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ENGO demasiadas preguntas a las que no encuentro respuesta. Y lo peor de todo es que no soy capaz de contestarme a mí mismo sobre uno de mis planteamientos favoritos: Zapatero, que me cae muy bien, ¿actúa con un plan preconcebido, del que forman parte los fuegos de artificio que, continuamente, enciende él o su gobierno, o, por el contrario, es que ni uno ni otros saben dónde tienen la mano izquierda? No digo “la mano derecha”, como debiera, ya que comprendo que no la quieran ni ver.
Porque, como he comentado con anterioridad, no se puede entender que, sin intención, se puedan cometer tantos desatinos ni conducirse tan disparatadamente. Por necesidad, por fe en la cordura del colectivo socialista y de cada uno de sus integrantes, hay que creer algo así como que el objetivo final del plan de gobierno es simular un desgobierno, provocar una crispación permanente hostigando o exasperando a sus adversarios, -que son muchos, aunque de momento sólo existe uno declarado-, descalificar a sus contrarios a la menor oportunidad, aprovechando para llamarles falsarios, matones, retrógrados y hasta golpistas o asesinos, de forma directa o velada, y accionar en la política interna, con preferencia, pero sin olvidar la exterior, con anuncios o hechos que conmuevan al personal y esas alarmas le distraigan y, sobre todo, le desconcierten.
Y el adversario único –declarado hasta ahora, dejando aparte al amigo Carod Rovira que no es un adversario sino un enemigo semiencubierto- cae en la trampa y se mantiene en tensión permanente y más acalambrado que la pierna de Ronaldo. Con lo cual el PP se está convirtiendo en un censor persistente e irritado, y ya se sabe que los “Catones” acaban por cansar a los demás y resultar repelentes.
NO ES CASUALIDAD
Todo esto me tiene desconcertado. Porque aunque un plan así parezca demasiado maquiavélico –nada es suficientemente retorcido para Rubalcaba – no puede existir otra explicación a tanta barbaridad que la de un proyecto perfectamente estructurado.
Veamos, si no, un ejemplo menor: Las imágenes de la “toma”, por llamarla de alguna manera, de Perejil, declaradas secretas por el Ministerio de Defensa ¿quién las filtró? ¿Con qué se justifica su difusión en estos días? ¿Qué aporta su conocimiento a los españoles? Sin embargo, a nadie se le oculta que en Marruecos no deben haber sido recibidas con palmas y aplausos. ¿Se quiere revivir esa reivindicación, absurda pero no muerta, de Marruecos sobre ése y otros peñones, sobre las aguas de las que emergen, donde por cierto se comenzaron unilateralmente por los marroquíes, no hace mucho, unas prospecciones petrolíferas, y sobre las ciudades de Ceuta y Melilla?.
Las relaciones con Mohamed VI, y su reino, parece que fueron anudadas por Zapatero, antes y después de su ascensión al Poder. Entonces ¿a qué viene la difusión de esas imágenes, que no añaden ningún mérito guerrero a nuestra acreditada milicia, a pesar de “a lo del alba sería”, del “poético” y denostado Federico Trillo?, y en cambio parecen patética vanagloria de “un hecho guerrero”, humillante para nuestro vecino del sur que, por cierto, cada vez goza de una mayor protección de Bush, “amigo” de Zapatero. ¿Por qué se hurga en las narices de un tigre que no está dormido? ¿Y por qué ahora, en estos momentos?
UNA CONDUCTA INEXPLICABLE
¿Cómo se explica la injustificable “metedura de pata” de Moratinos, con experiencia diplomática suficiente para saber que lo que hizo es muy grave, y que no sólo no se puede hacer, sino que en las circunstancias en que lo hizo le acarrearía el descrédito profesional en los círculos diplomáticos de todo el mundo? ¿Dónde radica la justificación de tan inusual y grave denuncia que coloca a la diplomacia española en una comprometida situación y que rebaja y deteriora el prestigio de nuestros diplomáticos y su fiabilidad? Eso no puede ser una casualidad ni un “calentón de boca”, como se ha querido presentar. Pero ¿qué se persigue con esta indiscreción de un obediente ministro?
Las coincidencias son muy frecuentes, sobre todo en los últimos tiempos. Todavía están encrespados los ánimos con la indiscreción de un ministro, cuando por casualidad otro ministerio coincide y se “filtra”, oportunamente, la noticia menor de un seguro del titular de Defensa y 20 altos cargos más con cobertura mínima de 450.000 euros y que ampara todo tipo de accidentes, incluidos los ocasionados por causa de embriaguez no habitual. Noticia menor, sin duda, pero que sirve para alborotar más el gallinero. Ya se habla en los medios, por quienes están ahí para hacer de ecos, de que es necesario que Trillo salga a la palestra, busque la fórmula de poder explicar en el Parlamento, con todo detalle, las razones de esos seguros y, si no satisface, se tomen las medidas que correspondan. De paso el asunto de los seguros también ha servido para decir que Trillo no tiene credibilidad, y que por qué no ha renunciado ya. ¿Cuál es el objetivo de la revelación de este hecho de tan escasa importancia?
Son demasiadas preguntas sin respuesta, o acaso con respuestas lógicas subyacentes. Aunque a veces la lógica falla. Así, cuando Aznar iniciaba su comparecencia ante la Comisión del 11-M, eran bastantes los que se frotaban las manos adelantándose al vapuleo que iba a recibir. Eran muchos contra uno y la lógica hacía predecir una aplanadora que machacara al enanito, melenudo, ceñudo, cejijunto, bigotudo y con gesto de cabreado perpetuo, que había sido defenestrado el 14-M, sorpresivamente para todos, incluidos los ganadores. Pero fue al contrario. El odiado profesor de Georgetown, calmosamente, fue engulléndose uno a uno a sus interlocutores, algunos de los cuales se dirigían a él con un respetuoso “presidente”, a pesar del resentimiento que le profesan. Y todo fue sin una palabra más alta que otra y con el mayor respeto a los comisionados, aún cuando con duras palabras a veces, es posible que demasiadas veces.
De esa comparecencia me quedaron muchas más preguntas sin respuestas. Una de ellas es ¿quién mintió el 11-M? Pero lo más intrigante para mí no es que una cadena de radio, afín al PSOE, tuviera la exclusiva de la existencia de una cinta reveladora, sino cómo esa noticia fue dada a mediodía, cuando técnicamente se comprobó después que la cinta no había sido grabada antes de las cinco de la tarde de ese día. ¿Cómo se puede conocer un hecho antes de que exista, antes de que se produzca...? O ¿cómo se pueden concentrar grupos de personas frente a las sedes del PP en todas las ciudades de España al misma hora y con los mismos sloganes?.
¿QUIÉN NO QUIERE SABER?
Por esta y otros detalles de esa comparecencia, que seguí a muchas millas de distancia, se puede entender lo que Martín Prieto, escribe en El Mundo, cuando dice: “las dudas de entonces (...) sobre la sombra de ETA se han acrecentado en estos meses gracias a este periódico (El Mundo) y pese a lo obtuso de la Comisión Parlamentaria, que cerrará en falso como estaba previsto, porque hay algunas cosas que no se quieren saber y hasta al juez Del Olmo le van a apretar las crujías para que no se pase de independiente”. Estas frases dan lugar a otras preguntas más: ¿qué es lo que no se quiere saber?, ¿quien no quiere saber y por qué? , ¿qué justifica las prisas de la Comisión en cerrar su audiencia?.
En lo que no se puede estar de acuerdo con Prieto es en la posibilidad de ninguna maniobra que roce la independencia de la Justicia. ¡Claro que no! No interpreten con malicia injustificada las prisas ni la insistencia del PSOE en reformar la Ley Orgánica del Poder Judicial, que tanto alboroto ha originado en el Parlamento. La Ley debe estar aplicable en enero, cuando se van a renovar algunos miembros del Consejo General del Poder Judicial, pero eso, nos dicen, no es importante. Seguro que no. Los nuevos nombramientos que se hagan al amparo del nuevo procedimiento, fijado por esa Ley, votada con tanta urgencia que ni siquiera se han podido formular enm
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