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  Firmas Invitadas - Edición Nº 184
Semana del 9/9/2005
Un otoño encendido


José Meléndez
S E nos acaba este verano seco y cálido que ha tenido el fuego como signo de una identidad que, por otra parte, se repite año tras año hasta perderse en el recuerdo, porque siempre en esta época los calores han dejado secas las pieles y las gargantas y han propiciado esa tragedia de los incendios forestales que consumen la cada vez más exigua riqueza de nuestros mal protegidos bosques, obras de arte de la Naturaleza, expuestos a una devastadora irracionalidad. Hay que convenir que a la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, no le falta la razón cuando acusa a una parte de la sociedad de complicidad con los incendiarios, como hay que convenir también que la bulimia de noticias de los medios de comunicación, especialmente la Televisión, desorbita la realidad en una época placentera y vacacional donde la noticia escasea y hay que inventarla. Entre imágenes de voraces llamas, alertas 2 y 3 por olas de calor e intentos de convencer al personal de que las muertes por golpes de calor representan una amenaza casi tan grande como el cáncer o los infartos, los telediarios infundían en los plácidos veraneantes esa inquietud bíblica de los monjes que se recuerdan unos a otros que la muerte es el fin inexorable. Y para que la inquietud fuera total y sin esperanza, tras las imágenes tórridas venían las de las inundaciones, huracanes y tornados en otras partes del globo para dejarnos la sensación de que pase lo que pase vivimos en un mundo de desastres.

Pero ahora llega el otoño, con otra noticia nueva: la psicosis posvacacional. Resulta que los que hemos disfrutado de vacaciones estamos en peligro de sufrir el síndrome de la vuelta a la rutina ordinaria. Confieso que eso no lo había oído nunca en mi ya larga vida, en la que siempre disfruté de mis vacaciones anuales y lo único que he sentido a su término es el cabreo porque se hayan acabado, reintegrándome a mis tareas sin ningún otro percance.

Y una vez metido de nuevo en esas tareas, se me antoja que el otoño que se avecina va ser tan caliente como el verano en algo que nos afecta mucho más que los rayos solares, la sequía o el fuego, que es la política. Por la forma en que se ha reanudado la vida política se tiene la sensación de que España se está jugando su razón de ser como Nación, su bienestar e, incluso, su condición de democracia. No hay mas que analizar los dos importantes encuentros que el Presidente del gobierno ha tenido apenas reintegrado a su puesto en la Moncloa tras sus vacaciones en Lanzarote que, dicho sea de paso, no le han dejado ningún síndrome porque esta siguiendo paso a paso el camino que ya se adivinaba que tenía trazado aunque haya tratado de ocultarlo siempre. Sus entrevistas con el líder de la oposición, Mariano Rajoy y con el lendakari Juan José Ibarreche son elocuentes. Con Rajoy, que representa a diez millones de españoles, habló del mar y los peces, propuso un diálogo que no sirve para nada y que él es el primero en soslayar cuando le conviene y nada más. Con Ibarreche, sin embargo, la entrevista fue mucho más profunda, directa y preocupante para lo que puede ser el futuro de España, aunque también se intentara al final, por medio del ministro Jordi Sevilla, de afirmar que solo se habían tratado en ella temas técnicos como el “cupo vasco”, la mutua predisposición a apoyar los presupuestos de los gobiernos central y autonómico y otros temas de menor cuantía, sin entrar a fondo en el tema del terrorismo, en el proyecto de Ibarreche de la mesa de partidos o la situación de Batasuna.

La consecuencia de esto no puede ser mas alarmante, si se une –lo que es inevitable- a la reforma del Estatuto catalán. El gobierno de Rodríguez Zapatero está prendido con alfileres y por sí solo es incapaz de desarrollar su estrategia política e, incluso, de legislar. Por eso y por el temor y odio cada vez más patente que siente el actual PSOE hacia el Partido Popular, se está echando cada vez más en los brazos de los nacionalistas radicales, a los que mantiene a su lado a base de concesiones. Los pactos son legítimos en democracia, pero siempre que no produzcan una situación en la que la inmensa mayoría se encuentre atada por las exigencias de las minorías periféricas que, si son pedigüeñas por naturaleza –porque de otra forma el nacionalismo no tendría razón de ser- se convierten en insaciables cuando ven que pueden sacar provecho de una situación determinada.

A pesar de su derrota en las Cortes Generales y del retroceso que supuso su pírrica victoria electoral, Ibarreche no se ha apartado un ápice de la trayectoria que diseñó al presentar su famoso plan ni de las directrices marcadas en el acuerdo de Estella conjuntamente con ETA y Batasuna. Su plan sigue vigente, en espera de su oportunidad; su proyecto de referéndum también; gobierna gracias a los nueve votos de los Comunistas de las Tierras Vascas, esperpéntica tapadera de ETA-Batasuna en el parlamento vasco y sigue insistiendo en el diálogo con los secuaces de Arnaldo Otegui y su presencia en su proyectada mesa de partidos. Ha sido Zapatero quien se ha acercado al PNV y, por las trazas, a ETA, no sabemos ya si por su afán de colgarse la medalla de la pacificación del País Vasco o por instinto de propia supervivencia en el gobierno, aunque ésta signifique la mutilación de España y el bochorno de negociar -y acceder a sus peticiones- con unos terroristas criminales al borde de la derrota.

En cuanto a la postura del gobierno ante la reforma del Estatuto catalán, es otro ejemplo de una nefasta política de concesiones. En este caso, lo tiene más difícil porque, a pesar de la promesa de Zapatero de que el Estatuto se aceptará conforme venga de Cataluña, es el Parlamento nacional quien tiene la palabra si se vulnera la Constitución y porque los juristas del Consejo Ejecutivo catalán han encontrado inconstitucionalidad en 39 de los 218 artículos del borrador estatutario y sospechas de inconstitucionalidad en otros 30. Ante esto, el ridículo y peligroso Carod Rovira ha vuelto a salir con dos tonterías de las suyas: dice que 30 artículos de 218 son muy poco para tenerlos en cuenta, olvidando que su partido tiene mucho menos porcentaje de votos en el total del electorado español, y que si el Estatuto choca con la Constitución habrá que cambiar ésta. Felipe González tiene dicho de Carod Rovira que no es más tonto porque no se entrena, pero la tontería de este indescriptible personaje es peligrosa. De ahí el acercamiento de Zapatero al PNV, por si le falla el apoyo de Ezquerra Republicana. Pero es que no es solamente el apoyo de ERC a los gobiernos de Cataluña y España, sino las otras dos patas del taburete, IU y PSC, las que sostienen a Zapatero en la Moncloa. Por increíble que parezca, es el tripartito catalán el que realmente gobierna en España y si no ahí están las pruebas de la financiación de la Sanidad de las Comunidades autonómicas, el trasvase de empresas e instituciones a Cataluña, la opa hostil de Gas Natural a Endesa y los entresijos de los presupuestos generales cuando comiencen a desentrañarse. Este tripartito se verá pronto reforzado en su tarea de desguace de España cuando se vea secundado por el PNV vasco y el Bloque Nacionalista Galego, los tres firmantes, no lo olvidemos, de la Declaración de Barcelona, a la que entonces no se hizo demasiado caso pero que ahora adquiere un relieve alarmante. A Zapatero parece no importarle que le metan goles los nacionalistas con tal de que no le rompan la portería, que ocupó inesperadamente y en la que está dispuesto a mantenerse a toda costa. Hasta ahora, este agosto que se convirtió en un rosario de tragedias mal gestionadas para su gobierno, ha demostrado que esas alianzas a cualquier precio son un buen paraguas en el Parlamento, donde la única oposición la ejerce el Partido Popular.

Mariano Rajoy ha anunciado para principios del próximo año el estudio de un nuevo plan que pueda contrarrestar tantas arbitrariedades y sería de desear que tanto él como sus consejeros acierten con
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Edición 148 - ¿Adonde va España?
Edición 147 - El plan Ibarreche B
Edición 146 - Zapatero se quita la careta
Edición 145 - Gibraltar: el círculo vicioso
Edición 144 - Una lección de político de Estado y de Partido
Edición 143 - La nación de Zapatero
Edición 142 - Vuelve el pacto de Estella en el nacionalismo vasco
Edición 141 - La Iglesia, un obstáculo más en el incierto camino del PSOE
Edición 140 - La victoria de Bush refleja el sentir de Estados Unidos
Edición 139 - La amenaza terrorista no es cuestión de política
Edición 138 - Zapatero en brazos de los nacionalistas radicales
Edición 137 - La nueva cara de Televisión Española
Edición 136 - Las incógnitas del congreso del PP
Edición 134 - Las frases lapidarias de Zapatero
Edición 133 - El cambio
Edición 132 - El azote del terrorismo
Edición 131 - Las dos caras del PSOE
Edición 129 - ¿Idiotez o insidia?
Edición 128 - El talante y la sonrisa de Mr. Bean
Edición 127 - Cerrado por vacaciones
Edición 126 - La señora Hernández tiene barba
Edición 125 - Las comisiones de investigación
Edición 124 - El Tour de Francia y los tontos
Edición 123 - Los ‘matrimonios’ homosexuales
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