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OMO todo el mundo recuerda, don Rafael Vera Fernández-Huidobro fue el secretario de Estado para la Seguridad que, amén de desarrollar una tenebrosa actividad en la lucha anti-terrorista, estuvo comisionado por su gobierno (del PSOE, por supuesto) para mantener las no menos recordadas “conversaciones de Argel” con la cúpula etarra y cuyo resultado mas visible sería el de despojar al Estado de cualquier atisbo de dignidad en sus compromisos internos y externos al servicio de la ciudadanía. Ahora, convicto – pero no confeso -- de haber cometido graves delitos de malversación, se ha sentido con capacidad suficiente para lanzar un arrogante reto al Estado de Derecho, conculcar las más elementales normas de respeto a la independencia del poder judicial y verter gravísimas insidias sobre la normalidad cotidiana de nuestra convivencia.
Se podría conceder la atenuante de un desahogo verbal, en vísperas de su inmediata vuelta a la prisión donde sus muchos yerros le han conducido y sería, incluso, explicable –que no justificada-- la utilización mayestática de los servicios prestados como paliativo de su condena. Lo que es de todo punto inadmisible es que se haya servido de un altavoz tan resonante como el del diario “El País” y que haya merecido los honores tipográficos de la empresa editora, con una extensión y un formato verdaderamente inusuales. Porque, una de dos, o el señor Vera tiene profundas vinculaciones ideológico-mercantiles con la entidad, en cuyo caso la independencia del periódico queda hecha añicos, o los tentáculos de aquel “sindicato del crimen” –como recordaran los actuales socios del gobierno Zapatero-- son demasiado contundentes en el cobro de los intereses de la deuda contraída durante los catorce años de “felipismo”.
Es demasiado “ostentórea” (que diría el fallecido Jesús Gil) la disyuntiva precedente y demasiado burda la argumentación de atribuirse el liderazgo de la neutralidad informativa en todo el mundo occidental, cuanto se vierten expresiones tan parciales y sesgadas, nada menos que en la página editorial de “El País”. Un elemental principio de rigor expositivo hubiera aconsejado guardar las formas en la presentación del documento que roza la comisión de otro nuevo delito, como sería el de “asociación de malhechores”. Véanse algunas muestras elocuentes: “La verdad, la caballerosidad, el silencio y la ley, valen muy poco frente a la injuria, la mentira, la manipulación, el odio, la hipocresía y la cobardía...” “¿Por qué tanta hipocresía con lo que pasaba entonces? ¿No apoyamos públicamente guerras más sucias que aquellas, con miles de muertos inocentes y detonantes de nuevas actividades terroristas?...” “Quiero pedir disculpas a los que se sientan ofendidos (¡) por esta carta..., a los compañeros que no han entendido lo que paso en aquellos años o en los inmediatamente posteriores. Y a Dios, aunque poco lo he sentido a mi lado, entonces y ahora...”
Es decir que, por mucho edulcorante que se quiera emplear, un texto de semejante naturaleza debiera llevar a la fiscalía general del Estado, cuanto menos, a la apertura urgente de una serie de diligencias procesales en ejercicio de sus funciones de tutela del interés público sobre las materias que inciden en el acatamiento a la ley y en la salvaguarda del ordenamiento jurídico. Desgraciadamente, tanto el señor Vera como la empresa editora que le sirve de caja de resonancia saben perfectamente el terreno que pisan y conocen de primera mano lo difícil que seria a su actual titular iniciar el procedimiento de rigor en un momento en que su vinculación con el Gobierno que le nombra le “obliga” a poner sordina en sus intervenciones “independientes”. Porque, como recordaran los lectores, el señor Conde-Pumpido tiene “obligación” de pedir responsabilidades penales al diputado del Grupo Popular –Jaime Ignacio del Burgo-- por el atrevimiento que supone haberse dirigido a uno de los imputados en la matanza del 11-M para intentar esclarecer alguno de los muchos aspectos oscuros de aquella masacre. Tamaña celeridad en el ejercicio de sus competencias serían un despilfarro de energías si se aplicasen al tema puntual que estamos refiriendo, porque chocarían frontalmente con su tolerancia en materias donde se puede evidenciar ciertas vinculaciones afectivas con los poderes establecidos o, lo que es más obvio, la catadura moral de quienes le honran con su confianza.
NOTA DEL AUTOR:
Enviada la anterior colaboración a VISTAZOALAPRENSA en la tarde del 21 de octubre, veo que en la edición de hoy, 22-10-04, el diario EL MUNDO publica la misma "carta al director", remitida por Don Rafael Vera, que publico “El País” en su edición del 21 y de la que hice el comentario; si bien en ésta, el diario que dirige Pedro J. Ramirez, destaca en negrita los párrafos más hirientes del mencionado texto.
Sólo me resta añadir que el despliegue de PRISA, VERA y sectores afines es más "ostentóreo" de lo que yo suponía.
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