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  Firmas Invitadas - Edición Nº 169
Semana del 5/27/2005
La ‘tregua’ de ETA y el encarcelamiento de Otegui


José Meléndez
A la oferta de tregua del presidente del gobierno de España, ha respondido ETA con siete bombas, seis en el País Vasco y una en Madrid. Todos los comentarios a estos hechos criminales coinciden en afirmar que los atentados se han producido porque ETA no sabe hacer otra cosa que no sea matar, extorsionar y amedrentar y porque entiende que debe ir a una negociación con la fuerza de su violencia por delante. Así ha sido desde que el gobierno de UCD intentó la primera negociación por los años setenta –y que dio el fruto de la disolución de ETA político-militar, hasta ahora. Esta es la consecuencia lógica que se saca después de treinta años de azote terrorista, con mucha sangre derramada, con mucho terror asolando amplias zonas de la geografía española y con algunos momentos de esperanza que siempre resultaron fallidos.

Pero hay un trasfondo en esta conclusión que merece analizarse con todo detenimiento, porque la situación de ahora es distinta a la de anteriores intentos de negociación. Primero, y sobre todo, porque ETA está en el peor momento de su larga trayectoria terrorista por efecto de la acertada y valiente actuación de las Fuerzas y Seguridad del Estado y porque el Pacto Antiterrorista y la Ley de Partidos Políticos han sido dos eficacísimos instrumentos para aislarla y menguar tanto su aparato operativo como sus reservas financieras y su presencia en la política parlamentaria vasca. Hay más del doble de etarras en la cárcel que en libertad y sus “comandos” muestran en cada acción actual su bisoñez y su carencia de eficacia.

Segundo, porque el gobierno de Rodríguez Zapatero se ha equivocado al creer que esa debilidad de ETA podría facilitar el éxito en una negociación que erradicase de una vez para siempre la lacra del terrorismo vasco que pesa durante tres lustros sobre los españoles.

Tercero, porque las circunstancias en las que el PSOE accedió al poder produjeron un choque frontal entre los dos grandes partidos nacionales, con el agravante de que el PSOE, ante su manifiesta debilidad parlamentaria, tuvo que apoyarse en las minorías nacionalistas radicales, a las que les importa un bledo todo lo que no sean ventajas para su región o sus intereses autonómicos e independentistas.

Y cuarto, porque ese enfrentamiento ha producido un desquiciamiento político, del que fue una lamentable prueba el reciente debate sobre el estado de la Nación. Una encuesta del CIS dio a Zapatero la victoria en ese debate por una abrumadora mayoría. Aparte del evidente tufo a maquinación estadística, en la que el CIS es maestro con gobiernos de cualquier signo, la realidad es que en este debate se mostraron dos posturas bien diferenciadas. Una, la del PSOE hablaba de negociar para conseguir la paz, de entendimiento entre todos los partidos políticos, de solidaridad y de armonía, mientras el otro, el PP, optaba por la dureza, la defensa de la integridad de España y la desconfianza en unos políticos vascos que siguen teniendo como guia espiritual el plan Ibarreche.

En este choque de fuerzas, es lógico que la opinión pública se incline por la postura moderada y dialogante, sobre todo porque –argumento repetidamente esgrimido por Zapatero- ETA lleva dos años sin matar. Y cuando existe un largo período de tiempo sin sangre, la gente tiende, en una autodefensa psicológica, a olvidar los momentos de terror y se agarra a la posibilidad de paz, sin pensar que en esos dos años no han matado porque no han podido. El PP, y su líder Mariano Rajoy, saben esto y saben que su postura de dureza les hace pagar un precio político y da pié al partido rival para que pregone una y otra vez que el PP usa el terrorismo como arma política y por ello no quiere que desaparezca. Eso es una monstruosidad, pero hay mucha gente que se lo cree. Como hay mucha gente, incluso dentro del PSOE y del propio gobierno, que cree que la mano que Zapatero ha abierto tanto a ETA como al radicalismo vasco es un error que puede pagar muy caro.

Hasta que han estallado las bombas, las posturas eran irreconciliables. El Pacto Antiterrorista y la Ley de Partidos estaban inservibles y la guerra dialéctica entre Perez Rubalbaca y José Blanco por un lado y Angel Acebes y Eduardo Zaplana por el otro llenaba de satisfacción tanto a los dirigentes etarras como a los políticos del PNV, a pesar de que estos tienen también grandes problemas internos. Pero las bombas parecen haber aclarado algo el panorama y despertar las conciencias. Tras unos días de sainete político, en los que Zapatero eligió al filósofo Savater para anunciar que ETA le había ofrecido negociar, en vez de comunicárselo al jefe de la oposición o anunciarlo en el Parlamento, como había prometido, el estruendo de la cloralita parece que comienza a poner las cosas en su sitio. Doce horas después de la bomba en el barrio de San Blas, el fiscal pedía prisión incondicional para Arnaldo Otegui y el juez lo enviaba a la cárcel con una fianza de 400.000 euros por su libertad condicional. Veremos como están realmente las finanzas de ETA si Otegui sale a la calle. El otro imputado, Jon Salaberría no se presentó en la Audiencia y el juez dictó una orden de busca y captura. Así termina Otegui donde debía estar hace tiempo porque él es el principal interlocutor de ETA y el mejor intérprete de las órdenes de la banda terrorista, así como Salaberría es el experto en finanzas y en la red de extorsión a los empresarios vascos.

Si el fiscal del caso no había pedido de principio prisión incondicional para Otegui y lo hizo a las siete de la tarde, es porque habría recibido orden en ese sentido del Fiscal General del Estado, hasta ahora inactivo en todo lo que pudiera dañar la posible negociación, como la ilegalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas- Por otra parte, Mariano Rajoy dejó a un lado sus constantes y duras críticas para decirle a Zapatero en el Parlamento que cuenta con su partido en todo lo que represente la lucha antiterrorista, lo que Zapatero agradeció.

En un drama que aqueja a España durante treinta años, esa unión de los dos grandes partidos es imprescindible y obligatoria, por encima de partidismos y de ideologías. El terrorismo sigue ahí y hay que afrontarlo como se merece. Se me antoja que esta colaboración va a ser difícil porque los portavoces de ambos partidos están demasiado acostumbrados a insultarse mutuamente, pero deben intentarlo por el bien común-

El encarcelamiento de Otegui es una buena prueba del funcionamiento de la ordenación jurídica en un Estado de derecho. Pero quedan muchos más en la situación que tenía Otegui hasta ahora. Falta por ver qué ocurrirá con José María Atucha, encausado por desobediencia al Tribunal Supremo, y con otros que hasta ahora parecían intocables porque estaban aforados. Y veamos que ocurrirá con la elección de lendakari en el Parlamento vasco, dados los nueve empates que se produjeron hasta que se consiguió nombrar a una presidenta. Y, sobre todo, veamos el efecto que la respuesta a bombas ha causado en Zapatero y su política moderada con quienes no saben nada de moderación. Las consecuencias son muy inciertas porque, por encima de su dogmatismo, de sus ataduras a intereses minoritarios que entorpecen su gestión, el gobierno socialista está dando pruebas de su inexperiencia para llevar una nación que ellos califican de plural, pero que como no se usen bien las riendas de la democracia puede convertirse en caótica.
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