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ROFESORA de Sociología en la facultad de Periodismo de la UPV, concejala del Ayuntamiento de Getxo por el PSE, Secretaria del Foro Ermua y ciudadana amenazada y víctima de atentado frustrado en el propio campus universitario, Gotzone mora está siendo víctima, además del terrorismo y del acoso de los nacionalistas, de su propio partido. (Cosas veredes, amigo Sancho…)
Un profesor universitario no nacionalista, puede estar en cualquier momento en el punto de mira de ETA. Pero además, estar obligado a dar clases a presos de ETA, en un ambiente caracterizado por ir contra la vida, la dignidad y la libertad individual y colectiva, es un atentado a la pluralidad y la democracia
Ignoro qué motivos —aparte de políticos— de sectores alineados con el nacionalismo excluyente, mueven a aceptar que profesores y estudiantes amenazados estén en la misma institución que quienes les imponen llevar escolta bajo amenaza de muerte.
Un acuerdo, hará más o menos un año, suprimió la Ley que permitía a los presos etarras cursar estudios universitarios en otra institución que no fuera la UNED. La medida (acordada por el PP y el PSOE) se fundamentaba en las comprobadas coacciones de los etarras contra profesores de la UPV para obtener el aprobado, merecido o no.
La Plataforma “Profesores por la Libertad”, cuya portavoz es Gotzone Mora, interpeló a Instituciones Penitenciarias, demostrando la cantidad de profesores y alumnos que se han tenido que marchar de la UPV a otras Universidades españolas a causa de la presión a que fueron sometidos. Profesores amenazados se han acogido a una normativa del Gobierno vasco para liberarse de impartir la docencia por no resistir más las presiones y amenazas. Podría decirse que se trata de un verdadero éxodo.
El PNV lleva veintitantos años ejerciendo su poder y extendiendo el miedo en la Universidad. La influencia de ETA y su entorno es responsabilidad de las instituciones vascas, bien por acción, bien por omisión: O se practica el fascismo o se traga. El régimen nazifascista se ha encargado de llevar a efecto su imperio ideológico a la praxis.
Que los profesores vayan con escolta, que se insulte y amenace en las aulas a los no nacionalistas, predisponen para el nazifascismo. Las paredes están plagadas de consignas “abertzales” —ETA mátalos—; eso se ha convertido en lo “normal” y “políticamente correcto”.
Gotzone Mora reclama con coraje que “no es digno llegar al poder a costa de humillar a las víctimas y a los amenazados”, temiendo que el PSE pueda estar alineándose con los nacionalistas excluyentes y califica de demagogia la actitud del PSE-EE con el colectivo de presos etarras, parece ser que para obtener alguna rentabilidad política de este grupo y sus adláteres.
Una de las últimas afrentas, si no la penúltima, inflingida a Gotzone Mora, quien recibió la ENCOMIENDA DE NÚMERO DE LA ORDEN DEL MÉRITO CIVIL, fue la vergonzosa acción del Delegado del Gobierno en el País Vasco, Paulino Luesma. Éste admitió que no había organizado ningún acto, como es de rigor: simplemente telefoneó a la profesora para informarle que su Orden había llegado a la sede de la Delegación, diciéndole que podía pasar a buscarla cuando quisiera o que se la enviaría por correo. ¿Qué temía?¿Incomodar a sus potenciales aliados nacionalistas?
Sorprendida por el desprecio que supone no organizar ningún acto en el que se le impusiera la medalla, como ha sucedido siempre, pasó a buscarla, expresando su malestar por lo que suponía un menosprecio hacia su persona y hacia la condecoración en sí misma por parte del delegado del Gobierno, que es, además, de su propio partido.
Las críticas de Mora no debieron gustarle al representante gubernamental; el tono de la conversación se fue elevando hasta que Luesma prácticamente la echó del despacho.
A raíz de estos hechos, Mora decidió enviar una carta a la Casa del Rey, —máxima autoridad de la Orden— y al Ministerio de Asuntos Exteriores, agradeciendo la concesión de la distinción y expresando su malestar por el trato recibido.
Después de la no entrega de la Encomienda, el Delegado del Gobierno acudió a una entrevista en Radio Euskadi en la que las declaraciones hacia la persona de Gotzone Mora consistieron en descalificaciones, incluso comentó jocosamente, refiriéndose a las afirmaciones donde Gotzone expresó que se sentía abandonada por su partido, Luesma reiteró que “yo creo no merece el menor comentario una persona que aparece lo mismo con el Secretario General del partido contrario”. Sinceramente me parece propio de un sectario.
La profesora de la UPV considera que esas declaraciones son impropias de un Delegado del Gobierno, para quien parecen existir dos tipos de ciudadanos; el de los fieles a las consignas oficiales del Partido Socialista y el las personas que discrepan con ese discurso por considerarlo erróneo.
La llegada del PSOE al poder, tras las elecciones del 14 de marzo, ha perjudicado a algunos socialistas vascos que, como la concejala del PSE-EE en Getxo, se han manifestado, coherentemente, partidarios de la línea política de unidad constitucionalista defendida por Nicolás Redondo, como sabemos, defenestrado por su propio partido, pasando por encima del electorado.
La dirección de los socialistas vascos, que encabeza Patxi López, desautoriza el discurso de Gotzone, que sufre ataques personales de su partido, además de continuas descalificaciones y críticas de sus compañeros por su posicionamiento político.
El colmo de la bajeza no queda en lo anterior: el presidente del Senado y secretario de los socialistas alaveses, Javier Rojo, ha utilizado su influencia interviniendo personalmente para conseguir la destitución de su puesto en el gabinete de prensa de la Subdelegación del Gobierno en Vitoria al hijo de Gotzone Mora, Unai Urruela Mora. Incalificable.
Tengo la suerte y el honor de conocer personalmente a Gotzone. Y puedo afirmar que de las personas comprometidas con la lucha por la libertad y la democracia, afrontando el riesgo y la crítica a causa de ser fiel a sus ideas y principios, es un referente para la ciudadanía sojuzgada por el nacionalismo excluyente y gobernante, con una visión de Estado que ya querríamos los ciudadanos considerados de tercera por los nazifascistas, formaran el bagaje político de personajes como Patxi López, Odón Elorza, Gemma Zabaleta y Eguiguren (seguro que me dejo en el tintero a más de uno, verbigracia, los ejecutores del acoso y derribo de Nicolás Redondo Terreros…) que tratan de devaluar la figura de una ciudadana comprometida con la paz y libertad sin concesiones interesadas, sea cual sea el partido que lo pretenda. Incluso el suyo propio. Y Todos ellos saben, como sabemos nosotros, que se juega la vida.
Pediría al PSE-PSOE que cese de dilapidar y poner al pie de los caballos a personas que forman valiosa parte del capital sociopolítico y humano entre sus filas. Que demuestre el respeto y la tolerancia que tanto preconiza por su propio bien. Somos legión los decepcionados por actitudes sectarias de una formación a la que cada vez más nos sentimos ajenos.
Yo, como tantos, (Se lo dije en su día a Rosa Díez) me defino como socialista sin partido. Deberían reflexionar y analizar a qué es debido este fenómeno progresivo.
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