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OMO el año, turísticamente hablando, no debe ir muy bien, no nos lo están contando. Debe ser que ahora no toca, a pesar de que esta industria aporta un 12,1 por ciento del PIB a la economía española. Cuando los datos son buenos, el turismo es una “industria vital para la economía española, con un crecimiento continuo de más de un punto porcentual entre 1996 y 1999, durante los cuales el consumo receptor pasó de 23.318 millones a 33.601,8 millones de euros”, según palabras del secretario de Estado Juan Costa cuando comenzó la campaña 2002.
Es tan importante este negocio que, según un extenso estudio que debe ver la luz muy pronto, ha sacado a España del aislamiento en el que se encontraba. En 1960 recibimos a seis millones de extranjeros y ahora nos visitan, durante el verano preferentemente, 75 millones de personas.
Con estos datos me atrevo a decir que el turismo es para España mucho más importante que Perejil, Rivaldo o la boda de Jesulín de Ubrique. Sin embargo, llegado ya al mes de agosto, no encuentro en casi ningún medio de comunicación reflexión alguna sobre la caída en el número y en la calidad de los turistas (tanto interiores como exteriores). Lo que sí se encuentra son muchos anuncios de agencias de viajes ofertando gangas por doquiera e incluso advirtiendo que en tal o cual playa todavía queda sitio.
Sin embargo, están ocurriendo cosas tan absurdas como que el ministro Jaume Matas diga que la bajada de turismo en Baleares se debe exclusivamente a la aplicación de la famosa ecotasa y que, sin embargo, su propio departamento difunda que la comunidad Balear está, al día de hoy, a la cabeza de la recepción de turistas entre todos los destinos españoles.
EL frío dato aportado por la encuesta de ocupación en alojamientos turísticos del Instituto Nacional de Estadística (INE) certifica que Baleares lidera la ocupación hotelera, con un 73,83 por ciento, seguida de la Comunidad Valenciana, con un 62,50 por ciento; Canarias, con un 59,40 por ciento, y Cataluña, con un 58,74 por ciento.
Al mismo tiempo, el presidente de la Comunidad Balear, Francesc Antich, da una rueda de Prensa y dice que con los 31 millones de euros recaudados con la “nefasta” ecotasa van a actuar en espacios naturales, parques naturales, patrimonio histórico y cultural, promoción de agricultura y ganadería y espacios turísticos en Menorca e Ibiza durante los próximos tres años.
Durante la misma semana, la Fundación Biodiversidad, presidida por la secretaria general de Medio Ambiente (Ministerio de Jaume Matas) y gestora de 90 millones de euros del Fondo Social Europeo, anuncia que va a dedicar una gran parte de su presupuesto a limpiar las playas de Baleares.
Mientras tanto, en otro destino turístico de máxima prioridad como es la costa de Andalucía, el Ministerio de Medio Ambiente se niega a invertir un euro en limpieza de playas, a pesar de que existen 19 con bandera azul entre Huelva y Almería.
El Ministerio de Medio Ambiente, el mismo de antes, sólo ha firmado, hasta la fecha, “el convenio de colaboración de la Dirección General de Costas con el INEM correspondiente al ejercicio 2002 para la limpieza, mantenimiento y conservación de las playas andaluzas” con el Ayuntamiento de Cádiz, casualmente presidido por la candidata del PP para las próximas elecciones autonómicas. Además, está también por ver que se cumplan los compromisos políticos adquiridos por el Gobierno central en construcción de infraestructuras y equipamientos públicos.
No obstante, la propia presidenta de la Fundación Biodiversidad, Carmen Martorell, se explaya en A Coruña y dice que hay que apostar por un “turismo sostenible”, pero que esto no quiere decir que haya que establecer limitaciones, sino que hay que respetar el medio ambiente. Asombrosas declaraciones cuando su propio Ministerio está incumpliendo sus obligaciones, sobre todo, fuera de Baleares.
Lo más curioso es que cuando llegue la campaña electoral estoy convencido de que en Baleares se hablará de lo limpias que están las playas gracias a las inversiones del Ministerio de Medio Ambiente, mientras en Andalucía la candidata del PP asegurará que, salvo sus playas, las demás de Andalucía son un desastre por culpa de la Junta de Andalucía.
Todo esto, además de parecerme injusto, me parece una gran tomadura de pelo y una negligencia innecesaria, sobre todo si, todavía, hay maderas con púas oxidadas en las playas andaluzas producto de la última juerga de San Juan y que nadie se ha dignado a limpiar a estas alturas. Así, Baleares seguirá siendo el primer destino, seguirá pudiendo cobrar su ecotasa, podrá regenerar más playas y rehabilitar más patrimonio histórico. Perversa política.
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