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  Firmas Invitadas - Edición Nº 34
Semana del 01/11/2002
En el cielo no hay televisión


Alfredo Amestoy
N ADIE sabe cómo vamos a salir, pero los españoles entramos en el siglo XXI “como niños con zapatos nuevos” o “como abuelos con un bisnieto”. Esto es más que aquel “milagro alemán”…¡Como que parece un milagro de San Josemaría!
Si la llamada “calidad de vida” dependiera de la “cantidad de vida”, seríamos el país más feliz del mundo. Porque a cantidad, incluso de años de vida, nadie nos aventaja. Nuestras cifras ya no son europeas, sino americanas: más de de diez millones de ordenadores, quince millones de coches, veinte millones videos, veinticinco millones de receptores de televisión, treinta millones de teléfonos móviles...
El sueño de todo español era tener algún enchufe, ahora por culpa de tantos aparatos, de tantos transformadores y de tantos cargadores, todas las paredes de la casa están cableadas y los rodapiés llenos de enchufes.
¡Estamos en la gloria! Bueno, estamos en la gloria suponiendo que en la gloria hubiera tantos adelantos…En el Juicio Final que pintó Miguel Ángel en la Capilla Sixtina , con ser el acontecimiento más importante de la Historia del Hombre ( y de la Mujer), no se ven ni micrófonos, ni focos, ni cámaras … Y, naturalmente, allí no aparece teléfono alguno, ni fijo ni móvil. Y eso que aquello es enorme y el día del Juicio será necesario controlar a billones y billones de personas y San Miguel tendrá que dar órdenes a legiones de “ángeles de seguridad”.
Conviene aclararlo todo porque hay mucha gente que es enterrada con el teléfono móvil. Algunas viudas, tan enamoradas como doña Juana la Loca, introducen en el féretro de sus maridos un teléfono móvil…Y ¡sin apagar! El problema que crean no es baladí. En el horno crematorio, si se trata de una incineración, el teléfono puede producir una explosión, igual que el marcapasos, que ya en la actualidad se le extrae al cadáver . Hace unos años no era así y quiero recordar que, por ejemplo a Dolores Ibarruri “La Pasionaria” o a Joaquín Calvo Sotelo, se les inhumó con marcapasos.
¡Hombre! que, al igual que los faraones que eran enterrados con papiros, joyas, comida, cada uno vaya a la tumba con lo que quiera, con marcapasos o con teléfono; pero…un poco de respeto. No alteremos el silencio sepulcral de los cementerios con marcapasos que durante años no van a dejar de funcionar, o con teléfonos que, en plena noche, pueden sonar sin parar.

CUANDO A MONSEÑOR AMIGO LE PIDIERON EL TELÉFONO DEL CIELO.

Déjemosles a los difuntos que descansen en paz. Y olvidémonos del dichoso teléfono. Tanto en la tierra como en el cielo. Y que quede claro que allí no hay teléfono. Así es. No lo ha declarado el Papa, que en este asunto a pesar de ser tan importante no sería infalible, pero sí lo ha confesado el Arzobispo de Sevilla:
“En el cielo no hay teléfono”.
Monseñor Carlos Amigo no tuvo más remedio que decirles la verdad y desilusionarles a los hijos del concejal sevillano Jiménez Becerril y de Ascensión García, asesinados por ETA, cuando en la visita que les hizo a su casa, los pequeños le pidieron el número del teléfono del cielo para llamar a sus padres. El arzobispo les contestó: “En el cielo no hay teléfono, pero si queréis hablar con vuestros padres, cerrar los ojos y hacerlo pensando en ellos. Os oirán”. La escena, que la ha relatado emotivamente “Alfa y Omega”, es un ejemplo de candor, pero revela hasta qué punto la cibernética tropieza con las Postrimerías. Cuando lo curioso es que las Postrimerías se tenían que llevar muy bien con la modernidad. No en balde a la muerte, juicio, infierno y gloria, se les llamaba- no sé si todavía- ¡los Novísimos!
De cualquier manera está claro que en el cielo no hay televisión. Hace muchos milenios que el Arcángel Gabriel tiene resueltos todos los problemas de comunicación entre el cielo y la tierra, y sin necesidad de satélites.
Parece ser que, hasta que desapareció ese lugar por un “divino decreto”, hubo televisión en el llamado Limbo de los Justos y de los Niños. Pero ocurrió que, no sólo los justos sino también los niños, pidieron que retiraran la “tele”, porque era peor que los tebeos, con programas muy ingenuos, dirigidos a seres muy retrasados o con un cociente intelectual inferior al de los recién nacidos que, como es sabido, eran mayoría en el Limbo.
Hay gente que cree que en el Limbo estaban en la higuera. Nada más falso.
Por el Limbo han pasado y, así lo reseñó Dante Alighieri, personajes como Virgilio. Y a Virgilio no le van a poner “Tómbola” o “Gran Hermano”…Vamos, digo yo.
Donde si hay constancia de que existe la televisión desde hace bastante tiempo es en el infierno. Lucifer pidió la licencia argumentando que, aunque ya funcionaba en la Tierra, nadie le discutiría a él la patente porque todo el mundo estaba de acuerdo en que la televisión era un invento “diabólico”.
El director de la televisión infernal es Caronte, que, como siempre se dedicó al transporte y a la navegación, al crear Lucifer un ministerio de Fomento, le ha adjudicado, además del Transporte , las Comunicaciones.

LA PROGRAMACIÓN DE “TELELUCIFER”

Como lo que sobran allí son mujeres vampiresas, aves turbadoras, venenosas sierpes, ingenuas y perversas, hay siempre “castings” y “operaciones triunfo” para elegir locutoras y presentadoras. En cuanto a los guionistas, casi todos proceden de Marte; dicen que no hay como los marcianos para producir programas “sulfurosos”.
Las emisiones son varias y múltiples, diseñadas ex profeso para cada grupo o clase de condenados. Y en lugar de círculos, que es lo que encontró Dante, ahora los lugares donde permanecen los condenados son diferentes salas de visionado.
Por ejemplo, en la primera sala siguen estando los maliciosos y los perversos. Para ellos se han producido series mucho más cándidas que “Heidi” o “La Casa de la Pradera”. Con argumentos tan blancos que Blancanieves o Caperucita Roja, a su lado, son películas X.
En el segundo círculo, donde según Dante estaban los lujuriosos, los programas son a base de dibujos animados con animales. Pero no hermosos animales como Bambi, ni siquiera como Mickey Mouse, sino carroñeros: cuervos y buitres dando cuenta de cadáveres horrorosos. Este canal lo lleva Cerbero, que como monstruo de tres cabezas, ya en tiempos de Dante, descuartizaba y desollaba de maravilla.
Para los golosos y los condenados por gula, hay una programación infernal. Consiste en tener que ver a todas las horas y por toda la eternidad, una y otra vez, los programas de Arguiñano y documentales sobre el Banquete del Rico Epulón, las cenas del Rey Baltasar, las meriendas de Lúculo, las Bodas de Camacho y los almuerzos de Orson Welles en “Las Pocholas”, de Pamplona… Siempre con la boca hecha agua, sin jamás probar bocado…Y lo que es peor, esta programación la han de contemplar en compañía de gente anoréxica que no soportan la visión de la comida, y entre nauseas y aullidos gritan y gritan que quieren morir.
A los avaros, a quienes Dante contempló “obligados a arrastrar grandes pesos, tan grandes como la fortuna que habían acumulado”, ahora les tienen viendo permanentemente “Los Miserables”, “Oliver Twist”, y documentales sobre Mario Conde en Alcalá Meco, sobre los herederos de las grandes fortunas discutiendo en las notarías, casos de sobrinos impresentables comprándose “Ferraris” y reportajes de viudas gastándose los euros y los dólares con cubanos veinteañeros.
A los iracundos, entonces sumergidos hasta el cuello en el fango de Estigia, y golpeándose unos a otros, ahora les tienen delante de una pantalla donde aparece la Madre Teresa, seria, con cara de tristeza y preocupación, y a la que el diablo les obliga a piropear continuamente, como si fuera Marilyn Monroe. Y eso “por los siglos de los siglos…”
La programación para los perezosos consiste en ver a los políticos de todo el mundo , salir de un telediario y entrar en otro, sin dejar de viajar y siempre como Tántalo cargados con pesadas carteras o con cajas y cajas de papeles con los presupuestos de sus países, a todas horas firman
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