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ECORDEMOS que los asturianos que suministraron los explosivos presuntamente utilizados en 11-M tenían contacto con ETA y les habían ofrecido el material. Recordemos que la masacre del 11-M era algo calcado a la de la Estación de Chamartín, que se pudo frustrar por la acción policial meses antes, exactamente en Navidad. También se quisieron utilizar mochilas, dinamita y detonadores conectados con teléfonos móviles. Recordemos que los etarras detenidos en la provincia de Cuenca declararon poseer trece mochilas que nunca pudieron ser localizadas. Llevaban planos de la zona de Alcalá de Henares y de donde estaba (y está) la famosa casucha de Morata de Tajuña.
Recordemos que los 500 kilos de cloratita que se les incautó a los etarras el 29 de febrero no es la cantidad propia para poner una bomba y luego avisar que está puesta en cualquier sitio. Para eso bastaban 10 o 20 kilos. El transporte de grandes cantidades de explosivos lo hacen siempre para perpetrar una masacre apocalíptica. Los que dicen que ETA nunca hizo tal cosa y nunca la hará (Rubalcaba) mienten como bellacos. La organización terrorista ETA, puede cambiar sus pautas de comportamiento si le interesa.
Recordemos asimismo que, hace años, cuando la descomposición de la Unión Soviética estuvo ETA buscando plutonio, material fisible, arena con uranio, etc. desesperadamente, sin conseguirlo. Queremos decir que si hubieran dispuesto, por ejemplo de una denominada “bomba nuclear sucia”, explosionarla les hubiera resultado rentable políticamente. Lo hubieran hecho sin remordimientos ni cargos de conciencia. Que para las cosas del alma de estos asesinos terroristas están algunos los curas vascos siempre proclives a absolver todo lo que beneficie a la causa nacionalista.
Recordemos que la fecha de la interceptación de la furgoneta de Cuenca (29 de febrero) se produjo el mismo día en que volvieron los marroquíes de Avilés a Madrid presuntamente cargados de explosivos.
Recordemos que en el aeropuerto de Frankfurt, días antes del 11-M, el benefactor de la Humanidad Josu Ternera dijo que los españoles se iban a enterar de lo que somos capaces los vascos. Ya sabíamos los españoles que ETA mata, secuestra, extorsiona y cobra el impuesto revolucionario. Pero no era de eso de lo que nos íbamos a enterar. Nos enteraríamos de la masacre de los trenes.
Recordemos que la única mochila localizada en el lugar de los hechos (estación de El Pozo) contenía explosivo dentro de un taper, según dijo el Policía Municipal que la halló, práctica habitual de ETA. La bolsa de viaje azul -pista aportada por los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado que el gobierno de ZP ha ascendido de categoría- no consta su presencia en la estación. Su trayectoria empieza en IFEMA y en aquel lugar no había terroristas, sino forenses y otras personas dolientes. Por otro lado, si la bolsa azul hubiera estado alguna vez en la estación de El Pozo, los TEDAX la hubieran localizado. La famosa bolsa azul nunca estuvo en El Pozo. Esa es la verdad.
Recordemos que a falta del resultado de los análisis periciales sobre la composición y características de los artefactos, el procedimiento es el que ETA ha empleado en buena parte de las acciones terroristas que ha realizado (o intentado realizar) últimamente.
Recordemos asimismo que intentaron explosionar el tren Madrid-Irún las otras navidades mediante maletas bomba. También recordamos la confesión de los terroristas detenidos en la madrugada del 29 de febrero de 2.004 cuando trasladaban a Madrid una furgoneta con 536 kg de explosivo: reconocieron que en las mismas fechas navideñas intentaron poner varias mochilas bomba con en la estación de esquí de Baqueira-Beret.
Recordemos que el artefacto analizado, el único, no estuvo en El Pozo. Sale de IFEMA, nunca estalló e incluso tuvo que sonar su teléfono en la comisaría de Puente de Vallecas para que se hiciera notar a los agentes. Era la pista falsa orientada para la detención de los marroquíes por medio de la tarjeta SIM.
Recordemos que con esta espantosa masacre que atribuimos por lo menos participación a ETA, se quiso repetir la estrategia empleada en 1997 con el secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco. En aquellos momentos, la banda terrorista, que pasaba por una difícil situación aunque menos profunda que la inmediatamente anterior a la legalización por parte del gobierno de ZP, quiso encontrar una salida generando una gran convulsión mediante el atentado contra el concejal popular. Con el impacto social que ocasionó aquel asesinato anunciado, ETA consideró conseguir sus propósitos, pues dirigentes nacionalistas vascos comenzaron a hablar pocas semanas después con representantes de Herri Batasuna. Estas conversaciones posibilitaron la firma del Pacto de Lizarra en 1998.
Recordemos que la precaria situación de ETA y su entramado de apoyo tenían en aquellas fechas puede explicar que hubieran optado por un atentado de esta magnitud, o de otro más fuerte, de disponer de material fisible. Ni las manifestaciones de repulsa, ni la difícil situación en que colocaría a sus organizaciones afines nunca han sido impedimento para que la dirección de la organización terrorista haya decidido materializar esta acción criminal, persuadida de que pasado poco tiempo serán mayoritarias las voces a favor de una solución dialogada del conflicto vasco de manera que puedan conseguir sus reivindicaciones. En efecto, así ha sido. El Gobierno de ZP ya está sentado con ellos en la mesa de negociaciones.
Recordemos que ETA siempre ha pretendido mostrar públicamente (urbi et orbe) que sigue siendo un actor a considerar en el futuro político de la Comunidad Autónoma Vasca y Navarra, contraponiéndose a la política antiterrorista que durante las dos últimas legislaturas ha liderado el Gobierno de Aznar. ETA tiene especial interés en que ambas cosas sean percibidas por los responsables políticos nacionalistas y por sus propios militantes.
Recordemos, por otra parte, que con los datos disponibles hasta ahora, no puede afirmarse que alguna organización ligada a la Jihad Internacional pudiera ser responsable de la ejecución de los atentados de los trenes.
Recordemos que falta una de las huellas más significativas de este tipo de atentados: el terrorista suicida. Los “suicidas” de Leganés no se suicidaron, fueron presuntamente “suicidados”, que es muy distinto. En el piso había explosivo, detonador y teléfono móvil que se accionó presumiblemente al recibir una llamada desde fuera.
Recordemos que hay quienes farisaicamente rechazan todo terrorismo venga de donde venga. Pero hacen lo que pueden para que, a ser posible, nadie ni siquiera imagine que ETA podría haber participado en el 11-M. Eso mismo hace ZP, el PSOE y los medios de comunicación afines al Imperio. Les recordamos que conoceremos la verdad. Y que la verdad nos hará más libres. Estamos en ello.
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