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UANDO escuché el término “metrosexual” por primera vez, me sentí acomplejado. ¡Caray con las connotaciones de esta palabreja! Más tarde, me tranquilicé al saber que el término no hacía referencia a medida o aparato alguno, sino que es un vocablo incunable que se aplica a una persona cuidadosa, hasta el extremo, de su apariencia física, y que, por darle carácter a su imagen, es capaz de cualquier cosa: se depila todo el cuerpo, lleva ropas, zapatos y cualquier otro complemento de marcas de moda, sus cortes de cabello son cambiantes, y su “look” personal también; utiliza automóviles último modelo y de las mejores marcas; a veces se maquilla y es adicto a los masajes, las lociones, los perfumes y, ocasionalmente, al gel.
- Entonces tienen “plumas”, afirmó mi tío el del pueblo, cuando le comentaba mi confusión, y al contestarle que no necesariamente, se quedó pensativo y exclamó: “¡Ah ya sé! Así son los galácticos del Real Madrid.”
Creo que es cierta la conclusión de mi cazurro pariente. Menuda tropa la de los galácticos que ha reunido el llamado Pérez a precio de oro. Y es que don Florentino, el empresario de apellido Pérez, al querer convertirse en el pionero de la metamorfosis del fútbol español, transformando un conjunto de jugadores en una máquina de hacer dinero, no sabe en lo que se ha metido, pero lo va a saber muy pronto. Ya ha tenido los primeros atisbos. “Son muchos gallos en el mismo corral y muy bien alimentados” sentenció mi tío que tiene un doctorado en gramática parda.
Nadie puede negar que el mentado señor Pérez ha obtenido un éxito epatante. Cada vez que se abre la puerta del vestuario, desde la boca del túnel se desparraman por el césped miles de millones de las antiguas pesetas, como dicen los presentadores de concursos de televisión, que marea a cualquiera de los que tenemos que trabajar cada día para sobrevivir, y que, en la fantasía de los aficionados, cubren la hierba de relucientes monedas de euros.
Pero a pesar de esa especie de tesoro de Creso en que se ha convertido el club blanco – es un decir-, dentro y fuera del país los que siguen el fútbol están llenos de dudas y de confusión: ¿Dónde está el tan cacareado mejor equipo del mundo? ¿Qué papel interpretan esas “estrellas”, aparentemente rutilantes pero visiblemente cansadas, que saltan al campo en cada partido y que desde abril de este año, en que se derrumbaron ante un Barça que había comenzado a salir del hueco, no volvieron a ganar un solo juego en lo que quedaba de temporada?. Éstas y otras, son preguntas comunes pero lógicas, que se ha venido haciendo, y se hace, la afición, desde entonces.
El señor Pérez apostó por el fútbol-espectáculo, lo que es situarse en lo que los antiguos vienen en llamar la modernidad; sin embargo, parece que, por posibles lagunas en sus conocimientos de fútbol y en los vericuetos de la condición humana, a lo que une, eso sí que con seguridad, el fallo de alguno de sus asesores, afortunadamente ya ausente, el que tenía que ser el “Equipo Sol”, terminó la Liga y la temporada pasada en el fracaso más rotundo, y comenzó la nueva temporada como un barco desarbolado y sin rumbo y envuelto en el escándalo.
El tan mentado don Florentino, con una filosofía de nuevo rico, pensó, o a lo menos lo parece, que “el mejor equipo del mundo” se consigue a golpe de billete, y todo lo que ha logrado es un conjunto de petimetres engreídos – que en sus equipos de origen no lo eran, salvo Beckham – ocupados en hacer dinero con actividades extradeportivas, preocupados por su anatomía y su comodidad, por su imagen y, en definitiva, por si mismos. En el camino olvidaron, ellos y el señor Pérez, que ese “mejor equipo” sólo es posible jugando y ganando partidos, y para conseguir eso hay que olvidarse de cuantos dígitos tienen los depósitos de cada jugador en los bancos, y no tenerle miedo a que el contrario le mande unos días al hospital.
Sin embargo, de la calamitosa situación del club, en la que todavía se encuentra empantanado, los jugadores no son los únicos y principales culpables, como se ha querido hacer ver. El eje de esta vergonzosa debacle le corresponde, casi en su totalidad, al tan citado Florentino Pérez, quién, además de imponer sus ideas propias,- elaboradas, parece ser, que desde la óptica de que todos los negocios son iguales, y de que el pelotazo es un factor multiplicador aplicable a cualquier modo de ganar dinero- se dejó mecer por el “petit maitre” de Valdano, enamorado de la gomina y del “glamour”, y que le vendió la brillante idea de que Vicente del Bosque, posiblemente el mejor técnico que ha tenido “el Madrid” en los últimos diez años, estropeaba la imagen deslumbrante del conjunto de las estrellas. Y, en consecuencia, el entrenador-sorpresa , porque su éxito había pasmado a todo el mundo, incluido, posiblemente, él mismo, con tres títulos de campeón de Liga, dos de competiciones europeas, dos supercopas y una intercontinental, conseguidos en cuatro años, se fue a “la rua” porque era cojitranco, barrigón, bonachón, tímido y desaliñado, y era necesario un entrenador clonado del reluciente y atildado argentino, quién ya dejó de ser director general de club por la gracia de Dios. Así apareció esa inutilidad portuguesa, “metrosexual” y con un pobre y triste historial, que batió el récord de convertir a todas las estrellas en galácticos y “metrosexuales”, a imagen y semejanza del brillante domine austral y de sí mismo, y que en unos meses demostró que los equipos no se hacen con dinero sino con sudor y esfuerzo y jugándose el tipo en el césped. Entre Valdano y su carnal Queiroz dejaron al Real Madrid para el arrastre. Y don Florentino contando billetes, - porque el negocio sí funcionó-, pero en Belén con los pastores, futbolísticamente hablando.
Al portugués le bastaron unos meses para, a fuerza de mimos y carantoñas, transmutar a unos jugadores a los que admiraban los deportistas de todo el mundo, en una pandilla de vagos, enamorados de sí mismos como sus jefes, e incapaces de ganar un sólo partido. Eso sí, Queiroz cumplió a rajatabla las instrucciones del Presidente de que a los “muchachitos” no hay que molestarlos, pero sí consentirles juergas nocturnas y faltar a entrenamientos para cumplir los compromisos de las actividades extradeportivas, que dan mucho dinero. Y tanto. Figúrense que en este año estas actividades van a proporcionar al club ingresos para cubrir el cuarenta y siete por ciento de su presupuesto, que alcanza un total – hablo de memoria – de aproximadamente 600 millones de euros. Pues claro. Si a Beckham le pagaron 24 millones por afeitarse antes las cámaras con determinada cuchilla, y ahora le van a pagar 30 por dejarse afeitar la cabeza y la BP se va a quedar con la publicidad en las camisetas por otro par de decenas de millones para el club, y El Caserío, Rexona, Mahou, Sanitas, Solan de Cabras y Viceroy, entre otras empresas, patrocinan al equipo, la máquina de hacer negocio funciona, pero no la de hacer fútbol, En definitiva, el Real Madrid percibe el 50 por ciento de todos los ingresos de sus jugadores por venta de imagen , pero parece que nadie se pregunta en el club, ¿qué es primero, el huevo o la gallina?. Antes el Madrid era el mejor conjunto de la Liga española y puntero en el panorama europeo Y ahora... ¿sigue teniendo la dignidad, la categoría y el empaque de un verdadero equipo de fútbol?.
Por si faltaba algo en la sarta de disparates cometidos por del señor Pérez, al final se decidió, arrojó al petimetre del portugués por la borda y trajo a Camacho, lo que sirvió para que también saliera por la ventana el engominado Valdano. Eso sí: ambos sin que se les moviera un solo cabello. Lo que sucede es que no se le ocurrió que la entrada de Camacho en el vestuario del Real Madrid iba a ser igual que si hubiera metido una mula en una cacharrería. Los galácticos ya se habían convertido en una colección de delicadas figuritas de porcelana, frágiles y q
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