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N el verano del año 2000, la Junta de Andalucía inspeccionó las obras que realizaba en Marbella (Málaga) la empresa Enterprise de Travaux Internationaux (ETI), por incumplimiento de la normativa de seguridad y salud laboral en las obras realizadas en el Palacio El Rocío Marmar. Se constató que se produjo un accidente mortal, otro de carácter grave y varios de carácter leve, además de la muerte de un trabajador por infarto de miocardio. La Junta sancionó con 110 millones de pesetas a la tal ETI, después de que la Inspección Provincial de Trabajo y Seguridad Social de Málaga comprobara que se habían incumplido todas las obligaciones de prevención de riesgos laborales.
Las obras y las muertes se han producido en la vivienda que visitó de improviso y con aparato publicitario Juan Carlos de Borbón la semana pasada. Las obras eran para que Fahd de Arabia se comiera a su gusto los corderos por cientos y descansaran sus cataratas recién operadas en Suiza. Dicen los cronistas internacionales que su pueblo, mientras, pasa hambre de pan y de libertad.
¿Se han interesado los sindicatos, con estos antecedentes, por saber en qué condiciones laborales se encuentran los cientos de personas que acudieron a la supuesta “bicoca” del tal Fahd y que todos los medios se han encargado de publicitar gratuitamente?
¿Por qué ese empeño de la Casa Real en mostrarnos la visita de cortesía que ha realizado Juan Carlos de Borbón al tal Fahd de Arabia Saudita y al mismo tiempo insistir en que era de carácter privado?
Insisto: no pregunto por qué ha visitado Juan Carlos a Fahd. Quiero saber qué se persigue contándolo a los españoles y si, del mismo modo, nos van a contar en qué condiciones servimos los españoles a los saudíes dentro y fuera del Rocío Marmar.
Por mi parte, creo que una vez más nos están tomando el pelo. Igual que cuando nos contaron que el mismo Juan Carlos había felicitado a un tal Mohamed por gobernar la miseria desde un gran cojín lleno de corrupción.