Suscribete al resumen de prensa Recomienda la página a un amigo
Época II - Año XIV
Edición Nº 4126
Vistazoalaprensa.com
Agregar a favoritos
Página de inicio

Imprimir
Diario digital en español: Prensa, confidenciales, artículos recomendados, firmas invitadas y mucho más...
 
 domingo, 20 de abril de 2014 ESPAÑA
Sumario
Cartas al Director
Prensa
Artículos
Firmas invitadas
Contraportada
Encuesta
Foro
Medios
Postales
Libro de visitas
Buscanoticias
Enlázanos
Servicios
Buscador
Tiempo
Loterías
Euroconversor
Once
Callejero
Carreteras
Pags. Blancas
Ocio
Reflexiones
Humor
TV online
Cine
Teatro
Salud
Radio online
Consciencia
Informática
Montañismo
Encuesta
¿Va Rajoy por el buen camino?
 
  No
  No sé
  Haz click para votar
   
  Firmas Invitadas - Edición Nº 212
Semana del 3/23/2006
«Los obispos tienen un problema»


Miguel Ángel Loma
U N reciente y ácido editorial de ABC dirigido contra la COPE y titulado «Los obispos tienen un problema», ha levantado ampollas en un amplio sector de lectores del periódico de Vocento, que a la vez son oyentes de la cadena episcopal. Aunque el editorial no citaba el nombre de ningún periodista, hasta la mismísima señora Ministra de Cultura podía comprender que el objetivo principal de los ataques era Federico Jiménez Losantos, que últimamente ha incluido a ABC entre los receptores de la leña matutina que reparte desde las ondas coperas, y no se corta un pelo en llamar «Carcalejos» a José Antonio Zarzalejos, director del diario monárquico. Pero como lo de utilizar un editorial para contestar al facundo Federico podría interpretarse como excesivo, amén de quedar un tanto inelegante, el editorialista (posiblemente el propio Zarzalejos) añadía en su listado de acusaciones, otras supuestas execrables acciones coperas, mezclando churras con merinas, para concluir que la COPE está convirtiéndose poco menos que en una amenaza para la convivencia democrática, que la mayoría de católicos españoles andamos escandalizados por las cosas que se dicen desde sus ondas, y que los obispos, como dueños de la cadena, son los responsables del problema.
Aunque no le faltaba razón al editorial al exponer que algunos comunicadores de la COPE manifiestan ideas o tonos que chirrían con el ideario y objetivos de la cadena, sin embargo erraba al introducir como fundamentos de esa crítica elementos tan ajenos a su argumentación como la broma de un humorista que se hizo pasar por ZP engañando al mismísimo Evo Morales, o la denuncia de José Antonio Abellán del posible fraude en las encuestas del EGM, sólo por el hecho de que, para acreditarlo, tuviera que infiltrar a encuestadores en el sistema (por cierto, dejando constancia de lo que se pretendía mediante acta notarial). Y concluir que, con ambos «episodios tan graves» (sic), desde la COPE «se ha puesto en solfa la proyección exterior de España y se ha tratado de reventar el sistema de medición de audiencias», es una afirmación que resulta tan alarmista como irreal. Porque no nos engañemos: en el hipotético caso de que ese mismo tipo de broma se la hubiesen podido gastar desde la SER a Bush, se habría producido un alborozo mediático de alcance universal y nos habrían vendido la acción como un ingeniosísimo ejercicio de avanzado humor periodístico. Y si la denuncia de las anomalías de las encuestas del EGM la hubieran realizado desde el grupo PRISA (cosa impensable, porque es la que sale más beneficiada de estas encuestas), estaríamos ahora hablando de un posible premio Ondas y hasta Luis del Olmo, que también se ha subido al carro de repartir estopa a la COPE, alabaría la actuación de Abellán.
Por otra parte, que desde un medio perteneciente al grupo Vocento (con su emblemática y «respetuosa» Tele 5) se dispare contra la COPE invocando incluso la encíclica de Benedicto XVI, como se hacía en el editorial, me parece jugar con dos barajas. Es como quejarse de que los del edificio de al lado depositan la basura en los contenedores a deshoras, cuando los del nuestro se dedican a lanzarla desde las ventanas. No sé por qué, pero el editorial de ABC me recordó, salvando las distancias, a los tipos del tripartito cuando se quejaron al Vaticano de que la COPE se metía con ellos. O a esa patente de corso que disfrutan los que atacan a los católicos al amparo de «Yo puedo hacer todo lo que me dé la gana siempre que no se considere ilegal, pero al católico no le admito que se resbale un milímetro, ni que me niegue la otra mejilla cuando le abofeteo». Y más aún cuando, en realidad, las divergencias entre Jiménez Losantos y Zarzalejos estriban en la diferente estrategia que cada uno considera más adecuada para que el PP consiga regresar al poder, estrategia que cifran en el mayor o menor protagonismo de la línea Zaplana-Aceves frente a la de Piqué-Gallardón, y en si vale la pena seguir tensando la cuerda de las investigaciones sobre el 11-M. (Es curioso que la bronca no se centre, como pudiera parecer al estar la COPE por medio, en el abandono de la defensa de cuestiones morales que ha hecho el Partido Popular, sino en la línea de oposición más idónea que debiera realizar este partido para aglutinar el mayor número de votos frente al PSOE).
Está claro que en la España zetaperina, los católicos que intentamos ser coherentes con nuestra fe tenemos problemas, incluidos los obispos, y más que tendremos (más problemas, no más obispos). Pero no creo que los mayores problemas de éstos procedan de los desafortunados tonos y opiniones de algunos colaboradores de su cadena. Es más, si atendemos a criterios meramente pastorales, como son el número de vocaciones que generan sus diócesis o el grado de práctica religiosa de sus fieles, quienes padecen los mayores problemas son precisamente algunos obispos con poca vinculación a la COPE.
Pese a sus errores, que los tiene y que adquieren un carácter más notable como consecuencia de que el ideario de la cadena episcopal es más exigente que el del resto de medios (es más notorio un grano en la cara de una guapa que en la de una fea, con perdón de las feministas), la COPE es uno de los pocos altavoces que defiende, en términos generales, una única nación española fundamentada en principios y valores cristianos frente al relativismo moral y el separatismo nacionalista. Y esta defensa coloca automáticamente a la COPE en un objetivo a batir por la poderosísima progresía mediática, que apoya sin fisuras la nefasta política de desintegración nacional del solemne ZP.
No hay duda de que el objetivo último del lobby progresista, e incluso del no tan progresista pero que sólo admite el liberalismo como inspiración de su ética social, sería domesticar a la COPE transformándola en un boletín parroquial limitado a predicar las bondades de la hermandad planetaria y a anunciarnos los horarios de procesiones religiosas. Y esto ABC no lo puede ignorar; como tampoco puede ser ajeno a que si los enemigos de la COPE lograran castrarla, acallarla y reducirla, el propio ABC se vería también debilitado. Con el fuego cruzado entre COPE y ABC, mientras los de enfrente se frotan las manos, quienes salimos perdiendo y tenemos un problema, somos los que sin compartir necesariamente todo lo que escuchamos o leemos en ambos medios, aún creemos que otra España, tan diferente a la actual, es posible.
approval payday loan