encontró un pueblo en mejores condiciones para entrar en el futuro. Tienen ustedes los medios. Lo demás está por hacer. De ustedes es ya toda la responsabilidad”.

¿Dónde está, pues, la llamada Monarquía del 18 de julio, si no se entiende, como sostiene el profesor Ignacio Sotelo, que la actual Monarquía es efectivamente la Monarquía del 18 de julio, que, según ha escrito Rafael Borrás, se trasmuta, en 1978, en la Monarquía parlamentaria que nos rige ?

4. Y la deja atada y bien atada.- Frente al pronóstico de Carrillo (Juan Carlos, el Breve), los veintisiete años transcurridos desde el 22 de noviembre de 1975 (fecha de la II Restauración, con su estampa histórica del juramento en las Cortes) han confirmado plenamente aquel aserto de Franco, que recordaba Fernández Campos: “Su sucesión en la persona de Don Juan Carlos fue lo único que Franco dejo atado y bien atado”.

A quienes han analizado seriamente el contexto de la expresión atado y bien atado, referida inequívocamente a la Monarquía, les tiene que asombrar la simpleza con que, en tantas ocasiones y por tan sesudos varones, se ha comentado tan superficialmente. Su antología es un monumento a la verborrea, que se salva en juicios solventes como el ya citado y, en este punto, poco leído, profesor Sotelo, catedrático de Ciencia Política de la Universi
Opina sobre este artículo Compartir: Menéame Enviar a un amigo
 
Otros artículos del autor:
Edición 141 - Reconciliación
Edición 89 - El abrazo
Edición 79 - ¿Quién se ha reconciliado conmigo?
Edición 78 - Ramón de periódicos
Edición 61 - Defensa del consumidor
Edición 59 - Por el reconocimiento final
Edición 58 - Imposible Madrid
Edición 57 - Más que un periódico
Edición 56 - Rey Gaspar para siempre
Edición 55 - Recuento de almas
Edición 54 - Españópolis
Edición 53 - Transmadrileño Ramón
Edición 52 - Santiago, cerrar y abrir
Edición 51 - Ese aire, esa luz
Edición 50 - Madrid, empresa nacional
Edición 49 - Madrid y su crónica interminable
Edición 48 - Parisino, parisiense
Edición 47 - ¿Profesión periodística?
Edición 46 - Jubilación: Vivir con poco (y 3)
Edición 45 - Jubilación: Señoras y señores (2)
Edición 44 - Jubilación: Arte de subsistir (1)
Edición 42 - Madrid D.F.
Edición 41 - Hombres contra animales
Edición 40 - San Isidro pocero
Edición 39 - La otra casa
Edición 38 - Sin ataduras
Edición 37 - Participaciones
Edición 36 - Conferencia sobre "José Antonio en su centenario (1903-2003)"
Edición 36 - La vida es lotería
Edición 35 - Suerte sorteada
Edición 34 - Manuel del Palacio en su contexto
Edición 33 - Obsesiones
Edición 32 - Puñetero callejero
Edición 31 - Comunicación Social y Verdad
Edición 30 - Censura invisible y profesionalización
Edición 29 - Aquí hubo una guerra
Edición 27 - Más difícil
Edición 26 - Letanía del periodista
Edición 25 - No sé lo que me pasa
Edición 24 - Vengo a devolver mi nombre
Edición 23 - José Antonio y Azaña
Edición 22 - MISTERIO DE LO MADRILEÑO. (Madrid, fábrica de cultura)
Edición 20 - Algo más que urnas
Edición 19 - Cela y las moscas
Edición 18 - Algo hay que hacer con Franco
Edición 17 - El siglo de los ancianos
Edición 16 - La resurrección de los vivos
Edición 15 - Hambre de gloria (Madrid, 1936-1950)
Edición 14 - A diestra y siniestra
Edición 13 - Sobre la Dictadura
Edición 12 - Sánchez-Silva, desde el pensamiento
Edición 11 - Mi hermano mayor, José María Sánchez Silva
Firmas
_
Abel Abascal
Alberto Acereda
Alfonso Berroya
Alfredo Amestoy
Álvaro Peña
Amilibia
Antonio Castro Villacañas
Antonio Martín Beaumont
Borja Álvarez
Carmen Planchuelo
Enrique de Aguinaga
Ernesto Ladrón de Guevara
Eulogio López
Félix Arbolí
Francisco Daunis
Gabriela Ardiles
Germán Lopezarias
Honorio Feito
Hugo Alberto de Pedro (Buenos Aires)
Ignacio San Miguel
Ismael Medina
Javier del Valle
Javier Neira
Jesús Ansebar
Jesús Pozo
Joan Pla
Joaquín Abad
José A. Baonza
José Luis Navas
José Manuel G. Torga
José Manuel G. Torga
José María Moncasi de Alvear
José Meléndez
Juan Pablo Mañueco
Juan Urrutia
Julen Urrutia
Luis Irazu
Manuel Salvador Morales
María del Mar García Aguiló
Marta Rivera de la Cruz
Matías J. Ros
Miguel Ángel García Brera
Miguel Ángel Loma
Miguel Martínez
Nieves Concostrina
Óscar Molina
Pancho Linde
Pascual de Bustares
Ramón Sánchez
Ricardo Navas-Ruiz
Vasco Lourinho (Portugal)
Víctor Corcoba
Wenceslao Pérez Gómez
Wifredo Espina
Yolanda Cruz
Yolanda Salanova
Zain Deane (Nueva York)
Cartas al Director
 
Google
 
Web vistazoalaprensa.com

Quiénes somos | Contacte con nosotros | Política de privacidad

Optimizado para Internet Explorer 6 con resolución 1024 x 768
© Copyright Vistazoalaprensa, S.L. 2001-2012