C
ONFIESO que no entiendo nada. Veo y escucho a Zapatero, tranquilo y “talantoso”, encogerse de hombros y decir: “ Calma, que aquí no pasa nada”. Y también veo y escucho a Ibarretxe que repite: “Esta es la voluntad del pueblo vasco, aprobada por la mayoría del Parlamento Vasco, que es como decir los vascos. ¿Quién nos puede decir a nosotros, los vascos, como tenemos que vivir ni como queremos que sea nuestro gobierno ni nuestro futuro? Si no dialogamos y negociamos, ¿cómo vamos a resolver esto?.¿ A tortas?”
Y ambas posturas no me parece que son el arranque de una conversación que pueda llegar a un consenso aceptable para las partes, ni a una solución que contente a ninguna de las dos. Porque los planteamientos de una y otra son contrapuestos y en el caso de España tienen que ser radicales, y por el aspirante a Estado Asociado, el radicalismo es el motor de arranque y el soporte de su exposición: “Estas son lentejas...”
Pero aquí no pasa nada. Esa frase debe ser una consigna, porque la otra noche, Maragall sonriente y festivo, frente a una Esperanza Aguirre, con rostro preocupado, decía: “No te preocupes, no sucederá nada. El plan Ibarretxe no va a pasar. El Congreso no lo va a aprobar”.
Ya está. Asunto resuelto. No hay de qué preocuparse.
Porque Zapatero ya lo ha dicho también. Yo hablaré con el lehendakari, porque el diálogo es necesario y no se debe evitar, sino utilizarlo como fórmula para solucionar un problema. Claro, que sí. Lleva razón. Ya se ha mostrado su eficacia en las conversaciones que ha sostenido Ibaretxe el miércoles pasado con las fuerzas políticas del País Vasco, menos el PP, que no aceptó la cita. Y también se demostró en la entrevista en La Moncloa. “Daré la voz al pueblo”. “Estas son lentejas...”
Y hay que estar de acuerdo con Zapatero en que la Soberanía de España, radica en el Congreso, que es la voz del pueblo. También lo dice el lehendakari: La Soberanía del pueblo vasco reside en el Parlamento Vasco. Así que de Parlamento a Parlamento, y de pueblo a pueblo, - que de eso se trata, de homologar -... “Estas son lentejas...”.
Todo está resuelto. Un día de estos, el plan secesionista “a lo portorriqueño”, pero con unos antecedentes históricos y una situación política y social radicalmente distinta, será sometido a los votos de los “diputados españoles”, entre los cuales legítimamente se encontrarán algunos diputados vascos, -nacionalistas y no nacionalistas-, y habrá un aplastante no mayoritario a la propuesta. Problema acabado.
No hay que preguntarse que pasará antes. Lo previsible es que algo pasará, con la pretensión de mostrar un adelanto de lo que puede venir más tarde. Pero la pregunta es: ¿Qué pasará un día, un mes o un año después?.
“Estas son lentejas...”, y los que han llevado a esos planteamientos son los mismos que están intentando hacer comer lentejas a todos los que viven en el país vasco, les gusten o no, y que si no lo hacen y protestan, en la mayoría de las ocasiones los dejan sin necesidad de comer nada más por los siglos de los siglos. Así que “Aquí no ha pasado nada”. El “Congreso de España”, como dice Ibarretxe, habrá rechazado el Plan de “Adios, pero me quedo mientras me convenga y para lo que me convenga”, y los “artificieros dialogantes” se mirarán, se encogerán de hombros, y seguro que vuelven a sus casas tranquilos y felices. “Y aquí no ha pasado nada”. ¿Quién se lo cree?
He procurado no dramatizar una situación que, en si misma, encierra un dramatismo extremo, pero tampoco se puede trivializar una cuestión de tanta gravedad. Porque la cuestión reside en si un intento de darse a la fuga de España, o de modificar la Constitución por métodos indirectos, recurriendo a subterfugios, se le puede admitir a trámite en el Congreso de los Diputados. Solo el hecho de que la Ley aprobada por la Cámara Vasca, alcance el debate en la Comisión o en el Pleno, constituye darle armas políticas a quienes no van aceptar de ninguna manera que su Autodeterminación vaya al cesto de los papeles, porque lo dicen “los españoles”.
Mientras más se demore en mostrar firmeza y determinación, y decirle al señor Ibarretxe que respete le ley, -que es la Constitución Española-, y se vaya con sus papeles a casa, mayores y peores van a ser las consecuencias.
Un tercio escaso de los habitantes del país vasco, van a procurar imponerse, como siempre lo han hecho, a los dos tercios restantes, y la imagen victimizada que el lehendakari y sus aparentes socios batasunos, van a vender es que España los ha convertido en una especie de saharauis, a los que se les niega el derecho de constituirse en un Estado, y de determinar su futuro sin interferencias. La diferencia principal en este planteamiento es que los saharauis no ponen bombas en las ciudades y pueblos alauitas, ni disparan pistolas en la nuca de los marroquíes, y nunca formaron parte de Marruecos.
Y la “solución Bono”, apuntada insistentemente en sus últimos discursos, a modo de advertencia “al personal”, tampoco acabaría resolviendo el problema.
La confrontación, que ha sido la característica esencial de la presentación de este Plan independentista, no se resuelve así, ni tan siquiera, me atrevería a decir, con la intervención de la Justicia. Las señas son mortales. En cualquier caso, antes o después, con más o menos escaramuzas, es casi seguro que se celebrará el ilegal referéndum sobre una Ley ilegal, y, a continuación, mientras más obstáculos, más reacción y más cruel.
Lo que pudo ser, en principio, el propósito del PNV de una reforma del Estatuto, para hacerlo mas abierto y con mayores competencias, pero dentro de la Constitución, se ha convertido en una Ley rupturista, porque, al final, detrás está ETA, con cuyos votos el problema se ha hecho realidad, y ha dejado a los habitantes del país vasco, al PNV y al gobierno de España, y, en definitiva, a los españoles, encerrados en un problema de muy difícil solución. Y no se por qué, tengo la impresión de que Ibarretxe también se encuentra en un camino sin vuelta atrás, que ha emprendido voluntaria o involuntariamente, porque podría suceder que los votos de los “turbios” lo hubieran sorprendido...o no.
¿Por qué se están desperdiciando momentos preciosos?. La razón pudiera ser que un asunto de esta índole va distraer a la opinión pública de los disparates de cada día con los que nos obsequia el gobierno de ZP y le van a permitir mantener el dominio del ritmo y de los tiempos. Pero esta demora solo dará más aliento a los que no razonan, por mucho que hablen de negociar lo que, por otra parte, no es negociable, o por lo menos nunca debiera serlo en un Estado de Derecho, aunque hoy por hoy, nunca se sabe. Está muy bien la buena disposición, el talante, pero por muchos esfuerzos que se quieran hacer, no se puede dialogar con las pistolas, que es lo que se vislumbra al fondo. Y no quiero ser catastrofista.