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ADA más triunfar en los comicios, el presidente Bush pronunció un discurso en el que dió las gracias a todos los que le habían ayudado, nombrando con especial énfasis a Karl Rove, al que denominó “el arquitecto” de la victoria. Este Rove está ligado al grupo de neoconservadores (“neocons”) (Paul Wolfowitz, Douglas Feith, Elliott Abrams, etc.) de quienes tanto se habla últimamente.
Ha quedado de manifiesto que el factor principal de este triunfo ha sido el compromido de Bush con los valores morales cristianos. Aparte de las convicciones personales del presidente, estaba la percepción de Rove de que una amplia franja de la población americana cada vez estaba más disconforme con la deriva moral de la sociedad americana y que, por tanto, era muy conveniente elaborar un discurso que diera satisfacción a las aspiraciones de esta parte sustancial del electorado. La operación ha dado resultado.
Significativamente, Karl Rove ha minimizado en sus declaraciones la aportación de los valores morales cristianos en la victoria de Bush, primando la firmeza ante el terrorismo como su causa principal. No es aventurado deducir que, una vez que ha dado resultado la utilización de la moral y la religión en la obtención de un segundo mandato para Bush, se desea rebajar el protagonismo de este orden de pensamiento, pues entre los fines de los neoconservadores, agnósticos la mayoría, no está la regeneración de la sociedad americana, sino la consecución de determinadas metas geoestratégicas en el plano internacional.
Si la derecha religiosa, como parece, fuera marginada, el conflicto está servido. Pues las organizaciones religiosas (o religioso-políticas), como Christian Coalition, American Family Association, American Life League, Family Research Council y muchas más, que han estado detrás del triunfo de Bush, no van a consentir que se les desdeñe en estos momentos cruciales. Dos son las metas principales de estas organizaciones: la introducción de una enmienda en la Constitución que impida el matrimonio de homosexuales, y el nombramientos de jueces conservadores en la Corte Suprema que se decidan a revocar la sentencia Roe w. Wade de 1973, lo que devolvería el aborto a la ilegalidad. Y no olvidemos que estas organizaciones son tan implacables en la lucha por sus objetivos como puedan serlo los colectivos de feministas y homosexuales. Para Rove y demás neoconservadores, han podido tener un valor instrumental. Pero ese es el mismo valor que ellas conceden a Bush, Rove o el que sea. Ya están presionando y no cejarán en su empeño hasta que consigan lo que pretenden. Bush decidirá si apuesta por ellas o por los neoconservadores. O quizás éstos acaben decidiendo que sus planes de democratizar el mundo no son incompatibles con la promoción de la moral y la religión.