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O es mi costumbre, pero voy a empezar contando un chiste de los malos y de los antiguos:
Está una pareja en un coche, al borde de la carretera.
-Pepe, dame un beso.
-Nooo.
-Pepe, no seas así. Dame un beso.
-Que noooo
-Vaaaaaaaaa, Pepe... venga, dame un beso.
-¡He dicho que no!
-Hombre, Pepe, que todas las parejas se besan...
-¡Sí, pero no las de la Guardia Civil!
Bien, este tipo de chistes se ha acabado a partir de ahora: un agente de la Guardia Civil destinado en una casa cuartel de Mallorca ha solicitado a sus mandos militares, por primera vez en la historia del Cuerpo, poder vivir en el acuartelamiento junto a su compañero sentimental.
Antes se podían contar chistes de mariquitas, pero desde que ser gay está de moda, desde que los homosexuales copan las profesiones liberales, desde que algún partido político les hace guiños para que vayan en sus listas (sean listos o no, eso no importa, lo que cuenta es ser gay o lesbiana), no está bien visto hacer chanza de este colectivo que, a fuerza de salir del armario en tropel, está provocando que el resto entremos de cabeza.
Tampoco se pueden hacer chistes machistas, porque las mujeres ya no nos limitamos a poner cara de circunstancia, sino que tiramos de puño o atacamos directamente al tipo que lo cuenta preguntándole si la tiene pequeña.
En resumidas cuentas, sólo nos queda Lepe, que llevan muchos años siendo el blanco de los chistes más crueles sin decir ni pío.
La noticia del guardia civil no es broma. La ha escupido un teletipo de Europa Press. Al parecer, los responsables de la Benemérita todavía no se han pronunciado al respecto porque la petición del agente no se hará oficial hasta los próximos días. Pero vayan preparándose, porque nos esperan unos cuantos debates estúpidos en televisión, otras tantas tertulias radiofónicas, un porrón de editoriales y algún que otro abogado pegándose por pillar el caso para pillar planos televisivos. Quedan avisados.
Sigo con la noticia. El guardia civil y su novio están inscritos como pareja de hecho en el registro del Gobierno balear y el compañero reside en una localidad distinta a la del agente, por lo que ahora solicitan poder vivir bajo el mismo techo y en un cuartel. La posibilidad de que se conceda o no la autorización depende de la interpretación de los artículos 12 y 16 de la Orden General de la Dirección General de la Guardia Civil, que se firmó el 8 de agosto de 1994, que regula la utilización de los pabellones de la Benemérita.
El artículo 12 establece las prioridades para proceder a la adjudicación de plazas en los cuarteles, destacando entre ellas el personal que tenga cónyuge o familiares a su cargo. El artículo 16, por su lado, indica textualmente que “podrán habitar en el pabellón el adjudicatario, su cónyuge y los familiares de ambos hasta el segundo grado de parentesco Para el resto de las personas se requerirá autorización escrita del mando que tenga facultad para la adjudicación”. Añade que “a efectos del presente artículo, tendrá la consideración de cónyuge la persona unida al titular por una relación afectiva y estable, análoga a la del matrimonio. La apreciación de la estabilidad de tal unión compete en todo caso al mando inmediatamente superior con competencia en la adjudicación de pabellones del que dependa el mando que adjudique el pabellón”.
¿No me digan que no es para partirse?
A mí, ya lo he dicho muchas veces, me traen al pairo las orientaciones sexuales de cada cual, pero, entiéndanlo, si me decido a escribir sobre esto es porque, sencillamente, el tema me hace gracia, y porque supongo que, a estas alturas, Valdivielso está buscando al que redactó tales artículos sin especificar de forma muy explícita y clarita que el cónyuge tenía que ser mujer en el caso de que el guardia sea hombre, y hombre en caso de que la guardia sea mujer. Queda claro que, en los tiempos que corren, eso de cónyuge es muy ambiguo.
No es por fastidiarle las intenciones de convivencia al guardia civil de Baleares, pero voy a darle una idea a la Benemérita. Según el citado artículo 16, el Cuerpo puede agarrarse a eso de que el mando inmediatamente superior es el que decide si la estabilidad de la unión es estable. Es decir, que la cosa está fácil: consiste en que el sargento se vaya a vivir con el guardia civil y su novio un par de meses para averiguar si se quieren de verdad. Una de dos, o les da morada en la casa cuartel o montan un trío.
Insisto, y me preocupa mucho que quede claro, en que a mí me da igual que se amen miembros (con perdón) del mismo sexo y del mismo Cuerpo, pero no puedo dejar de reconocer que me ha arrancado la primera sonrisa de esta festividad de Todos los Santos.
Cuando Ana Botella aún no se ha recuperado de los distintos escarceos amorosos en los que se ven inmersos miembros del Gobierno de su marido, ahora le llega un golpe bajo desde la tradicional Benemérita. ¡País!
Y termino con otro chiste, más viejo y peor que el anterior:
-Oye, ¿a ti qué te parece que los curas se casen?
-Si se quieren...
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