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  Firmas Invitadas - Edición Nº 168
Semana del 5/20/2005
Nunca es triste la verdad...
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Óscar Molina
...lo que no tiene es remedio”.

Me gustan mucho las magníficas letras de Joan Manuel Serrat, y con frecuencia recurro a ellas para ilustrar mis ideas. Este fragmento que da título al artículo nunca llegué a compartirlo del todo, pero curiosamente me encanta. Creo que en el fondo encierra una contradicción, porque la falta de remedio a la Verdad no impide que pueda resultar triste; es más bien una invitación a aceptar la fatalidad, una declaración de abnegación hacia lo que no podemos cambiar, y un homenaje a los que miran hacia delante sin perderse en infructuosos embrollos mentales, alimentados por lo que pudo ser y no fue.

El caso, es que constato que algunas verdades pueden ser, y son, tristes; y sobre su remedio prefiero no llegar a divagar.

Porque es triste contemplar que habiendo recorrido un camino de ejemplar dignidad en el que nos hemos dejado casi mil rastros de dolor, haya quien se encuentre decidido a llevarnos de vuelta al punto de partida, a volver nuestros pasos al principio, en un marchar que inevitablemente dejará nuestras huellas sobre esas mil trazas, borrando su honrosa permanencia.

Es más triste aún que este retorno se alimente únicamente en razones de oportunidad política y para mayor gloria de un ego que no se conforma con exceder con creces la insustancialidad que lo define, sino que empieza a ser tan grande como para no dejar espacio a muchos españoles. Un ego excluyente, sectario y parcial. En tiempos del Imperio Romano, y durante los desfiles que seguían a campañas exitosas, se colocaba a alguien detrás del vitoreado general victorioso para repetirle sin descanso “Recuerda que sólo eres un Hombre”. Algo ha copiado Zapatero de la estética romana: el peinado de Calígula; pero no estaría de más que algún Pepito Grillo le recordara constantemente no sólo su condición humana, sino la forma en que llegó al Poder y su escasa talla para liderar desafíos que, aparte de quedarle muy grandes, hunden a la Nación en una sima de indignidad inusitada y hasta ahora nunca vista, en una sima de tristeza.

Y es que para tristezas, no es poco recado el que un Estado de Derecho se vaya de rebajas con una panda de asesinos, y no sólo se decida a sentarse en la misma mesa que ellos, sino que lo haga pagando anticipos sin nada a cambio (aparte de las cuatro bombas del domingo), representando al mentecato número uno a la hora de negociar, el único imbécil que paga por adelantado. ¿Dónde queda aquel salmo de la progresía que prefería morir de pie a vivir de rodillas? ¿Cómo pueden mofarse e intentar humillar a quienes se arrodillan ante Cristo, estos que quieren que acabemos genuflexos ante una banda de asesinos? ¿A eso se le llama ahora valentía en palabras del Presidente del gobierno? No me engañas ZP, tú, que ni siquiera has abierto la boca para condenar las cuatro bombas que pusieron tus nuevos compañeros de mesa y mantel, haces todo esto por un puto cálculo político. Tú lo sabes, si eres capaz de anunciar que ETA deja las armas, puedes convocar elecciones, y ganarlas holgadamente. ¿Lo que venga después? Pues como Scarlett O´Hara, ya lo pensaré mañana. Tú no sólo no eres valiente, es que estás instalando a España en una huida deliberada, en una retirada desordenada ante enemigos que no se chupan el dedo, y toman nota. Está muy bien eso del carisma, y la sonrisa, y las apestosas frases hechas vacías, pero para gobernar hace falta algo más: principios. Y tú no los tienes. Por eso vas de la mano con quienes también carecen de ellos y pactan treguas parceladas, o niegan el agua a los demás.

Tampoco los tiene tu escudero, Alfredo Pérez Rubalcaba, quien el otro día en la Tribuna de la soberanía nacional, ésa que habéis mancillado con la escolta del “Club de Perpignan” para poner tapadera a tu culo si acaban pintando bastos, trató de equiparar la actuación de Aznar con ETA con el sainete sangriento que nos estáis preparando. No cuela. No tratéis de comparar un Gobierno que pregunta a ETA si está dispuesta a rendirse sin contrapartidas políticas después de haber declarado una tregua, con la bajada de pantalones que tenéis entre manos. Bajada estrepitosa, que acabará incluyendo los calzoncillos y lo que los argentinos llaman el orto. Claro que sí, por supuesto, la gente no es tonta, ni siquiera los asesinos, tan majaderos, pueden evitar la tentación de seguir la senda que vosotros mismos mostrasteis al Mundo con la apresurada espantada de Irak. Mal movimiento amigos, mal movimiento. Mal cálculo el ni siquiera tratar de desvincular vuestra legítima promesa electoral con las bombas de los trenes. Aquí el que no corre vuela, y claro ha quedado a todo el que sea capaz de poner muertos sobre la mesa que sois un chollo, porque repito, carecéis de principios, y ese puto, putísimo cálculo electoral, esa mierda de homenaje a la contabilidad política sin escrúpulos va a poner de largo a quienes nos llevan matando más de treinta años. De momento suficiente muestra es ver la cara de lechón sonriente de Otegui, que está que no se lo cree, y que a la voz de “Ancha es Castilla” ejerce de portavoz indisimulado de esas desertoras del champú a las que habéis permitido sentarse en el Parlamento Vasco.

Y que nadie se lleve las manos a la cabeza. Lo que dijo Rajoy es terrible, pero no deja de ser otra triste Verdad sin remedio. Además la frase no es suya, esas palabras ya habían hecho acto de presencia en desgarradores testimonios de miembros del Partido Socialista, como Maite Pagazartundúa o Mikel Buesa. Los mismos a los que ahora se invita a afiliarse al PP, a los que se señala su nuevo destino: el corro de los apestados, la jauría de la Derecha intolerante y cavernícola. Además, no seamos mojigatos, aquí se ha llamado asesino, fascista y terrorista, día sí día también, a un Presidente del Gobierno sin que toda el rebaño socio cultural que os sustenta, toda esa panda de apesebrados y amigos del bolsillo propio, se alborote. Así que menos gritos Milagritos, que las palabras, palabras son, y el mismo salero que hay para soltarlas ha de tenerse para comérselas.

Pero mucho ojito, porque ese yo desmesurado, ese espejo falsario que agranda imágenes de escasa talla política y moral, esa absurda creencia de imprescindibilidad que os sustenta, ese afán de pasar a la Historia y meterse 200 diputados a la buchaca nos puede salir muy caro a todos. Porque los que vais a poner al otro lado de la mesa sólo saben matar; y vendrán a sembrar de su único fruto posible a nuestra España en el momento que se les acabe el paro, se cagarán en nosotros, en vuestros 200 diputados y pedirán más. De nada servirán entonces los nuevos sacrificios, como vanos queréis hacer los que ya contamos. De nada os habrá servido subiros al monte para bajar a quienes viven en él muy a gusto. Es más, cuando haya que buscaros, en ese mismo monte se os hallará, porque no fastidies, desde allí se ve todo mucho mejor. Y encima sin escoltas que os salían por un huevo. De nada habrán servido más de treinta años de un pueblo que no puede votar en libertad; de nada tantas miradas a los bajos del coche; de nada tantos llantos irreprimibles, tantos responsos, tantas paladas de tierra ni tantos ataúdes blancos; de nada tantos vascos que han tenido que abandonar su tierra; de nada el sacrificio de Rosa Díez, que no puede pasear por la playa sin gorilas, de nada las terribles 48 horas de Miguel Ángel Blanco, que estremecieron al Mundo. De nada, porque a vosotros no os estremece nada: sólo esa mierda, ese puto cálculo electoral; los 200 diputados.

Para entonces quien sabe si además de estar ante una triste verdad, no tenemos que darle la razón a Serrat: lo que no tiene es remedio.
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