L
A cuestión no es el presente, que bien problemático y frustante es, sino el futuro. ¿Hacia dónde se encamina el Real Madrid?. Un equipo que hace dos temporadas era una locomotora imparable y que de repente, en el último tercio de la Liga pasada, entró en un estado de atonía catatónica, sin explicación alguna, y comenzó a dar uno de los espectáculos más lamentables del panorama futbolístico español.
Una nube no hace verano. Es cierto que, después del desastre frente al B. Leverkusen, los madrileños lograron un espléndido segundo tiempo ante los romanos y levantaron sobradamente un resultado adverso, que tenía rechinando los dientes a sus forofos. Pero eso no cambia las cosas. Además, una cosa Europa y otra, muy diferente, es la Liga española.
Ver al equipo de las estrellas en ese vergonzoso octavo lugar, como si fuera un “ocupa” que ha encontrado un rincón dónde refugiarse, es de llorar. Todo lo que ha conseguido son cuatro goles a favor, frente a tres encajados, en cinco partidos bochornosos, en los que se ha demostrado que sus rivales le han perdido el respeto por completo, y con toda razón.
Y en la Liga de Campeones todavía nos tenemos que batir el cobre muy duramente para poder pasar a la fase siguiente. O sea, que estamos en un “veremos” con un equipo (¿?)
desarbolado, individualista y desmoralizado, que ofrece en cada juego –salvo en la etapa complementaria del encuentro con el Roma- una visión desoladora y ridícula del otrora imparable conjunto, al que, ahora, los demás equipos, hasta los mas modestos, tratan de tú a tú..
CUANDO LOS DIOSES JUGABAN AL FUTBOL
ESE es el panorama, pero ¿qué se está haciendo para remediarlo? Esa es la cuestión. Hacía cuarenta años que no escribía de fútbol. Ya, entonces, quedé curado de espantos sobre las crisis en los equipos. Se daban, sobre todo, en el rendimiento de determinados jugadores, y el “bajón” se curaba solo o con la ayuda de los compañeros y del entrenador, que, en aquellos tiempos, no se llamaba el técnico. Pero esos jugadores eran seres mortales, que jugaban como dioses, cobrando poquita cosa y disfrutando de su juego más que un niño con un lápiz y una pared blanca.
Ahora no. Ahora los futbolistas son seres privilegiados y si son del Real Madrid no pertenecen a este mundo, o, a lo menos, así parece que lo creen ellos. Ese es “el milagro del señor llamado Pérez”, quién intenta emular a Midas, aunque futbolisticamente hablando, por lo que se ve, lo que toca no lo convierte en oro sino en todo lo contrario.
Pero como iba diciendo, tras cuarenta años de no querer saber de fútbol, el señor Pérez, con su brillante planteamiento del glamouroso Madrid, me hizo volver al redil en junio del año pasado. Su “negocio redondo” hacia fácil predecir que el marketing y el espectáculo iban a acabar con la calidad del fútbol del conjunto. Lo dije entonces y, ahora, se ha confirmado.
Volví a escribir la semana pasada y he vuelto ésta, con la promesa de que será el último de mis comentarios sobre el tema porque no se puede aburrir al personal, pero si es necesario puntualizar algunas cosas.
TRAS LAS BAMBALINAS
POR ejemplo, el señor Pérez, llamado también Florentino, se está llevando la sorpresa de que su equipo no es tan excepcional como creía y que está corriendo el riesgo, y lo ve tan próximo que casi lo toca, de que el negocio le haga tanta agua como el “Titanic” que, en barco, fue una versión de la historia del Real Madrid: El mejor trasatlántico del mundo, la “ciudad flotante”, se fue a pique sepultado por su propia alharaca, por la superconfianza en su poder y en su fuerza. El Madrid de Florentino tomó media docena de jugadores, ya a punto de pasarse de edad o de peso, los pagó a precio de oro, los glorificó, se convirtieron en galácticos y después en metrosexuales.
Al tiempo, empezó a disfrutar pergeñando alineaciones, como le gustaba hacer en la construcción, sin establecer mucha diferencia, al parecer, entre alinear ladrillos o jugadores. Y tuvo la suerte de encontrar un técnico, bueno donde los haya, tanto como persona que como profesional, que, supuestamente, se plegaba a sus deseos. Y todo fue bien hasta que descubrió que el tal técnico no era tan dócil como pensaba, y se pasaba por debajo de la nariz –que es un buen sitio para pasarse cualquier cosa- muchas de sus indicaciones y también las del gentil y repeinado Valdano. No importó el rendimiento ni la evidencia de que las decisiones del entrenador, con respecto al vestuario, fueron las debidas. Adiós al poco decorativo profesional y sigamos con la glamour. En la sucesión de disparates, la espantada de Camacho era previsible porque el señor Pérez seguía dirigiendo el vestuario y el vestuario pretendía dirigir al técnico, y ¿a quién dirigiría, entonces, el entrenador? ¡Qué charada!. Consecuencia, que ahora, García Remón, conocido más bien como García “Marrón”, que uno y bien grande se está comiendo el buen señor, cualidades ambas, -la de señor y de bueno- que no hay quién le discuta, pero, aún así, con su historial, nadie puede aventurar que sea la solución para un equipo desvencijado como el que lo han puesto a dirigir, integrado por lobos con el colmillo retorcido y cansados de soportar el peso de sus depósitos bancarios, o de sus posaderas a la hora de correr o disputarle la pelota al contrario.
LA SOLUCION AL ALCANCE LA MANO
¿Y dónde está la solución? Dios lo sabe. Sin embargo, cualquier intento de darle empuje a ese club, que fue insignia, pasa por “limpiar” esa plantilla de pesos muertos, ya desgastados, y revitalizarla con sangre joven de esas formaciones inferiores, en las que el Madrid cuenta con una abundante y buenísima cantera, que se integren en el primer equipo con ansías de gloria más que de dinero. Que se conviertan en una competencia y un acicate para muchos de esos metrosexuales, los cuales, si quieren ser titulares tendrían que ganárselo cada domingo en el césped. Dicho con claridad: “Menos caciques y más indios”.
No es fácil que el tan mentado señor Pérez tenga corazón para una cosa así, pero si no se pone musical y le echa bemoles a la crisis, acabará siendo comido, aún con una afición como la del club blanco que, posiblemente, sea la más fiel y leal de España. No debe olvidar el ejemplo del Barcelona, y aprender la lección del club “culé” que con voluntad, trabajo, esfuerzo y no demasiada inversión, hoy está en cabeza de la Liga, muy merecidamente, siete puestos adelante del equipo de los astros, las estrellas, y el “no va más”; de los” hijos de don Floro”. Y obsérvese que el equilibrio del club catalán lo ha llevado a juntar a Ronaldiño y E’Too, dos figuras que se complementan o se destruyen, así parece que ambos lo han entendido o se lo han hecho entender. Eso es inteligencia e hilar fino. Aplíquese el cuento, señor Pérez.