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Época II - Año XIV
Edición Nº 4189
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  Firmas Invitadas - Edición Nº 222
Semana del 6/2/2006
Los ojos de Pepiño
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Óscar Molina
F ÍJENSE, jamás hubiera dicho yo que los ojos de Pepiño Blanco fuesen algo espectacular. Me hubiese atrevido a afirmar que uno podía irse de este mundo sin mirar a Pepiño a los ojos con absoluta tranquilidad. Estaba profundamente equivocado.

La grandeza de los ojos de Pepiño no está en su belleza, y sólo alguien tan superficial como yo podía mirarlos bajo ese ignorante prisma. Los ojos de Pepiño son dos poderosas herramientas que, puestas a la labor, amansan fieras, convencen a asesinos de su improcedente actitud y son, por sí solos, capaces de la hercúlea tarea de proporcionar el camino de la Paz para toda una nación. Es por ello por lo que Pepiño nos ha dicho que si los socialistas van a reunirse con Batasuna, no es para hacer concesión política alguna, sino para “mirarles a los ojos”. Estamos salvados.

Es prácticamente seguro que a esas reuniones Patxi López lleve a Pepiño del brazo, y sea capaz de persuadir a los lobos para que se conviertan en ovejas, ¿qué digo yo ovejas? ¡Palomas! Amantes de la Paz y honorables padres de familia que ante la visión de esos dos prodigios naturales decidan levantarse todos los días a las seis de la mañana a ganarse el sustento. Enfrentados a los ojos de Pepiño los terroristas ya no sentirán el fastidio del despertador como antes, cuando los horarios de sus víctimas les obligaban a dormir tan sólo media mona.

Y es que Pepiño, adelantado a su tiempo y tocado por un don que hizo innecesaria la más modesta ilustración, era el arma secreta. ZP no podía decirnos toda la verdad, era mandatario mentirnos, era obligado contarnos que nunca hablaría con quien no condenara previamente los asesinatos, secuestros y extorsiones. Era menester convencernos de que jamás daría un solo paso sin un abandono efectivo de la voluntad de matar. Si nuestro Apóstol del Talante hubiese desvelado de primeras su intención de poner a los asesinos ante los ojos de Pepiño, posiblemente nunca se hubiese iniciado este providencial “Proceso de Paz”, nunca los etarras hubiesen consentido sentarse en la misma mesa que “Los Luceros Galaicos”, sabedores de que esos dos poderosos generadores de energía positiva acabarían de un suspiro con sus oscuras intenciones. De la misma forma que derriten un helado, igual que delatan “corrutos” que nadie más ha podido encontrar, de la misma manera en que han sido capaces de recuperar, en tan solo cuatro años, el litoral gallego anegado por la marea negra del “Prestige” cuando las terribles previsiones de Luis Tosar y demás cuadrilla nos hablaban de setenta…con esa misma suficiencia, los ojos de “Pepiño” pondrán a ETA a los pies del Estado de Derecho, e iluminarán una nueva época de Paz, Talante, Bajos Tipos de Interés, y Mundiales de Fútbol conquistados para una sociedad que tardó demasiado en usar los suyos y anduvo como loca detrás de un bigote malhadado.

Y es que cuando uno sabe todo esto, mira a los ojos de Pepiño de otra forma. Se da cuenta de que como dijo Machado “El ojo que tu ves no es ojo por que tú lo veas, es ojo porque te ve”, y en el caso de Pepiño va más allá, porque en los ojos de Pepiño todo es potencia, los ojos de Pepiño no son ojos por que los veas, son ojos porque te seducen, son ojos porque acaban con tu resistencia. Lo mismo te arrebatan con la fijeza de su expresión, que te ponen a sus pies con una singular caída. Los ojos de Pepiño son fascinantes, y cuando uno, ya libre de prejuicios, los mira con detenimiento descubre una sinfonía de colores que nos delata la riqueza interior de su dueño, una agilidad en los movimientos que deja clara la aguda y original inteligencia de su poseedor, una extraña profundidad en la que nos perderíamos como en un laberinto embriagador sólo parejo a su exquisita dicción y su perfil grecorromano, una belleza desacostumbrada que embelesa con la fuerza de una corriente y termina en catarata de pasión incontrolable. Los ojos son el espejo del alma, pero en el caso de Pepiño son el alma misma, elevada a la contemplación de quienes, dichosos, pueden percibirla en esas dos piedras preciosas. Se cuenta incluso en los mentideros de Hollywood que Michael Moore prepara una película sobre nuestro ejemplar Proceso de Paz, titulada “Pepiño´s Eyes”.

No puedo resistirme, y a pesar de ser acusado de plagiario, remedar aquel famoso poema sobre Granada:

“Dale limosna niño,
Que no hay en la vida nada,
Como la pena atormentada
De ser ciego ante Pepiño”.

¡A por ellos Pepiño, míralos!
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