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ARECE que al mundo lo mueven muchas cosas. Unos dicen que lo mueve la ambición, otros que el sexo, muchos que el dinero. Yo creo que estos últimos son los que están más cerca de la verdad, porque siempre he escuchado que el dinero hace al hombre, y el hombre deshace el mundo, que es lo contrario de hacer, pero al desbaratarlo le causa movimiento, aunque sea para continuar existiendo.
“¡Hombre!, – me dijo mi tío, el del pueblo – el amor al dinero nace en el hombre en cuanto tiene un poco de conocimiento, pero no olvides que si quieres saber lo que Dios piensa del dinero, mira a la gente que se lo ha dado. Menuda galería”
A pesar de lo que mi tío, con su gramática parda, insinuó, pensé que ya quisiera yo ser uno de esos que recibió el “pelotazo” desde las alturas, pero, aunque no me gusta ni tengo por qué quejarme, no tuve esa suerte. Es una forma de pensar, que creo compartirán conmigo muchas gentes, en todo el mundo, porque el deseo de riqueza, de acomodo, de tener más, es cierto, como dice el pesado de mi tío, que prácticamente nace con el hombre.
Y si el afán por enriquecerse es común en los humanos, sean hombres o mujeres, viejos, jóvenes o niños, el instinto de proteger su patrimonio es compartido por todo el género humano, salvo por los tontos, pero ellos no lo saben. Por eso, como dijo alguien, en alguna ocasión que venia a cuento, un tonto y su dinero se separan muy pronto.
TIMOS PARA TONTOS QUE SE CREEN LISTOS
TODAS estas reflexiones las provoca una noticia que me ofreció la televisión y un titular en un medio de Internet: “El timo tonto que los hizo riquísimos les ha llevado a la cárcel”., decían, poco más o menos, la noticia y el titular ¿Pero cómo no va a ser tonto un timo?. La única manera de sacar el dinero a los tontos es con un truco también tonto. Con algo ingenuo, sencillo, que a la legua se vea que no puede ser verdad, pero que se presenta tan al alcance de cualquiera, que el tonto no puede resistir la tentación de ser el más listo, y demostrarlo. ¿O es al revés?.
Cuando era niño, en aquellos años de la postguerra, esos años de la España, - que los hijos del bienestar y la libertad, del “porro” y el “botellón”, de la hamburguesa y la “coca”, llaman los años oscuros y tenebrosos -, recuerdo que bajaban a la ciudad desde los pueblos muchos desconfiados, y bien armados a la defensiva, provincianos para hacerse un “analís”, que le “echaran” los rayos, - nos diezmaba la tuberculosis- o para comprarle a la parienta un corte de abrigo de falso astracán, con el que mostraban lo bien que les había ido comerciando con el trigo, el maíz, el pan o el aceite, vendido, bajo cuerda, al pueblo hambriento a precios escandalosos. Algo así como el 3% de los catalanes, aunque a lo bestia, porque no eran las empresas, sino los pobres españolitos, los que pagaban sus alimentos al 300 % a los estraperlistas para poder vivir.
Esos paletos “listillos”, que se creían sabedores de todos los trucos de los “pillos” de la ciudad, eran los primeros que caían en las manos de los timadores, a veces, apenas habían puesto el pie fuera del vagón del tren o del autobus. Y las tentaciones eran tan simples y tan tontas como el timo de la estampita, o la sortija de oro falsa, pero que relucía y brillaba como si fuera oro puro y la piedra más pura, y que les era ofrecida por alguien que parecía desvalido, o angustiado en su necesidad, o un pobre y abandonado retrasado mental que jugaba con aquellos cromos, que sacaba de un sobre, y que eran, nada mas y nada menos, billetes de mil pesetas, los de más valor que existían entonces. El paleto acababa con aquel sobre relleno de recortes de periódico a cambio de cuanto traía en la faltriquera.
Por eso no me extraña, y tampoco debe asombrar a nadie, que la familia del Campo, de la forma más tonta, haya birlado mas de cinco millones de euros, con su televisora “Telesierra”, a varios cientos de miles de “gentes listas”, a los que la avaricia convirtió en cientos de miles de tontos, solo al conjuro de una forma, aún más tonta, de hacerles creer que iban a ganar mucho a cambio de nada o casi nada. Es la fórmula inalterable desde los comienzos de la vida, porque creo que si en la época de las cavernas existían timadores, el método sería el mismo: despertar la avaricia del prójimo cavernícola con la idea de que se iban a adueñar de algo, por ejemplo, un buen garrote comido en el interior por las termitas, a cambio de un buen muslo de mamut, que era real y comestible, frente a un palo inútil. Así son estas cosas. Tan engañosas como las promesas electorales.
De modo que cuando en esos programas de televisión, la presentadora ofrecía un buen premio al que acertara “de que color era el caballo blanco de Santiago”, ante esa pregunta tonta, miles de “listos”, convertidos en tontos por su avidez de ganar sin exponer, llamaran al 806 que le ponían en pantalla y esperaran y esperaran, hasta que les salían canas de tanto esperar. Total: treinta euros menos cada uno, si no repetían la llamada, y ningún premio que llevarse al bolsillo. Y a callarse o a reclamar.
La vida me ha enseñado que frente a un timador siempre se encuentra otro timador, al que llaman timado y que tiene derecho a protestar. A reivindicar ¿qué?.
Sin defender a nadie, Dios me libre, a la Congregación aquella, de no me acuerdo que nombre, de tampoco recuerdo que lugar, Gescartera les voló un mogollón de millones, por una sola razón, porque a los curitas aquellos, como a todo hijo de vecino, y como a todos los que se sintieron estafados por aquel cuyo nombre no recuerdo, los atrapó el pecado capital de la avaricia, se pasaron de listos y se transformaron en tontos. Casi todos sabemos que no se compran duros a centavos, y que si los intereses están bajos, nadie puede pagar intereses altos, porque ¿de donde salen?.
UN HATAJO DE ESTÚPIDOS CODICIOSOS
ASÍ que, ahora, la familia del Campo, y es de suponer que algunos empleados que recibían las llamadas y las retenían, y los otros que suplantaban a los teleespectadores y daban respuestas absurdas, tendrán dolores de cabeza con jueces, fiscales y abogados. Pero, ¿y las cadenas serias, como TVE o Antena 3 y otras que ofrecen miles y miles de euros, por el mismo procedimiento de las llamadas a teléfonos de tarifa adicional o mensajes SMS, que también pagan una tarifa especial?. Creemos que ellos entregan sus premios, pero también es de suponer que los comunicantes pasaran por el tamiz de los centros de llamadas, que engorden la recaudación lo suficiente para hacer posible pagar cada día a los televidentes, 37.000 euros, o sea, más de seis millones de pesetas ya no circulantes, y que el programa gane algo más que algo. Eso me recuerda a las rifas de los feriantes de mi infancia, en las nadie ganaba nada de valor, pero jugamos todos, aunque sabíamos que había trampa.
Tampoco nadie habla contra ese hatajo de estúpidos codiciosos que, - de la misma manera que los concursos hacen caer a los ilusos en la trampa -, se movían por el deseo de aprovecharse de esos aparentes mentecatos que daban tanto por una respuesta tan fácil. ¿Acaso ellos no intentaban sacar provecho de un tercero, del que creían que era aun más necio que el presunto botarate del sobre y las estampitas, a la puerta de la estación, o junto a la valla de una calle solitaria?.¿ Y eso no es estafa?.
Claro que los del Campo tampoco dejan de ser una pandilla de ambiciosos calculadores con las cuentas muy claras: un poco de encierro para alguno y mil millones de pesetas esperando en la puerta de la cárcel.
Otra pregunta que surge en este asunto es cual es la finalidad de los teléfonos de tarifa adicional, sino sacar dinero extra a quién tiene la necesidad de utilizarlos. Pero de este uso se beneficia todo el mundo menos el usuario, porque gana la empresa telefónica, los estafadores y el fisco. ¿Es por eso que existen?.
LA VIDA ES DIFÍCIL
EN cualquier caso, hoy, con estos teléfonos se cometen muchas estafas, como las de los premios
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