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ECONOZCO que siento vergüenza de lo que voy a describir.
Gerona, 20 de mayo. A las doce de la mañana, un grupo de voluntarios encuentra a Julián Ceballos Pérez, de 70 años de edad, en el interior de un pozo de regadío muerto. El hombre salió tres días antes para ir al médico.
Granada, 12 de julio. Agentes de la Policía Local encuentran a un hombre de 80 años postrado en un colchón en el suelo de una de las habitaciones de su casa, rodeado de montañas de basura que sus hermanos fueron acumulando en la vivienda. La Policía Local tuvo que evacuar al hombre por la ventana, porque la cantidad de basura acumulada bloqueaba la puerta.
Ribeira (A Coruña), 24 de julio. La Policía Local localiza el cadáver de Héctor Alonso Iglesias, de 76 años; lleva varios días muerto en su domicilio. El cadáver se encuentra en avanzado estado de descomposición; puede llevar entre tres y cuatro días muerto.
Madrid, 2 de agosto. Una mujer de unos 65 años es encontrada muerta tumbada en el suelo de la cocina. Según lo médicos lleva muerta varios días. Los vecinos de la anciana dicen que no sabían nada de ella desde hace seis días.
Jaén, 6 de agosto. Una mujer enferma de alzheimer ha pasado cuatro días conviviendo en su casa de Martos (Jaén) con su esposo muerto sin darse cuenta de que éste había fallecido. El cadáver del marido, Rafael C.V fue encontrado porque unos amigos preguntaron a la mujer por su cónyuge y ésta contestó que llevaba varios días tendido en el suelo sin querer levantarse.
Lo de más arriba son sólo algunos casos escogidos al azar. Se nos mueren los viejos, los ancianos, las personas de la tercera edad, como ustedes quieran llamarlos. Se nos están muriendo como una costumbre más, abandonados y en soledad. A pesar de que ahora contamos con todos los medios tecnológicos para que esa vida no se pierda de una forma tan triste y humillante. Se mueren, y este ejército de cadáveres olvidados se está convirtiendo en un problema nacional que nadie acaba de contemplar en toda su amplitud.
Esta es la realidad.
Escuché el otro día por la radio a un médico especialista hablando de este asunto. Decía que se ha convertido en un goteo constante en la Prensa durante el verano, e insinuó que gran parte de la responsabilidad es de los familiares, que se van de vacaciones y los dejan abandonados a su suerte.
La alcaldesa en funciones de Madrid, Mercedes de la Merced, ante la constante aparición de mayores muertos en sus casas durante este verano, también ha aportado su grano de arena: “A todos nos preocupa la muerte de mayores solos, pero muchas de esas noticias tienen una importante carga demagógica. Muchas de estas personas están en perfecto estado de salud hasta que les sorprende un infarto o una caída, algo repentino, algo que nos puede dar a cualquiera”. También recordó la alcaldesa que, pese a que los Servicios Sociales ofrecen la Ayuda a Domicilio a numerosos ancianos solos, “muchos la rechazan porque no quieren dar la llave de su casa a nuestros servicios”.
Lo de la demagogia supongo que lo diría porque IU intenta capitalizar el asunto y, al aparecer el número 65 muerto en una casa de la capital, ha denunciado que no funciona una unidad móvil que debe funcionar, y que el Plan Gerontológico Nacional es un desastre olvidado por todos.
Lo que no entiendo es por qué los de IU han esperado hasta el número 65 para denunciar esta situación.
Y en medio de este sálvese quien pueda, que yo no tengo la culpa que la tiene el de al lado, escuchamos en los relajados cursos de El Escorial más doctas opiniones. Es la propia Administración, diciendo lo que hay que hacer para que no pase lo que está pasando, pero que sigue ocurriendo. Durante esos cursos universitarios de “veraneo” sólo habían aparecido 55 muertos. El mismo día que moría Hector Alonso en A Coruña, el director general de Farmacia de la Comunidad de Madrid, Javier Hernández Pascual, nos contaba a los menores de 50 años que asegurar el envejecimiento de la población tendrá, entre otras consecuencias económicas, la alteración de las cuentas de la Seguridad Social, y obligará “a un mayor esfuerzo en la financiación” por parte de las administraciones.
Lo de siempre. Hace falta dinero, y como todavía no es negocio cuidar de los viejos a domicilio, no hay empresas privadas que quieran subvencionarse para realizar el trabajo que debe hacer un Estado moderno con un vergonzoso superávit en la Seguridad Social.
Hernández Pascual explicó que sólo en Madrid hay más de 700.000 personas mayores de 65 años, y más de 305.000 con una edad superior a los 75 años. Y dijo más: “Nos preocupa la calidad de vida de estas personas”. En el mismo curso, una homónima de Pascual en Galicia admitió que en su comunidad, que tiene uno de los índices más altos de población mayor de 65 años en España -un 21 % frente el 17% de la media nacional-, “no cuentan con una política farmacéutica específica para mayores”. En la misma línea intervinieron responsables de Cataluña y Castilla-León.
Cuando termine el verano, seguramente, se presentará un estudio, y el año que viene, en los cursos de “veraneo” de El Escorial, otro director general nos dirá que durante el año 2002 murió tal tanto por ciento menos de personas mayores solas en sus casas.
O a lo mejor El Corte Inglés, Eulen y alguna compañía de seguros se asocian para crear un nuevo sistema de “vida-vida” que, por lo menos, vaya a confirmar que el señor del 5º derecha no ha muerto todavía.
En medio de este maremágnum de cifras, opiniones y declaraciones políticas, un hombre en Córdoba, el pasado 23 de junio se fue con sus 70 años a cuestas a dar una vuelta. Anduvo tanto que se le olvidó que tenía una afección respiratoria y que necesitaba oxígeno artificial para respirar pasadas unas determinadas horas. Dijeron que su muerte se debió a causas naturales. Yo más bien opino que fue por causas personales.
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