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Época II - Año XIV
Edición Nº 4189
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  Firmas Invitadas - Edición Nº 242
Semana del 18/10/2006
La vida con dignidad
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Félix Arbolí
C OMPRENDO que la vejez, el paso y peso de los años no es nada grato. Lo sé por experiencia. Es una continua añoranza de tiempos pasados que se sabe no volverán y se recuerdan con pesar. Lo bonito sería que la Naturaleza nos hiciera viejos, nos acercara al final de nuestros límites humanos, sin que ningún órgano de nuestra anatomía, ni ninguna de nuestras condiciones físicas y mentales disminuyera o desapareciera. (Las coloco en este orden porque es el que siguen habitualmente en su merma y desaparición). Desgraciadamente este deseo imposible no entra en los cálculos del Ser que nos creó y lanzó a la aventura de vivir.

Nos consolamos engañosamente con las “piadosas” compensaciones que nos quieren hacer “tragar” los que son ajenos al problema, al hablarnos de la sabiduría y experiencia acumulada, la formación de una familia, los logros conseguidos, que han quedado obsoletos y formando parte de ese pasado nostálgico que atormenta nuestra memoria, etc, etc. Conceptos que en lugar de minimizar nuestro complejo y añoranza lo aumenta al comprobar que tanta “riqueza” acumulada, según dicen los que no viven ese problema, hace aún más difícil soportar nuestras limitaciones, la ausencia de ilusiones e inexistencia de un futuro por el que nadie se atreve a apostar a corto plazo.

Me enerva cuando leo en la prensa llamar anciano a un señor que tiene alrededor o poco más de setenta años. Una edad que año tras año es ampliamente superada en las estadísticas de mortandad. Los que puede tener el escritor que gana el Nobel o el autor de un best seller; los que tienen gran número de conferenciantes mimados por universidades y entidades y altamente cotizados; los que descubren esa vacuna o remedio que alivia alguno de los males que afligen a la Humanidad; Papas, jefes de Estado, ejecutivos y financieros con enormes responsabilidades a sus espaldas y en su mente, etc, etc. Una edad en la que aún se pueden ofrecer valiosos servicios y beneficios a la colectividad.

Pero, hay que reconocerlo, cada edad requiere su ambiente, su compostura y su modelo de convivencia. No se le puede exigir a un chaval de quince años que adopte la pose, manera de pensar y el comportamiento de un adulto. Sería considerado como una especie de bicho raro en su entorno y sus propios compañeros lo rechazarían como un sujeto “rancio” y “aguafiestas”. A la inversa, tampoco es normal y bien visto que un señor mayor (superados los sesenta y cinco años), se marcara la vida como una aventura alucinante y disparatada, sin el menor interés en dar ejemplo de cordura y moderación, de saber estar y hacer. Ambas maneras de enfocar la vida son erróneas, fuera de toda lógica y consideración.

Dicen que las canas hay que llevarlas con dignidad. Ahora con esto de los tintes, tan usados por algunos carcamales presumidos y los peluquines y postizos, es difícil llevar dignamente lo que muchos intentan ocultar celosamente, aunque el efecto logrado en la mayoría de los casos sea peor que el remedio pretendido. Algunas cabezas mondas y lirondas, que deberían brillar bajo los focos o los rayos del sol como bolas de billar, parecen mapas del tiempo, con dibujos, colores y mechas, como líneas isobáricas y nubes grises, blancas y negras, abarcando toda su superficie. Algunos, en un descuido del que no se han percatado, el tupé le tapa parte de la oreja y la raya recorre su meollo en una línea horizontal. Pero ellos caminan felices creyendo que han engañado al tiempo…que hace que les vio nacer.

No hay situación más ridícula y payasada más denigrante que un hombre o mujer incapaz de asumir su edad. Esos arreglos faciales a base de inyectar extrañas sustancias, que los transforman en seres de hinchados rostros inexpresivos y carentes de movimientos, con dificultades de hablar y darse a entender y más aún de admirar y envidiar. La inapropiada manera de vestir, sin tener la sinceridad y valentía de asomarse al espejo y comprobar que ese vestuario
y restantes complementos no están en consonancia con su edad y respetabilidad. Y ese desmadre, que se ha generalizado escandalosamente en nuestra sociedad, de buscar una pareja que le aporte juventud en sus momentos pasionales a cambio de la chequera. Tanto en ellas como en ellos. Algo vergonzoso que alimenta la burla y el cotilleo sarcástico de las tertulias en los medios de comunicación, como el chismorreo de vecindonas y marujonas en sus barrios y entornos.

Conozco a un señor, compañero en los tiempos escolares de mi esposa que, casado hace muchos años y gozando del respeto y la estima de sus vecinos y amigos, le ha dado por emular a Carlos Larrañaga en su obsesión por coleccionar mujeres. Pero todas jóvenes, algunas pueden parecer nietas, con la coincidencia de que son procedentes de los países de más allá del Atlántico. Y es tan absurdo, tan irresponsable o tan memo al querer refregar sus conquistas a todo el vecindario, que las pasea y alterna con ellas en los mismos lugares donde toda la vida ha ido con su mujer. Incluso ha llegado el caso de que su “ex “, aunque no se halle separado oficialmente y su nueva “pila energética”, con la que estaba haciendo manitas ese tenorio de pacotilla, han coincidido más de una vez en el mismo local.

Tras el turno de una cubanita, que trajo a su “mami” de la Habana, gracias a la ayuda generosa de Cupido, el asunto debió acabar y el regresó a calentarse con su antigua “manta sexagenaria”, donde a todos los asombrados presentes de la caradura de él y la idiotez se ella, dieron exageradas y tiernas lecciones de amorosa dedicación. Parecían auténticos tortolitos que acabaran de casarse. Lógicamente los comentarios que suscitaban iban cargados de ironías y risas disimuladas, no siendo ella la mejor librada por su demostrada falta de sensatez y orgullo personal.

Nuevamente, aparece el señor “ Huevón”, así le llamaban desde joven sus amigos y convecinos, por su apariencia de lentitud en decidir y obrar, con otra nueva “palomita”, esta vez, por el habla, parece argentina. Los mismos arrumacos, idénticos escenarios para mostrar su conquista y carantoñas de viejo enamorado que, vistas desde el exterior, resultan extremadamente ridículas y vergonzantes. Todas ellas dan la impresión de trabajar en los llamados “club”, donde por cierta cantidad las empleadas pueden salir, entrar o hacer lo que le venga en ganas, siempre que el dueño del local perciba su beneficio. Por lo visto, cuando se acaba el presupuesto de nuestro amigo, la paloma vuela al palomar en busca de nuevo maromo y él queda como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando. La mujer, harta de sus promesas incumplidas y aventuras continuadas, ha hecho oídos sordos a sus requiebros y llamadas y nuestro amante compulsivo ha de permanecer inactivo y sin salir, para que no adviertan su soledad, hasta que vuelva a cobrar y encuentre una nueva “gatita” que arrulle y ocupe su canoso tejado, con más entradas que el Bernabéu.

Días pasados volví a encontrármelo con una mestiza a lo brasileña. Era algo más joven aún que las anteriores. Pasó ante nuestra reunión, saludando con una amplia sonrisa de satisfacción, como queriéndonos hacer creer que las mujeres se lo rifaban. Ya son cinco o seis las que hemos podido calcularle desde que empezamos a llevarle la cuenta. Quince días de amoríos y mentirosas lisonjas y aires pasionales y otros tanto de encierro y soledad, en espera de la paga y una nueva y para él fascinante aventura. Se va a recorrer todo el continente americano, en su parte central y del sur a través de sus mujeres. ¡Pobre infeliz!.

Los ejemplos de este trueque amoroso por dinero son frecuentes en nuestra sociedad actual. Vivimos en los tiempos donde los valores éticos y morales, la esencia de la virtud en nuestro común quehacer, han quedado eclipsados por el engaño, la superficialidad y el más puro hedonismo. Nadie
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Edición 499 - De bien nacidos, es ser agradecido
Edición 498 - Cuando un barco se hunde se van con él muchos recuerdos
Edición 497 - ¿Reforma constitucional o el cuento de la buena pipa?
Edición 496 - Y llegaron desde todos los países para dar testimonio de su fe
Edición 495 - Todos ‘cantifleamos’ y en mayor medida los políticos
Edición 494 - Los perros siguen ladrando
Edición 493 - Otro 20 de Noviembre que pasará a nuestra Historia
Edición 492 - España, el paraíso de los inmigrantes
Edición 491 - Piernas contra cerebros
Edición 490 - Un nuevo candidato que cuando pudo no hizo nada
Edición 489 - El canario que quiso ser águila real
Edición 488 - El hombre de la ‘baraka’ y el Cid Campeador
Edición 487 - Decíamos ayer…
Edición 484 - Cuando la indignación, acaba indignando
Edición 483 - Desde Suresnes a la hecatombe por seis años de mal gobierno
Edición 482 - Calumnia, que algo queda
Edición 481 - Y E M A N J Á , la Virgen chipionera
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Edición 479 - Necesito tu voto en bien de todos
Edición 478 - Hablemos sin tapujos y claro de una vez
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Edición 332 - La vida no es un sueño, es una pesadilla
Edición 331 - Y ahora ¿qué?
Edición 330 - El periodismo que va contra la Iglesia
Edición 329 - La ‘fistra’ pecadora del idioma
Edición 328 - La violencia no es razón, ni el fútbol la panacea
Edición 327 - Más moral que el Alcoyano
Edición 326 - Ya no me quedan lágrimas
Edición 325 - Españoles equivocados y amnésicos
Edición 324 - Un fauno en mi laberinto
Edición 323 - Mayo, un mes importante en nuestras vidas
Edición 322 - A mi querida compañera Carmen Debén
Edición 321 - A veces la verdad duele…
Edición 320 - Misceláneas y astenias primaverales
Edición 319 - El sentimiento americano hacia su bandera
Edición 318 - El año del buitre negro
Edición 317 - ¿Ha dejado España de ser católica?
Edición 316 - Reflexiones sobre el oficio de escribir
Edición 315 - Consideraciones en torno a Rajoy
Edición 314 - Dudas y consideraciones ante el voto
Edición 313 - De regreso a ‘Vistazo’
Edición 311 - El poder y la grandeza del amor
Edición 310 - ¿Votar o darle el bote?
Edición 309 - Mis ángeles de la noche
Edición 308 - La miopía del gobernante
Edición 307 - La fe, el católico no practicante y el Psoe
Edición 306 - Pepiño pide explicaciones al Papa
Edición 305 - Unas manos prodigiosas
Edición 304 - Reflexiones después de la Navidad
Edición 303 - La Navidad que llegó en patera
Edición 302 - Cantidades de vértigo y sudores
Edición 301 - Maribel
Edición 300 - Locura colectiva y generación del Chupete
Edición 299 - El pasado no debe alterarse
Edición 298 - Bendita sea la madre que te parió
Edición 297 - La visita que no gustó a ‘Mohamed’
Edición 296 - Las nuevas barcas de Caronte
Edición 295 - Yo tenía un camarada. Ahora sólo tengo rencor
Edición 294 - ¡Ojo a la media luna, que presagia eclipse!
Edición 293 - La lenta muerte de un pueblo ilusionado
Edición 292 - La monarquía cuestionada
Edición 291 - Zapatero y sus milagros
Edición 290 - Pasión y patadas: la Historia
Edición 289 - La destrucción de un mito
Edición 288 - El milagro de la serpiente de
Edición 287 - El encuentro del águila y el c
Edición 286 - Paternidad frustrada
Edición 285 - España: un filón inagotable
Edición 284 - La casa de los extraños morad
Edición 283 - Cualquier tiempo pasado fue mejor
Edición 282 - Libertad de expresión o vertedero público
Edición 281 - El chiste, una ironía terapéutica
Edición 280 - Mis personajes inolvidables
Edición 279 - El proceso de una vida
Edición 278 - La máscara del cinismo
Edición 277 - La difícil asignatura de la Fe
Edición 276 - El rayo que no cesa
Edición 275 - La rebelión de las masas
Edición 274 - La política y sus extraños cambalaches
Edición 273 - El día cuadrado
Edición 272 - Soy poeta de versos escondidos.
Edición 271 - ¿Qué opina sobre nuestra juventud?
Edición 270 - La escalera interminable
Edición 269 - Monumentos y homenajes
Edición 268 - Juventud a la deriva, heredera de nuestros errores
Edición 267 - La muerte de Nerón y el incesto
Edición 266 - Tengo al Anticristo cerca de casa.
Edición 265 - Los demonios de la conciencia
Edición 264 - A Gallardón no le gusta ‘Platero’
Edición 263 - El poder y la seduccion de la mujer
Edición 262 - Prensa y periodistas: todos enfrentados
Edición 261 - La muerte de una ilusión
Edición 260 - La letanía del absurdo
Edición 259 - La pescadilla que se muerde la cola
Edición 258 - España ¿qué están haciendo contigo?
Edición 257 - Crónica de una noche invernal
Edición 256 - ¿Se ha encendido el polvorín?
Edición 255 - Muertes que se convierten en estandartes
Edición 253 - Un año viejo diferente
Edición 252 - ¿Dónde está la Navidad?
Edición 251 - Feliz Navidad
Edición 250 - ¿Desaparece El Rastro madrileño?
Edición 249 - El puente de los posteriores suspiros
Edición 248 - .
Edición 247 - ¿Qué celebramos, la Navidad o el Carnaval.?
Edición 246 - Reflexionando sin rencor
Edición 244 - Oración desesperada
Edición 243 - E l R e y d e todos los españoles
Edición 241 - Mi regreso a la realidad
Edición 240 - El tremendo poder de la mirada
Edición 239 - Las caras del silencio
Edición 238 - El silencio de la cobardía
Edición 237 - Los retales negros de mi vida
Edición 236 - LAS ESQUELAS MORTUORIAS
Edición 235 - Fraga Iribarne: mi personaje de la semana
Edición 234 - Balance de mis seis meses en estas páginas
Edición 233 - La desmemoria histórica
Edición 232 - Quiero confesar mis errores
Edición 230 - ¡En mi nombre, no!
Edición 229 - El dolor de una ausencia
Edición 228 - Dos historias diferentes con una conclusión común
Edición 227 - Antonio, el gitano, un hombre de Dios
Edición 226 - Madrid, el queso de gruyere
Edición 225 - El Papa visita España
Edición 224 - El gran mosaico del mundo, en peligrosa ebullición
Edición 223 - ¡Vivan las cadenas... ‘matrimoniales’!
Edición 222 - El genio que nos llegó de los Andes
Edición 221 - La invasión que no cesa y la estulticia española.
Edición 220 - El muñeco de chocolate y otras elucubraciones
Edición 219 - ¡ El amor, la mujer ideal y el dolor de los cuernos!
Edición 218 - Un día de playa y tumbona
Edición 217 - ¡Consejos para vivir mejor!
Edición 216 - La ilusionada llegada de un nuevo ser
Edición 215 - Regreso al pasado en un emocionado presente
Edición 214 - ¡Siento que quieras dejarnos, Cataluña!
Edición 213 - La hipocresia de una sociedad insensible
Edición 211 - El milagro de la Fe
Edición 210 - Por una sola vez y sin que sirva de precedente
Edición 209 - Un viaje al pasado
Edición 208 - Prohibido fumar
Edición 207 - Cuando un amigo se va… (LA MUERTE Y OTRAS DIVAGACIONES)
Edición 206 - Lola Flores: un triste aniversario
Edición 205 - ¿Dónde está Dios?
Edición 204 - La tercera edad
Firmas
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Abel Abascal
Alberto Acereda
Alfonso Berroya
Alfredo Amestoy
Álvaro Peña
Amilibia
Antonio Castro Villacañas
Antonio Martín Beaumont
Borja Álvarez
Carmen Planchuelo
Enrique de Aguinaga
Ernesto Ladrón de Guevara
Eulogio López
Félix Arbolí
Francisco Daunis
Gabriela Ardiles
Germán Lopezarias
Honorio Feito
Hugo Alberto de Pedro (Buenos Aires)
Ignacio San Miguel
Ismael Medina
Javier del Valle
Javier Neira
Jesús Ansebar
Jesús Pozo
Joan Pla
Joaquín Abad
José A. Baonza
José Luis Navas
José Manuel G. Torga
José Manuel G. Torga
José María Moncasi de Alvear
José Meléndez
Juan Pablo Mañueco
Juan Urrutia
Julen Urrutia
Luis Irazu
Manuel Salvador Morales
María del Mar García Aguiló
Marta Rivera de la Cruz
Matías J. Ros
Miguel Ángel García Brera
Miguel Ángel Loma
Miguel Martínez
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Pascual de Bustares
Ramón Sánchez
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