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S que no se puede ser honrado ni tampoco serio. Esto lo ha aprendido en su propia carne, Manuel Marín, que se creyó que lo de ser Presidente del Congreso le permitía tomar decisiones sobre la aplicación del Reglamento de la Cámara, y se encontró con bronca en público y casi un manual de procedimiento sobre el empleo de las lenguas, “made in Zapatero”.
Es entendible que ZP no se atreva a contrariar a su socio, el autonominado Carod Rovira, turolense de pro, y mucho menos irritarle, porque quiere ser el inquilino de la Moncloa los próximos tres años y poco más. Y eso tenía que haberlo tenido en cuenta Marín.
Aunque político desde hace años, Manuel Marín ha pecado de pichón o, puede ser que, después de echar un vistazo a su alrededor, y observado la jauría de elementos desbocados y ambiciosos que compiten en este Gobierno del talante y el diálogo, haya llegado a la conclusión de que había alcanzado su techo político en el partido, y era hora de tomarse las cosas juiciosamente. Pese al jefe que el destino le ha deparado, quiso ser serio y honrado, y
se equivocó.
Si se equivocó. En el Congreso se va a hablar hasta en “calé”, si es que hay en algún momento unos cuantos diputados que lo pidan y se necesiten sus votos para gobernar. ¡Faltaba más, señor Presidente!. Marín, Marín, ¿Cómo se le puede olvidar a quién lleva años sorteando con habilidad y astucia la selva del PSOE de Guerra y Felipe – por ese orden – y el bosque espeso de Bruselas, que los reglamentos y los pactos están para romperlos y que el poder es para ejercerlo?. ¡Que soñador!. El mismo se embaucó.
Así que él se siente como “un muñeco de feria”, a quien le llueven los pelotazos, o un trapecista, como los que de niño admiraba en el circo. “Pero yo no estoy aquí para admirar los ejercicios del trapecista”, dijo. Creo que debiera haber dicho “para actuar de trapecista”, porque al que están obligando a hacer esos ejercicios no es a Rubalcaba, sino a él.
Y como hay que salvar la cara, además de mandar callar a Zapatero en el Congreso –“Terminó su tiempo, lo siento”- , vino a decir que como “las lenguas están para entenderse –ZP dixit – y no para dividir ni para confrontar”, si el Jefe quería complacer a su padrino Rovira, y que el gallego, el euskera y el catalán, coexistieran en la Cámara con el idioma oficial nacional, lengua de trabajo en la Cámara, según el artículo 3 de la Constitución, que la ponencia del Reglamento apruebe esa coexistencia y el PSOE, su partido, se moje el “culito”, como dicen en toda tierra de garbanzos y en las que no lo son, y vote con el PP o con los partidos minoritarios. En este último caso que el pacto con los populares, vía Rubalcaba, se vaya a hacer “puñetes”, que me suena a puñetas en catalán, dicho con todo respeto.
Marín debe estar sudando tinta, con las señales contradictorias que recibe de su partido, y que le hicieron reventar ante los periodistas, porque sentía que le estaban pidiendo “el blanco y el negro con la misma firma”, y eso “es imposible”.
AY, AY, ESTOS CHICOS
ENTRE la indefinición de Zapatero y sus muchachos y muchachas – hay que decir así porque aunque se pregona la igualdad de sexos, Ibarreteche nos ha enseñado a diferenciarlos – pasan estas cosas y otras, como, por ejemplo, que aparezca el Presidente del Consejo de Estado, deseoso también de chupar cámara –hablo de la de filmar, no de la de hablar catalán y otras lenguas vernáculas - y se despacha con la historieta del término Comunidad Nacional para aplicarlo a Cataluña y al PaísVasco. Es que ya nadie sabe para quién trabaja. Rubio Llorente, -a quién este patinazo le hace parecer falto de capacidad para la presidencia de algo que debe ser tan serio y riguroso como el Consejo de Estado -, habrá hecho feliz a Ibarretche y los suyos, porque este concepto es un calco de su ya famoso plan separatista.
Claro que a Rubio, que ya tiene sus años y debiera tener experiencia, no se le puede aplicar el criterio de Carlos Bustelo, hasta el miércoles día 9 en que dimitió, presidente de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones, que opinó que “estos chicos que han llegado al Gobierno por accidente”, están “poco preparados” y necesitan, como el ministro Montilla, asesorarse bien, porque están mal asesorados. Eso es una rabieta. Y, según él, “esa chorrada”, que obliga a cambiar su vida a ciento cincuenta empleados y sus familias, es “irritante, innecesaria y poco justificada”. Que cosas dice Bustelo. Que actitud tan absurda la de Marín.
No importa nada la vida de ciento cincuenta familias, ni que la mayoría de los diputados no entiendan un “carajillo”, cuando hablen algunos en la Torre de Babel en que se va a convertir el Congreso. Lo importante, lo necesario, lo imprescindible es que el señor Pérez, más conocido como Carod, esté feliz en su amada – no solamente por él, sino por todos los españoles, porque es España - Barcelona. Y el Código de Trabajo y los derechos laborales los pasamos por el Arco del Triunfo, que suena a París y lo mismo eso le gusta a Chirac, con el que también hay que estar bien. Entre Presidentes anda el juego.
EL CONDUCTOR, LA SÉPTIMA VÍCTIMA
CREO que, como yo, muchos han sentido alivio cuando supieron que el juez dejó en libertad sin fianza al conductor rumano que causó la muerte de seis guardias civiles en las cercanías de Madrid. Eso dice mucho de la humanidad del juez, lo que no está reñido con el apego al Derecho.
Es normal que el conductor pague el daño involuntario que causó, pero también es cierto que él es la séptima víctima del lamentable accidente. Cuando conocí la noticia de la razzia que hizo el camión manejado por el emigrante, y supe que prestando declaración se dormía porque venía de un tirón desde el País Vasco hasta Toledo, me hice la pregunta de por qué no había hecho un alto, como generalmente hacen los conductores, para echar una cabezada y descansar un poco.
Recordé entonces que, hace muchos años, entrevisté a un camionero de los que traían pescado desde la costa al mejor puerto del España: Madrid. Me contaba el hombre el suplicio que suponía la interminable carretera desde Málaga, con su empinada y zigzagueante Cuesta de la Reina, hasta la Lonja de Legazpi, frente a la Puerta de Toledo. Y relataba como, a veces, pestañeaba y se le cerraban los ojos, pero tenía que seguir, sin perder un minuto, porque la hora de llegada era vital para obtener el mejor precio en la subasta del pescado.
Cuando supe que el rumano era un inmigrante ilegal, pero que no solo no tenía “papeles” él, sino que tampoco existían del camión, ni había seguro ni licencia para conducir ni para transportar, me resultó claro que el pobre hombre era una víctima más en ese accidente, ahora la septima. Aunque su carga no era perecedera, ni iba destinada a una subasta, si que intuí la presión de una entrega rápida que le permitiera continuar con el trabajo ilegal con un patrón explotador e irregular, para el que los escrúpulos no parece que importen mucho, ni le priva del sueño en las noches.
Supe, más tarde, por otros camioneros, que las carreteras están llenas de transportistas y de conductores piratas e imaginé la presión de conducir un camión, cuando se ha conseguido no que le contraten, porque no hay contratos en esa clase de trabajos ni con ese tipo de patrones, sino que les confíen transportes, que tienen que cumplir con la mayor celeridad para seguir siendo escogidos en el día a día. Trasladen ahora ese panorama a un pobre inmigrante en situación irregular, ¿qué no haría para no quedarse sin trabajo?.
Por todas esas consideraciones, no es temerario pensar que el verdadero culpable de esas muertes es el patrón del rumano, y otros como él, que son quienes crean las situaciones que, con mucha frecuencia, tienen trágicas consecuencias. Sin embargo solo será responsable de hechos que son, en la práctica y en las penas, faltas administrativas. Cosas del Derecho.
Por eso, aunque uno se eche las manos a la cabeza con las ocurrencias de los
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