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Época II - Año XIII
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 sábado, 18 de mayo de 2013 ESPAÑA
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  Firmas Invitadas - Edición Nº 138
Semana del 22/10/2004
Carta de un soldado de Flandes (2)


Óscar Molina
Del Alférez Molina y Rubyo.
Tercio de Don Alonso de Zúñiga.
Posta Militar de Flandes.

Al Padre Abad Antonio Montero y Villaplana.
Convento de la Encarnación.
Villa y Corte de Madrid.

Nijmegen, a 20 de Octubre de Mil Seis Cientos y Cuarenta y Uno




Estimado y Reverendísimo Padre:



Vayan por delante y en mi debe las excusas que sin duda le adeudo, por mi
escasa largueza en dar cuenta a Vuesa Merced de los sucesos y acontecimientos
que tienen lugar por estas tierras, adonde casi todos acudimos por vocación, y con
afán de servir, y donde algunos acaban estando por interés, con mente de
medrar, y lo menos posible arrimados a la trinchera.

Nos hallamos Padre, en tierra hostil do las haya, no por la menguada hospitalidad de las gentes que la habitan, sino porque el tiempo que sufrimos debe ser algo así como lo que el Altísimo tiene a bien disponer cuando toca destetar hideputas. La lluvia cala, el frío aturde, los charcos queman y el barro asola. Si a todo ello le une su Paternidad los avatares que al negocio que nos ocupa le son propios y que, como bien sabe Vuacé, no son pocos, se figurará un cuadro que quiera Dios acabe pintando Velázquez, pero que más me pega para El Greco, tan caro a los entierros. Para colmo, de vez en cuando diluvia mierda, la destos herejes que con sus emboscadas nos dejan poco sueño. Es quedar dormido y, día sí día también, escuchar el grito “¡Llueve mierda!”, seguido del consabido “¡Santiago y cierra España!”. Sentir ambos berridos y principiar a volar gallas y estocadas en todas direcciones es toda una. Pero bueno, Padre, a eso vinimos.

Y la verdad es que por lo que Vuesa Merced relata, peor pinta allá, en esa España do la sombra de Caín vaga errante, y no deja de teñir en su triste negrura todas las afrentas en las que se acaba tirando de blanca. Sepa eso sí Su Paternidad, que de algunas cosas sí tenemos noticia, y que ciertas nos entretienen sobremanera y nos distraen de todas las penalidades que se pagan por conservar el Imperio. Me refiero a esa vehemencia cortesana que ha entrado a las féminas del círculo del Valido, que hasta se hacen retratar en los Ecos de Sociedad (“Vogue” creo que lo llaman) con trajes y joyas de a mucho la onza. Tiene zumba Padre, que a estas conseguidoras por condición mujeril se les llene la boca de cercanía al vulgo, de devoción por los humildes, y luego se hagan pintar por lo mejor de la Cámara y engalanadas de achiperres que provocan envidia a la mismísima Reina Nuestra Señora. Más me parece a mí que se cumple aquello de que “A quien nunca tuvo bragas, las costuras le hacen llagas” y que estas listas de lo público no pudieron resistirse a que las inmortalizaran como lo que no son sino a causa de accidente, y que el hollar ciertos lugares y saber que en otra igual no se verán, las hace adoptar una altivez que su clase desmiente, y unos aires que a su natural desmaña le quedan como a un Cristo dos dagas al cinto. La risa entre la tropa vistos los bocetos anduvo plena de chanzas, pues les resultaba pintoresco ver a mujeres tales que las suyas, pero vestidas como damas de alcurnia. Y no me entienda mal, Paternidad, porque hembras excelentes en España las hay a millones, y desa excelencia dan cuenta en todas las industrias, pero dice poco del Valido que encumbre a éstas a sitios de responsabilidad más por tener que hacer cierta una promesa pública que por su mérito, demostradamente escaso.

Y ya tornando a todo lo que me cuenta Vuesa Merced que de nuevo hay por mi querida España, le diré que yo andaba por allá en la negra jornada en que mataron a doscientos madrileños, y en las que la siguieron. Y recuerdo cómo el nuevo Valido Rodríguez, Conde-Duque de Astorga, y los suyos azuzaron al populacho contra Aznárez, Marqués de Quintanilla de Onésimo, culpándole de la matanza mientras le arrojaban insultos y escarnios de la peor laya ; y no me olvido de en qué manera se enardeció a la gente para montar poco menos que un motín contra él, y cómo con esos fuegos se encendió la estrella del de Astorga. Pero lo peor no eso, lo peor es que hemos enseñado el trasero en Mesopotamia, se han hecho burlas de nuestros Tercios por doquier en el ancho Mundo, y ahora resulta que Vuacé me relata que el otro día cazaron a otros con designios parejos, con las del Turco, queriendo volar los Juzgados y matar a Corregidores insignes y todo paisano que por allá parara. Total Padre, que hemos hecho un pan como unas hostias, porque para el viaje de doblar la cerviz y que luego nos sigan atizando no hubieran hecho falta alforjas de talante. Espero que aprenda Rodríguez que eso de hincar la rodilla no renta sino moneda falsa, y te muda a alfombra para que te pisotee a modo quien sepa subirte las criadillas al gaznate. No lo digo yo, Padre, lo dice la Historia; claro que para saberlo hay que haberla leído.

Y para colmo, me relata Vuesa Merced que empieza a saberse que cuando Aznárez apuntaba a los del Norte no caminaba por rastro malo, que del estofado tuvieron aroma todos los infiltrados que el Conde-Duque tenía en Palacio y se dieron de patadas en el culo para cascárselo, y que el morito del otro lado del Estrecho cuando menos algo sabía. Que ya no está todo tan negro sobre blanco, vaya. Pues qué le digo Padre, le digo que si algún día alcanza a hacerse verdad toda esta sospecha, espero que se monte aparato parejo al que mandó a los de Aznárez de vuelta a casa, porque si no, habré de confirmar con amargura que la sombra de Caín de la que le hablaba más arriba es más alargada que un día sin un chusco.

De lo que acá si hemos tenido larga cuenta ha sido de la retahíla de denuestos que la nueva Corte dispensa al Papado. Se ha sabido que Rodríguez anima a las demás naciones a que deserten de Mesopotamia, y que para el desfile del Día de España se les regaló con sonora patada en el tirapedos. Hay que ser lerdo Padre, porque la Santa Sede tiene sus cosas, pero como aliado no encontraremos otro tan principal, y de asnos es el andar de continuo agraviando a quien ya ha dejado claro que no se queda con nada de nadie, y con cumplida prontitud te devuelve lo que con tan escasa elegancia le mandas. Parece mentira que una nación como España ande en manos de quien no le cabe un piñón en el culo para soltar la húmeda, en particular si es para ofender, y no está en la inteligencia de que las palabras deslucidas y los actos afrentosos tienen el inconveniente de que una vez echados no pueden volver a su dueño, y a veces hay quien te las devuelve, pero a medianoche, detrás de una tapia y con padrinos. Por lo demás, a mí me parece que esto no es más que el reflejo de odios tan añejos como el mejor Rioja, y de amargorcillos que delatan a todo aquél al que la pelusa le pinta la cara con asiduidad recurrente. Lo sabe Vuacé a la perfección, nada tienen de raro esos desplantes regalados por quien sufre de humores escépticos, y descarga ese estreñimiento con el que en el fondo admira. Ahora preferimos pelar la pava con Richelieu, y sacarle bien brillo al trasero. Valiente boñiga, Padre, todavía está por llegarnos su auxilio cuando el morito empezó a enredar, y aún tendremos que llorar la soledad en que nos deje si de verdad empiezan a pintar bastos. De fijo vamos a ver en cuánto tiene su compromiso el francés, y cuán grande es la higa que le importamos.

¿Y dice Vuesa Merced que el Gobernador de Cataluña, ese tal Pérez Cara-Revirá ha conseguido de Rodríguez el cambio de las placas en los carruajes? Voto a tal Padre, que resulta asombroso con cuán pequeñeces se llena el espíritu de los insignificantes, y qué premioso está el Valido en complacer con majaderías a quien le tiene como a mí ayer el sacamuelas, vendido y en sus manos, tal que le habría entregado lo que le hubiese petado con tal de acortar el trance. Claro que las bagatelas, bagatelas son, pero siempre llevan curso, y acaban deviniendo en cosas de comer. Y estos rufiancillos, peritados en el sirle, pronto echarán ojo y mano a la cartera, la hacien
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