Suscribete al resumen de prensa Recomienda la página a un amigo
Época II - Año XIII
Edición Nº 3901
Vistazoalaprensa.com
Agregar a favoritos
Página de inicio

Imprimir
Diario digital en español: Prensa, confidenciales, artículos recomendados, firmas invitadas y mucho más...
 
 viernes, 24 de mayo de 2013 ESPAÑA
Sumario
Cartas al Director
Prensa
Artículos
Firmas invitadas
Contraportada
Encuesta
Chat
Foro
Compras
Directorio
Medios
Postales
Libro de visitas
Buscanoticias
Enlázanos
Servicios
Buscador
Tiempo
Loterías
Euroconversor
Once
Callejero
Carreteras
Pags. Blancas
Mapa de virus
Ocio
Reflexiones
Humor
TV online
Cine
Teatro
Salud
Radio online
Consciencia
Informática
Montañismo
Encuesta
¿Va Rajoy por el buen camino?
 
  No
  No sé
  Haz click para votar
   
 
 
  Firmas Invitadas - Edición Nº 147
Semana del 24/12/2004
Perdedores


Ricardo Navas-Ruiz
S E acabaron las elecciones a presidente de los Estados Unidos. Se acabaron la pelea de gallos en la televisión, las banderitas y los gritos. ¡Qué descanso poder dormir tranquilos sin encuestas alarmantes, sin esperanzas tontas, en la segura y tranquilizante rutina de los días! Estos ritos periódicos de nuestras democracias, - necesarios, eso sí-, implican no poco desgaste mental y emocional para quienes los viven de verdad, para los que creen en su honestidad, para los que están convencidos de que su voto determina el destino de su país. Para los otros, los pasivos, los indiferentes, los escépticos, pues ni fu ni fa, tan felices ellos, y qué más da.

Ganó Bush. Se llevó casi entero el país. Su color, el rojo, tiñó en los gráficos la casi totalidad del territorio de los Estados Unidos, apenas disputado por un tímido azul en el este, en el oeste, y en una pequeña franja del centro. Hace siglo y medio, el escritor argentino Domingo Faustino Sarmiento asociaba en su “ Facundo Quiroga” [1845] el rojo con la barbarie, con la sangre; el azul, con la civilización, con la libertad. Según él, las naciones conquistadoras y los caudillos escogieron siempre banderas rojas. La de Argentina es azul y blanca porque los padres de la patria quisieron simbolizar en ella los nobles ideales del nuevo orden liberal.

Los comentaristas políticos de los Estados Unidos han coincidido sin saberlo con esa tesis al señalar el talante progresista de las costas, California, Nueva York, frente al conservador de tierra adentro con la excepción de Illinois. Curiosamente también se anticipó Sarmiento en la razón al notar el carácter civilizador de las grandes ciudades [Buenos Aires] frente al campo [la Pampa]. Apuntando al hecho, que habría que matizar no poco desde luego, no han faltado humoristas que han modificado no sin gracia y acierto el mapa de América del Norte. Han imaginado dos nuevos países: en azul “ The Unites States of Canada” con Canadá y las costas estadounidenses; en rojo, “Jesusland,” con todo el gran norte-centro-sur-oeste estadounidense. Divertido, ¿no? Al menos, es síntoma de buena salud mental que todavía haya por aquí gente que sabe tomar las cosas a broma.

A cierta distancia ya de los hechos y las primeras reacciones, -han pasado casi dos meses - , sigue persiguiendo mi curiosidad una pequeña frase, muy tangencialmente aludida en la prensa y ya olvidada por todos. Dijo el senador Kerry, al reconocer públicamente su derrota electoral, que no había ni vencedores ni vencidos, que “América,” – la suya, claro, que estos chicos no se acostumbran a contentarse con “ Estados Unidos” -, seguía entera, unida y lista para continuar adelante. En una primera lectura tales palabras me parecieron muy positivas. Representaban una reafirmación de la unidad de la patria más allá de los vaivenes y divisiones de la política, y suponían un acto de fe en un sistema dentro del cual cabe un nuevo intento cada cuatro años.

Pero no sé, no sé. Algo no dejaba de inquietarme. En uno de esos juegos caprichosos de la memoria me asaltó de pronto esa misma frase como dicha por alguien en las Cortes españolas allá por 1834. No puede ser, sí puede ser, la localicé al fin comentada por Mariano José de Larra en su artículo “Respuesta de un liberal de acá a un liberal de allá.” [15 octubre 1834]. El alguien que la pronunció era el procurador Fermín Caballero que trataba de criticar al gobierno acomodaticio de Martínez de la Rosa. Larra la aprovechó para dirigir su sátira contra una política que, por propugnar el continuismo con el gobierno reaccionario anterior, no estaba llevando a cabo las necesarias reformas estructurales. Nada, por supuesto, tiene que ver el senador Kerry con esa frase ni mucho menos con las lejanas circunstancias que la propiciaron. Sea como sea, su resurrección tan casual en el recuerdo lejano y en la historia reciente no dejó de alarmarme un tanto.

¿Ha habido o no ganadores y perdedores en las últimas elecciones a Presidente de los Estados Unidos? Uno tendería a pensar que sí. Después de todo, esta vez los resultados han sido claros. Bush no ha tenido que recurrir a los tribunales de justicia para proclamarse vencedor. Los votos le garantizaron la reelección con la limpieza que cabe en estas cosas. Ante esos hechos doy vueltas y vueltas a la frase del senador Kerry y no termino de entenderla, de encontrar una clave para descifrarla. A falta de soluciones seguras no queda otro remedio que formular hipótesis. ¿Querría decir el senador que, al ganar Bush, habían ganado todos los habitantes de los Estados Unidos, incluido él mismo? La consecuencia entonces sería una especie de paradoja esperpéntica: el derrotado senador estaría afirmando que lo mejor que pudo pasar es que ganase su contrincante porque con ello salió ganando el país entero.

La mera formulación de tal hipótesis, ¿no nos abocaría al borde del absurdo? Quizá no, quizá posea más coherencia de lo que parece. Puestos a suponer, se podría imaginar que en el fondo de su corazón el senador se reconocía inferior a su oponente y deseaba autodescalificarse, perder las elecciones, sacrificarse por el bien de la comunidad. Hay en la historia casos ejemplares en que de alguna manera un extraño destino, una fatídica predestinación, marca la suerte de dos rivales. Cabría decir que desde siempre Pompeyo sería derrotado por César. No podía ser de otro modo. Desde siempre Kerry sería inevitablemente derrotado por Bush, el hombre en el poder, el emperador. Aquél lo sabía y lo asumió. Su destino estaba escrito en las encuestas y en su cara. Perder parece haber sido para él un gran alivio, casi una alegría.

Ganar a Bush hubiera requerido otro talante, otras estrategias, otras actitudes. No estaba en juego el sistema, sólido y firme, si bien no faltan quienes creen a aquél capaz de un golpe de estado. Ni estaban en juego los avatares de la cotidianidad, el aborto, las pensiones, el déficit, la emigración y otras cosillas de quítame allá esas pajas, fácilmente corregibles dentro del armazón burocrático. Estaba en juego algo mucho más transcendental, la credibilidad del gobierno en ejercicio basada en la honestidad de sus decisiones, en la transparencia de su comportamiento, en el respeto a los principios éticos básicos y al ordenamiento jurídico nacional e internacional. En otros términos, estaba en juego el fundamento mismo de la autoridad, el que hace que el funcionamiento del aparato democrático sea un ejercicio serio de ciudadanía, no una mascarada grotesca.

El senador Kerry tenía en frente de sí un candidato mentiroso que jamás pudo probar el cuento de las armas de destrucción masiva, iniciador de una guerra ilegal que declaró pisoteando leyes e instituciones nacionales e internacionales, propulsor de medidas coercitivas que, bajo el pretexto de lucha contra el terrorismo, han limitado las libertades ciudadanas y han favorecido métodos de interrogación próximos a la tortura. Uno no quisiera exagerar ni dejarse llevar por la imaginación libresca. Pero un personaje de esta catadura pertenece a las novelas de dictadura, a ciertos países tercermundistas, a las viejas naciones comunistas del este. No encaja dentro de una democracia ejemplar como la estadounidense.

Un político sagaz, un orador hábil, hubiera hecho con ello una campaña brillante en la que habría obligado a su opositor a defenderse de lo que difícilmente podía defenderse, y a los votantes a hacer un serio examen de conciencia de la situación a la que había llevado al país su presidente. No existió un debate a fondo sobre la guerra de Irak, su inmoralidad, sus atrocidades, sus consecuencias. Se la prefirió ignorar como los medios de comunicación tratan de ignorar los soldados estadounidenses muertos cuyos féretros llegan por la puerta de atrás para no herir susceptibilidades. Quizá influyó para ello el miedo a no asumir una postura valiente: la promesa de acabar con ella inmediatamente, como se
Opina sobre este artículo Compartir: Menéame Enviar a un amigo
 
Otros artículos del autor:
Edición 543 - Investigación y docencia (Falacias de la Universidad pública española)
Edición 534 - Lenguaje y sexo
Edición 529 - El Instituto Cervantes
Edición 511 - Entre libros
Edición 500 - Problemas del Español
Edición 462 - Academia de la Lengua
Edición 442 - Fiesta Nacional
Edición 406 - Justicia en USA (Cuento kafkiano)
Edición 401 - Adiós a Myriam
Edición 376 - Larra, la fría claridad de la existencia
Edición 367 - Del español y los negocios
Edición 293 - Educación para la ciudadania
Edición 269 - Deconstruyendo España
Edición 205 - La generación del Príncipe
Edición 204 - La generación del Príncipe
Edición 198 - Creación y evolución
Edición 192 - Don Juan Valera
Edición 186 - El agua
Edición 154 - Carta de Dulcinea
Edición 148 - Un cuento de reyes
Edición 138 - ¿Quiénes somos?
Edición 125 - Nosotros, los de entonces
Edición 120 - Del Amadís al Quijote
Edición 110 - El centenario de Kant
Edición 105 - Tiempo de recuerdo
Edición 98 - Un monasterio español en Miami
Edición 95 - Las tres caras de Saddan
Edición 94 - Género y sexo
Edición 90 - Amores reales y divorcios patrios
Edición 84 - El Español
Edición 80 - Cultura popular y filosofía
Edición 77 - El porvenir de España
Edición 72 - Los misterios de Ibarretxe. (Fantasía política)
Edición 69 - Venalidad
Edición 68 - Huellas de Dios
Edición 66 - Euzkadi
Edición 64 - Amina
Edición 58 - La cacería
Edición 56 - Bagdad, ciudad mártir
Edición 55 - Tribunal Penal Internacional
Edición 53 - Democracias
Edición 49 - Escribir es llorar
Edición 47 - Pena de muerte
Edición 44 - Brasil cuarenta años después
Edición 42 - Navidad
Edición 41 - De estatuas, símbolos y otros temas
Edición 39 - Al César
Edición 37 - Emigrantes
Edición 35 - Guerra de civilizaciones
Edición 32 - Santos y santos
Edición 30 - El gigante, al payaso y el enano
Edición 16 - Imágenes de Cuba
Edición 13 - Prensa libre
Edición 11 - Las últimas colonias británicas
Edición 10 - Condicionamiento cultural y desarrollo
Edición 9 - Llorando por Argentina
Edición 8 - Don Antonio Machado y la Sociedad de Naciones
Edición 6 - Terroristas
Edición 5 - LA RAZÓN DE LA SINRAZÓN
Edición 4 - Reflexiones sobre la circunstancia: ¿QUIÉN JUZGARÁ AL JUEZ?
Firmas
_
Abel Abascal
Alberto Acereda
Alfonso Berroya
Alfredo Amestoy
Álvaro Peña
Amilibia
Antonio Castro Villacañas
Antonio Martín Beaumont
Borja Álvarez
Carmen Planchuelo
Enrique de Aguinaga
Ernesto Ladrón de Guevara
Eulogio López
Félix Arbolí
Francisco Daunis
Gabriela Ardiles
Germán Lopezarias
Honorio Feito
Hugo Alberto de Pedro (Buenos Aires)
Ignacio San Miguel
Ismael Medina
Javier del Valle
Javier Neira
Jesús Ansebar
Jesús Pozo
Joan Pla
Joaquín Abad
José A. Baonza
José Luis Navas
José Manuel G. Torga
José Manuel G. Torga
José María Moncasi de Alvear
José Meléndez
Juan Pablo Mañueco
Juan Urrutia
Julen Urrutia
Luis Irazu
Manuel Salvador Morales
María del Mar García Aguiló
Marta Rivera de la Cruz
Matías J. Ros
Miguel Ángel García Brera
Miguel Ángel Loma
Miguel Martínez
Nieves Concostrina
Óscar Molina
Pancho Linde
Pascual de Bustares
Ramón Sánchez
Ricardo Navas-Ruiz
Vasco Lourinho (Portugal)
Víctor Corcoba
Wenceslao Pérez Gómez
Wifredo Espina
Yolanda Cruz
Yolanda Salanova
Zain Deane (Nueva York)
Cartas al Director
 
Google
 
Web vistazoalaprensa.com

Quiénes somos | Contacte con nosotros | Política de privacidad

Optimizado para Internet Explorer 6 con resolución 1024 x 768
© Copyright Vistazoalaprensa, S.L. 2001-2012