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L día 21 del mes en curso una vez más la Constitución será conculcada, el tribunal Supremo burlado y el presidente de gobierno cómplice por acción y omisión de la situación caótica en que se encuentra nuestra joven democracia. Ya no podemos llamarla así, puesto que el cumplimiento de las leyes, que afecta a todos y cada uno de los ciudadanos, no sólo se bordea sino que se pisotea con total descaro e impunidad.
Me pregunto si el fiscal general del Estado está al servicio de Rodríguez Zapatero o al de la ley; si el poder judicial está sometido al ejecutivo y el legislativo se ha trocado en un ente que existe para que los representantes de la ciudadanía cobren sus emolumentos y dietas sin que los contribuyentes podamos hacer otra cosa que recurrir al maestro armero.
Cuarenta y pico millones de españoles estamos ‘gobernados’ por más o menos trescientos mil, los que votaron a los secesionistas catalanes. Las amenazas de IRC de apear del sillón presidencial al presidente-marioneta, dan frutos podridos que parece ser nos van a hacer tragar, queramos o no, en nombre de una partitocracia injusta y antidemocrática.
Que un militar aluda al artículo octavo de la Constitución, puede ser contrario a las ordenanzas militares, pero personalmente creo que cuando un día sí y otro también se está jugando a la desmembración del Estado de Derecho me parece de mayor gravedad, diría que gravísimo, y nadie aplica ni la legislación ni medidas disciplinarias, según sea el caso.
Los etasunos campan a sus anchas apoyados por el visionario que tenemos al frente del gobierno de la todavía nación española. Las concesiones a la banda terrorista; que ETA sea convertida en víctima porque dice el obispo Uriarte que la aplicación estricta de la ley es un obstáculo para culminar “el proceso de paz” —que no es otra cosa que maquillar la ley de punto final a la argentina, obviando a las víctimas de la mafia criminal— debería hacer pensar a los socialistas disidentes (eso dicen en la intimidad) sobre el malhacer de su presidente y obrar en consecuencia, bien en el seno de su partido o mejor, rompiendo la disciplina de voto en el parlamento.
El nefasto proyecto de estatuto catalán es el precedente, en caso de aprobarse, para que también el plan Ibarretxe lo sea, siendo en verdad un trágala que pretende colarse (y lo ha logrado) para poner patas arriba la Constitución de 1978 y coadyuvar la imposición de un estado federal a espaldas y contra la voluntad de la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles.
Causaría hilaridad, si no fuera tan grave, que los socialistas vascos, con Patxi López al frente, suscriban el plan secesionista de Ibarretxe, siempre que se le cambie el nombre, y se admita que el país Vasco es una ‘comunidad nacional’: el plan López elaborado por Guevara, llamado plan txiki por ser una fotocopia del anterior.
En éstas estamos y a Rodríguez Zapatero y su clientela les parece una cuestión baladí reconocer en el preámbulo del estatuto catalán que Cataluña es una nación. Que se reprima el uso del español en la todavía comunidad autónoma, se coarte el derecho a la libre expresión cerrando emisoras y estableciendo que la lengua prioritaria debe ser el catalán.
En los carteles de etasuna aparece el anagrama de ETA, lo denuncia María San Gil, y los expertos en retorcer lo evidente arguyen que no es cierto, que se trata de la vara de Esculapio, que era el dios romano de la medicina. Señal inequívoca de que los malhechores se convierten en adalides de la salud, haciéndonos tragar la medicina de “la solución del conflicto” con tal pirueta burlesca.
Pero a pesar de ser el símbolo de la OMS, a pesar de lo que diga ZP —dejà vu— y su sediciosa corte, a pesar de que batasuna/etasuna es ETA y así lo dictaminaron los tribunales españoles y europeos; a pesar del desacato de Atutxa y la mesa del parlamento vasco pasándose por el arco de triunfo la sentencia firme del Tribunal Supremo; a pesar de las concesiones, pagos de tributos pactados en Perpignan, en Madrid durante cenas donde posiblemente se escancien elixires que anulan la voluntad de los llamados barones del pesoe. A pesar del mantra repetido hasta el colmo emulando a Goebbels, eso de que más de diez millones de españoles estamos solos, o lo que es lo mismo, que el principal y único partido de la oposición lo está… lo que no puede Rodríguez ni Pérez-Rovira, es tapar el sol con un dedo: la frase de Galileo Galilei —¡E pour si muove!— pesa sobre sus dislates.
Creo que el momento de exigir elecciones anticipadas ha llegado, es más, debía haberse exigido ya. Es lo único que puede terminar con el peligroso desmadre golpista de un gobierno que será legal, pero hace tiempo ilegítimo. Y la única carta que podemos jugar los ciudadanos. Esperar dos largos años para desfacer entuertos podría costarnos la libertad.