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E nuevo saltan las alarmas. El PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero, de la mano del resucitado Felipe González, con sus palmeros crecidos, enfila la proa hacia el PNV, pero no con intención de cargar contra él, sino con la de ponerse a su vera.
Así lo cree también el portavoz de los nacionalistas en el Congreso de los diputados, Iñaki Anasagati, que observa “un cierto atisbo” de cambio en la actuación del PSOE en Madrid sobre el tema vasco, para “bajar el pistón” de las críticas a la propuesta “soberanista” del lendakari, Juan José Ibarretxe, y “no seguir a la rueda de ese planteamiento tan descalificador del PP”. Y lo agradece el nacionalista descubriendo sus cartas y dejando sobre la mesa, antes que nada, que la soberanía de Ibarretxe sólo sería posible llevarla adelante con un Gobierno central socialista de Zapatero, que para Anasagati tiene un discurso “más joven y matizado” frente al “bronco” de Aznar.
Pasqual Maragall, Odón Elorza, Manuel Chaves, Patxi López, Gemma Zabaleta, Ramón Jáuregui, Rodolfo Ares... propugnan en público cada vez más lo que durante los pasados meses --por el revuelo organizado tras el “apartamiento” con malas artes de la marcha política del PSOE vasco de Nicolás Redondo y el miedo a una desbandada en sus filas-- han defendido en privado, es decir, la necesidad de acercar su partido al PNV y alejarse del diagnóstico del PP sobre el País Vasco.
El propio Rodríguez Zapatero, esta misma semana, tras una conferencia en la Universidad Carlos III de Getafe, en Madrid, ha dejado de nuevo entreabierta la puerta a la posibilidad de acuerdos con los nacionalistas vascos. El líder socialista ha declarado que la armonía obliga a renuncias y que al igual que su partido renunció en 1978, en “aras a la convivencia”, a la forma de gobierno republicano, en el País Vasco, el punto de encuentro tiene que ser “la convivencia en libertad”. O sea, que a estas alturas, Zapatero, no parece tener aún clara la enorme distancia que hay entre concordar y claudicar. Y claro, así las cosas, podemos encontrarnos con que para el secretario general socialista convivir en libertad en el País Vasco es estar dispuesto, por ejemplo, a ir de la mano de Ibarretxe, primero, al referéndum de autodeterminación y, después, al Estado libre asociado de Euskadi, tal como le pide parte de sus correligionarios .
Y el rumbo de parte del PSOE, a tan sólo unos meses de las elecciones municipales y autonómicas, intranquiliza al socialista José Bono. El presidente de Castilla-La Mancha ha aprovechado tener sentados enfrente a su secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero, y al vicepresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en la entrega del Premio Internacional Abogados de Atocha, en Toledo, para recordar que “es inadmisible que los gobernantes vascos pretendan un debate sereno sobre su futuro cuando allí sólo están tranquilos, sin miedo a la muerte, los que aceptan, en todo o en parte, el principio de que España es la madrastra de quien deben separarse”. Y ha dicho aún más el barón socialista: “No podemos ser neutrales. Al contrario, se precisa la beligerancia”.
De todas las maneras, el habilidoso político manchego, por si acaso, de la debilidad hace enseguida virtud y ya ha hecho circular que la mejor manera para que Zapatero no acabe claudicando ante los que desean el pacto con el PNV, precisamente, es que Juan Carlos Rodríguez Ibarra, en Extremadura, Francisco Vázquez, en La Coruña y él mismo, en Castilla-La Mancha sigan teniendo el apoyo de sus votantes. Sus mayorías absolutas –dice—se bastan para frenar las ansias en el PSOE de los “elorzas” y “maragalles” de turno.
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